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Alta montaña

Altavista, el refugio del Teide, inaugura su nueva cara más saludable, luminosa y sostenible

La reforma integral del inmueble incorpora un nuevo sistema de ventilación cruzada y extracción para evitar la acumulación de dióxido de carbono

Inauguración del refugio de Altavista, en el Teide

Andrés Gutiérrez

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Aire fresco para el refugio de Altavista, en el Parque Nacional del Teide. El Cabildo de Tenerife inaugura el albergue de montaña más alto de España tras una reforma integral, que incluye un nuevo sistema de ventilación cruzada y extracción de aire para evitar que los visitantes sufran el mal de altura.

Esta novedad, una de las más llamativas de la completa reforma, permite renovar de forma continua el interior y evita la acumulación de dióxido de carbono que provocaba malestar entre los usuarios, sobre todo cuando el inmueble tenía una alta ocupación. No eliminará el mal de altura en su totalidad, pero sí que mejorará el bienestar de los huéspedes que en algunas ocasiones confundían su malestar con este síndrome montañero debido a las condiciones herméticas del edificio.

Después de seis años cerrado, el refugio más alto de España -3.260 metros- renace convertido en un espacio más saludable, luminoso y diáfano. Al sistema de ventilación cruzada se le une la integración de una enfermería totalmente nueva con todos los elementos necesarios en caso de emergencia. Ahora, la luz entra por las ventanas -ya no tienen rejas- y el espacio es el protagonista. La eliminación de varias paredes proporciona una gran estancia principal, compartida entre recibidor y habitación, muy luminosa y amplia.

También hay una segunda planta, a la que se accede por dos escaleras, con una decena de camas. Las plazas se reducen -49 personas- para "mejorar la calidad de la estancia" y se incorporan cortinas en las camas para ganar privacidad, con un puerto USB en cada una de ellas. Los baños están ubicados en el lado opuesto en el que estaban. Para llegar hasta el servicio hay que pasar previamente por el comedor, que sigue en el lugar de siempre. Las cuadras, ubicadas en un lateral del edificio principal, se transforman en una habitación más con dos aseos. El único vestigio de la antigua infraestructura es la chimenea.

Además, la sostenibilidad ocupa un lugar importante en el funcionamiento del renacido refugio de Altavista. Placas solares, red de saneamiento, depuración y aislamiento térmico son algunas de las características de un nuevo modelo de alojamiento en la alta montaña.

A partir del próximo lunes el refugio entrará en funcionamiento, aseguraron Rosa Dávila, presidenta del Cabildo de Tenerife, y Blanca Pérez, la consejera de Medio Natural. Hay una plantilla de siete guardas -una de ellos cubre vacaciones- que trabajan por parejas en turnos de cuatro noches seguidas. Por ejemplo, entran el lunes a las 9:00 horas y salen el viernes siguiente a la misma hora.

El inmueble estará abierto 24 horas por si algún senderista o montañero quisiera hacer uso de sus instalaciones aunque no se aloje. Las únicas noches del año que no abrirá serán el 24 y 31 de diciembre. El precio para disfrutar de esta auténtica 'puerta al cielo' es de 29 euros por noche para los tinerfeños, 71 euros para los no residentes en la Isla y de 56,8 euros para los montañeros federados que no residan en Tenerife.

Más de 20 años

Los nuevos guardas tienen una misión importante a partir de ahora: hacer que el refugio funcione. Esa es la principal inquietud de la persona que estuvo durante más de 20 años a cargo de la instalación.

Antonio Rodríguez aún trabajaba en Altavista cuando llegó el cierre sobrevenido por la Covid-19. Natural de La Perdoma (La Orotava), pasó varias semanas enteras en completa soledad a 3.260 metros de altura. "Aquí era feliz", rememora. "Pasé uno de mis cumpleaños aquí solo, en febrero, con una nevada copiosa. Fue precioso".

La nueva cara del refugio la define como "un hotel de cinco estrellas", a lo que añade que "si todo es para mejorar, a mí me parece bien". Por su memoria también pasan momentos angustiosos como el temporal del Delta o la muerte de algunos senderistas o montañeros en sus propios brazos. También tiene grabada la reforma del refugio de 2007, cuando decidió quedarse para cumplir con algo más que sus funciones.

El guarda del refugio durante 20 años, Antonio Rodríguez (derecha), recorre el sendero hasta Altavisa

El guarda del refugio durante 20 años, Antonio Rodríguez (derecha), recorre el sendero hasta Altavista / Andrés Gutiérrez

Rodríguez comenzó a trabajar en el refugio en el año 2000, aunque anteriormente ya lo frecuentaba. A sus 72 años, recorrió una vez más el sendero que lleva desde el teleférico hasta la que prácticamente fue su casa. Un lugar lleno de silencio y de espera. "Había momentos en el que silencio era tan inmenso que yo lo llamaba el silencio de la espera", reflexiona. "Te quedabas esperando escuchar algo: el ruido de un pajarito, una piedra que se moviera... y nada. Era un silencio enorme", matiza.

La inmensidad de esa paz se llenará de sonidos este lunes. El refugio comienza su actividad con un programa de formación para 1.000 jóvenes de Tenerife, que disfrutarán de la nueva cara de Altavista de manera progresiva.

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