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Paradisiaca y casi inaccesible: la cala más bella y salvaje de Tenerife a la que no todo el mundo puede llegar

Es un arco de arena fina volcánica que ronda los 400 metros de longitud, encajado entre acantilados y roques que lo aíslan del resto del litoral

Una pareja en busca de Antequera

Una pareja en busca de Antequera / IA

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Santa Cruz de Tenerife

En Tenerife, la orografía marca el carácter de la isla: montañas abruptas que se precipitan al mar, barrancos profundos que se abren paso hasta la costa y acantilados volcánicos que parecen tallados a golpe de fuego y océano.

Esta formación singular ha dado forma a un litoral lleno de contrastes, donde conviven playas urbanas de fácil acceso con calas salvajes y escondidas que solo se revelan a quienes se atreven a caminar largas horas por senderos escarpados o a quienes llegan por mar.

Son lugares casi intactos, donde la arena oscura se mezcla con la roca volcánica y el Atlántico muestra su cara más pura y transparente, recordando que la isla guarda aún rincones secretos lejos del turismo masivo.

Antequera, un paradisíaco olvido

Antequera, un paradisíaco olvido / Humberto Gonar

En Anaga

En el noreste de la isla, a un paso (en línea recta) de Las Teresitas, pero en otro mundo, la Playa de Antequera es ese arenal que aún se gana a pie o por mar.

Está encajada en el Parque Rural de Anaga, dentro de la Reserva de la Biosfera de la UNESCO, y conserva el aire de “lugar fuera del tiempo”: sin carretera, sin chiringuitos, sin socorrista… y con una transparencia de agua que explica su leyenda entre senderistas y patrones locales.

Antequera se abre en la vertiente meridional del macizo de Anaga, en el término de Santa Cruz de Tenerife, muy cerca del caserío de Igueste de San Andrés.

. | maría pisaca

. | maría pisaca / Humberto Gonar

Es un arco de arena fina volcánica que ronda los 400 metros de longitud, encajado entre acantilados y roques que lo aíslan del resto del litoral.

No hay acceso por carretera, se llega caminando por senderos de montaña o en embarcación desde Santa Cruz o San Andrés.

Auge y olvido

Esta cala simboliza un destino soñado para muchos vecinos de Santa Cruz, pues su localización ha complicado siempre el acceso y son muchos los que, aun queriéndolo, nunca han pisado su orilla.

Durante los años ochenta, las excursiones organizadas en barco popularizaron este rincón aislado, pero con el paso del tiempo eso se perdió y la playa quedó reservada a embarcaciones privadas o a los caminantes capaces de afrontar el exigente sendero de más de tres horas.

El patrón Lucio Pasqua pone en valor cada lugar de la costa entre San Andrés y Antequera. Abajo, los  | | MARÍA PISACA

El patrón Lucio Pasqua pone en valor cada lugar de la costa entre San Andrés y Antequera. Abajo, los | | MARÍA PISACA / Humberto Gonar

En 2013, una empresa creó un servicio de watertaxi, que permite llegar en unos veinte minutos desde San Andrés. En la travesía, el paisaje revela playas de arena negra como Las Gaviotas, cuevas ligadas a leyendas de piratas y enclaves históricos como el Semáforo de Igueste.

Hoy, unos pocos visitantes (apenas unas decenas en sus mejores días) disfrutan cada día de su arena volcánica.

Quedan restos del antiguo embarcadero y de un curioso restaurante que en los ochenta cocinaba paellas en pleno auge del arenal, junto a un acceso difícil que obliga a cierto esfuerzo físico.

Esa precariedad convive con el privilegio: un paraje casi intacto donde la belleza natural compensa la falta de comodidades, y donde la conservación depende de la responsabilidad de quienes llegan hasta este rincón idílico y olvidado de Tenerife.

Cómo llegar (y cuándo ir)

  • Por mar. Es la opción más sencilla: salidas regulares en barco-taxi/excursiones desde San Andrés o Santa Cruz, con desembarco en el pequeño embarcadero de la playa.
  • A pie. Dos clásicos: desde Igueste de San Andrés o desde Chamorga (tramos del PR-TF-5). Son rutas exigentes, con desnivel, terreno irregular y orientación clave. Muchas personas van caminando y regresan en barco.
  • Marea y seguridad. La pleamar puede cubrir gran parte de la franja de arena. Lo ideal es planificar con bajamar y mar en calma. Recuerda: la playa no está vigilada y no tiene servicios. Consulta siempre avisos municipales antes de salir.

La estampa desde el mar, con los acantilados de Anaga como telón, justifica por sí sola la travesía.

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