Medio Natural
Tenerife cambia el modelo: las nuevas torres tecnológicas contraincendios detectan fuegos con precisión milimétrica
Los Topos estrena un sistema de prevención de incendios forestales que pasa de atalayas aisladas a una red inteligente que nunca deja de observar el monte con cámaras térmicas, inteligencia artificial y sensores meteorológicos para detectar antes los conatos y enviar imágenes en tiempo real al Cecopin

Torre de Los Topos, en Vilaflor, la primera en estrenar el nuevo sistema de cámaras y sensores / Arturo Jiménez
Una cámara gira de forma continua sobre una torre de 25 metros en Los Topos, en Vilaflor. Durante las 24 horas busca columnas de humo, focos de calor o cualquier anomalía térmica que pueda anunciar el comienzo de un incendio forestal. Si detecta algo sospechoso, genera una prealerta y envía la información al Centro de Coordinación Operativa Insular, el Cecopin, donde los técnicos pueden orientar el dispositivo, ampliar la imagen y comprobar en tiempo real qué está ocurriendo.
La instalación representa el primer paso de un cambio tecnológico en la vigilancia forestal de Tenerife. El Cabildo ha convertido Los Topos en el primer nodo inteligente de una futura red insular que combinará cámaras visibles y térmicas, inteligencia artificial, sensores meteorológicos, autonomía energética y diferentes vías de comunicación.
No se trata, sin embargo, de reemplazar a las personas. El jefe del Servicio Técnico del Área Insular de Innovación, David Pérez, insiste en que el objetivo es complementar un modelo de vigilancia que ha funcionado durante décadas y proporcionar mejores herramientas a quienes deben tomar decisiones ante una emergencia.
“Hasta ahora, la vigilancia forestal se apoyaba fundamentalmente en la observación humana”, explica. Cuando un ciudadano alertaba al 112 de una columna de humo, la información llegaba al Cecopin y era necesario localizar al personal de guardia. En algunos casos, los trabajadores debían desplazarse desde una casa forestal hasta la torre, subir con prismáticos, verificar el incendio y buscar después una zona con cobertura para confirmar la situación.
El nuevo sistema acorta ese recorrido. Ante una llamada, un técnico podrá conectarse directamente a la cámara más próxima, dirigirla hacia las coordenadas indicadas y observar la zona desde el Cecopin. También será posible que la propia instalación detecte el humo o el foco de calor y active una alerta automática.
“La tecnología no sustituye a la persona; le proporciona información más rápida para que pueda decidir y actuar”, resume Pérez. Ese margen puede resultar fundamental en una Isla donde la mayoría de las intervenciones están relacionadas con conatos que son contenidos antes de transformarse en grandes incendios.
Imagen visible y calor
El principal elemento de las torres es una cámara de largo alcance con dos sistemas de observación. Uno ofrece imagen visible en alta definición y permite girar, enfocar y ampliar una zona concreta. El segundo utiliza tecnología térmica de alta sensibilidad para identificar focos de calor y alteraciones anómalas incluso cuando el humo todavía no resulta claramente visible.
La cámara realiza movimientos constantes de vigilancia y emplea analítica basada en inteligencia artificial para distinguir posibles incendios de otras señales. El sistema deberá entrenarse progresivamente para reducir los falsos positivos provocados, por ejemplo, por polvo, nubes o emisiones que no procedan de un fuego forestal.

Imagen captada desde la torre por la cámara térmica / E.D.
La diferencia respecto al modelo tradicional también está en el horario. Las guardias humanas no cubrían permanentemente las torres, mientras que los sensores pueden mantener la observación durante todo el día y toda la noche.
La aspiración del Cabildo es que, una vez completado el despliegue, la red permita vigilar alrededor del 90% del territorio insular. Los Topos es la primera instalación terminada. En estos momentos se trabaja simultáneamente en Arguazo, en Güímar; El Gaitero, en La Victoria de Acentejo, y San Juan, en San Juan de la Rambla. La previsión es que las tres estén listas para la campaña contra incendios de 2027.
Los proyectos para las siguientes actuaciones ya están redactados, aunque su ejecución dependerá de la disponibilidad presupuestaria.La antigua torre de Bolico, en Buenavista del Norte, fue retirada para dar paso al nuevo radar meteorológico de Cruz de Gala, ya construido en ese emplazamiento, a unos 1.300 metros de altitud. El Cabildo estudia aprovechar esa infraestructura para instalar también equipamiento de vigilancia forestal.
El factor humano
Ocho personas cumplen actualmente las funciones de controlador forestal en el servicio de vigilancia, alerta, coordinación, etcétera en los montes de Tenerife. Las brigadas suelen contactar primero con la torre para comunicar entrenamientos, prácticas, movilizaciones o cualquier incidencia. Toda esa información se resume y se transmite al Cecopin. La relación entre vigilantes y medios es muy cercana, fruto de muchos años de trabajo conjunto.
Aunque siempre se habló de un sistema mixto (vigilantes y cámaras), pero existe cierta preocupación porque finalmente se sustituya al personal y porque el sistema aún no está completamente probado ni implantado.
Más allá de detectar incendios, los profesionales consideran que el verdadero valor de las torres está en la coordinación diaria y el contacto directo y cercano con los medios, una labor desarrollada durante más de cuarenta años y difícil de sustituir.
Torres nuevas y estructuras adaptadas
El proyecto no contempla derribar indiscriminadamente todas las torres existentes. La solución dependerá del estado de cada estructura. En Los Topos fue necesario desmontar la antigua instalación del Icona porque presentaba problemas de seguridad y ya no reunía las condiciones adecuadas para que subiera el personal.
La nueva torre fue fabricada por módulos y ensamblada en Tenerife sobre una cimentación específica. Alcanza los 25 metros —diez más que la anterior— y está calculada para soportar vientos de hasta 200 kilómetros por hora. El diseño pretende garantizar que continúe en pie y operativa incluso ante fenómenos meteorológicos de especial intensidad.
En otros casos se conservará la estructura existente. La torre de El Gaitero, por ejemplo, se encuentra en buen estado, por lo que se adaptará a la nueva función tecnológica. El habitáculo superior utilizado para la vigilancia humana dejará paso a los equipos automáticos y a los sistemas de comunicaciones.
Cada torre incorporará además una estación meteorológica homologada que medirá variables ambientales relevantes para la prevención y la gestión de un incendio. La densificación de estos puntos permitirá disponer de datos más precisos sobre las condiciones existentes en cada zona y alimentar los modelos empleados por los responsables forestales.
Siempre conectadas
Para que la información llegue al Cecopin incluso durante una emergencia, las instalaciones contarán con comunicaciones redundantes. Los Topos dispone de fibra óptica protegida y de un radioenlace de respaldo. Si una de las vías falla, la otra mantiene la transmisión de imágenes y datos.
La misma filosofía se aplica a la energía. Las torres tendrán placas fotovoltaicas y baterías con capacidad para mantener los equipos funcionando durante 48 horas. Si la producción solar disminuye por la calima u otra circunstancia y las baterías alcanzan un nivel mínimo, entrará en funcionamiento un grupo electrógeno de respaldo.
Los equipos estarán protegidos también por medidas de seguridad destinadas a evitar actos vandálicos. El Cabildo considera esencial preservar una infraestructura costosa y crítica, especialmente en momentos de riesgo elevado.
Detectar antes no siempre significa apagar
David Pérez advierte, no obstante, de que ninguna cámara, satélite o sistema de inteligencia artificial puede impedir que alguien prenda fuego al monte. La tecnología tampoco garantiza la extinción cuando coinciden temperaturas muy altas, vientos intensos y una humedad extremadamente baja.
El Cabildo adapta tres nuevas instalaciones en Arguazo, El Gaitero y San Juan con la previsión de incorporarlas a la campaña de 2027. La tecnología complementará la labor humana, pero no evitará que un fuego se propague cuando concurran condiciones meteorológicas extremas.
“Lo que sí podemos hacer es reducir el tiempo necesario para detectar el incendio”, explica. Localizar un conato en sus primeros minutos aumenta las posibilidades de que los equipos lo controlen, pero en circunstancias meteorológicas extremas el fuego puede adquirir una velocidad y una intensidad que superen cualquier capacidad inmediata de respuesta.
El sistema debe entenderse, por tanto, como una herramienta para ganar tiempo, mejorar la información disponible y utilizar con mayor precisión los medios de extinción.
Un puzle tecnológico
La red de torres forma parte del Sistema Inteligente de Gestión de Emergencias del Cabildo, concebido como un gran puzle en el que diferentes proyectos aportan capacidades complementarias.
Una de las piezas observa el territorio mediante sensores distribuidos. Otra permite simular por ordenador la evolución de un incendio para anticipar hacia dónde puede avanzar y ayudar a organizar la extinción o una eventual evacuación. Las torres se encargarán de la detección temprana, mientras que la futura constelación canaria de satélites aportará información desde el espacio.
A partir de 2028, el Cabildo prevé incorporar datos periódicos sobre la masa de combustible vegetal, la humedad del territorio y las zonas con mayor potencial de riesgo. También se trabaja en cámaras embarcadas en aviones y helicópteros para observar el incendio desde el aire, delimitar su perímetro y dirigir mejor los recursos.
También se trabaja en cámaras embarcadas en aviones y helicópteros, con tecnología de infrarrojo de onda corta, para detectar puntos calientes incluso en presencia de humo, delimitar el perímetro del incendio y dirigir mejor los recursos de extinción.
Los Topos es, por ahora, la primera pieza visible de esa red. Desde Vilaflor, su cámara continuará girando día y noche. No impedirá que se origine el próximo incendio, pero puede conseguir que, cuando aparezca la primera columna de humo, los responsables de combatirla ya estén mirando hacia ella.
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