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El cordón umbilical eléctrico que une Tenerife y La Gomera

Imagen de la infraestructura de la subestación de Chío, en el municipio sureño de Tenerife.

Imagen de la infraestructura de la subestación de Chío, en el municipio sureño de Tenerife. / ALEJANDRO QUEVEDO

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Canarias ha dado un paso histórico en la modernización de su sistema eléctrico con la culminación de la interconexión submarina entre Tenerife y La Gomera, una infraestructura estratégica desarrollada por Red Eléctrica que, desde julio, permite que ambas islas funcionen como un único subsistema energético. La puesta en servicio de este enlace convierte al archipiélago en un territorio más resiliente, sostenible y preparado para afrontar los retos de la transición energética.

La nueva infraestructura, considerada una de las actuaciones más relevantes ejecutadas en los últimos años en la red de transporte eléctrico de Canarias, conecta las subestaciones de Chío, en el municipio tinerfeño de Guía de Isora, y El Palmar, en San Sebastián de La Gomera, mediante un doble circuito eléctrico subterráneo-submarino de 66 kilovoltios y cerca de 36 kilómetros de longitud. Gracias a esta conexión, la energía puede circular en ambos sentidos, permitiendo que los dos sistemas eléctricos trabajen de forma coordinada y se apoyen mutuamente ante cualquier incidencia o necesidad operativa.

Con esta actuación, Tenerife y La Gomera se suman a Lanzarote y Fuerteventura, que ya disponen desde hace años de una interconexión eléctrica submarina, consolidando un modelo de cooperación energética entre islas que incrementa la seguridad del suministro y mejora la eficiencia del sistema eléctrico canario.

La puesta en servicio del enlace culmina un proyecto estratégico incluido en la planificación estatal de la red de transporte de electricidad y financiable a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con fondos europeos NextGenerationEU. La actuación ha supuesto una inversión de 177,5 millones de euros y comprende no solo el tendido del cable submarino, sino también la construcción de dos nuevas subestaciones de 66 kV, una en Chío y otra en El Palmar, concebidas específicamente para gestionar esta nueva autopista energética entre ambas islas.

La interconexión representa un cambio de paradigma para La Gomera, que hasta ahora operaba como un sistema aislado. A partir de este momento, la isla dispone de una mayor capacidad para desarrollar e integrar generación renovable, pudiendo alcanzar un volumen de producción limpia superior incluso a su demanda eléctrica. El excedente podrá ser exportado hacia Tenerife, favoreciendo un uso más eficiente de la energía generada y reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles en ambas islas.

Esta capacidad de intercambio energético permitirá optimizar la gestión del sistema eléctrico, incrementar la penetración de fuentes renovables y avanzar en la descarbonización del archipiélago, contribuyendo además a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Paralelamente, la nueva subestación de Chío refuerza la red de transporte en la vertiente occidental de Tenerife, mejorando la calidad y garantía del suministro para una zona con creciente demanda energética.

Desafío tecnológico

La ejecución del proyecto ha supuesto también un importante desafío desde el punto de vista tecnológico. El tramo submarino discurre a una profundidad máxima de 1.145 metros, convirtiéndose en el enlace submarino tripolar en corriente alterna a 66 kilovoltios más profundo del mundo. Este hito de la ingeniería ha obligado a diseñar un cable específicamente adaptado a las extraordinarias condiciones del fondo marino, utilizando materiales ligeros y altamente resistentes capaces de soportar las elevadas presiones y exigencias mecánicas derivadas de la instalación.

La singularidad geológica del canal que separa Tenerife y La Gomera también condicionó la ejecución de la obra. Los fondos volcánicos y la necesidad de preservar uno de los entornos marinos de mayor valor ambiental del archipiélago obligaron a adoptar soluciones constructivas de máxima precisión. Para evitar cualquier afección sobre los ecosistemas costeros, Red Eléctrica recurrió a la técnica de perforación horizontal dirigida, mediante la cual el cable se introduce en el mar a través de un microtúnel cuya salida se sitúa a varios cientos de metros de la costa. Este sistema elimina prácticamente cualquier impacto sobre la biodiversidad de las aguas someras y reduce al mínimo la alteración del litoral.

El criterio de integración ambiental también ha marcado el diseño de las dos nuevas subestaciones. Tanto Chío como El Palmar incorporan tecnología GIS (Gas Insulated Switchgear), que permite albergar los equipos eléctricos en el interior de edificios compactos, reduciendo significativamente la ocupación del suelo y el impacto visual respecto a las subestaciones convencionales.

La instalación de Chío, además de convertirse en uno de los nodos estratégicos del sistema eléctrico tinerfeño, ha sido concebida para integrarse en el paisaje agrícola de la comarca. Su arquitectura reproduce en la fachada la imagen de los bancales tradicionales y adopta tonalidades inspiradas en el origen volcánico de las islas, mimetizándose con los invernaderos y el entorno agrícola existente. Su configuración, el elevado número de posiciones eléctricas y los equipos de maniobra que incorpora la convierten en una infraestructura clave para operar con seguridad la nueva interconexión submarina.

Por su parte, la subestación de El Palmar constituye la primera infraestructura de Red Eléctrica en La Gomera y el punto desde el que la energía comienza y finaliza su recorrido bajo el Atlántico. Diseñada igualmente bajo criterios de sostenibilidad e integración paisajística, representa la puerta de entrada de la isla a un sistema eléctrico más robusto, flexible y preparado para el futuro.

Sistema coordinado

Con la entrada en servicio de esta interconexión, Tenerife y La Gomera quedan unidas por un auténtico «cordón umbilical» energético que trasciende la ingeniería para convertirse en una infraestructura estratégica para el desarrollo económico, social y ambiental de Canarias. Lo que durante décadas fue una aspiración del sistema eléctrico insular es hoy una realidad que modifica la forma en que ambas islas producen, consumen y gestionan la energía, al permitir que funcionen como un sistema coordinado, más sólido y mucho menos vulnerable ante incidencias.

Bajo las aguas que separan Tenerife y La Gomera discurre ahora una infraestructura invisible para la ciudadanía, pero con un enorme impacto en el presente y, sobre todo, en el futuro del archipiélago. Este enlace no solo incrementa la seguridad y la calidad del suministro eléctrico, sino que abre la puerta a una integración mucho mayor de las energías renovables, facilita el aprovechamiento de los excedentes de generación limpia y reduce progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles que históricamente han condicionado la producción eléctrica en las islas.

La interconexión también supone una garantía para acompañar el crecimiento económico de ambos territorios, ofreciendo una red más robusta para atender la demanda de hogares, empresas, servicios públicos y sectores estratégicos como el turismo. Al mismo tiempo, dota al sistema eléctrico de una mayor capacidad para afrontar los desafíos derivados de la electrificación de la movilidad, el autoconsumo, el almacenamiento energético o la futura incorporación de nuevas instalaciones renovables.

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