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Los expertos reivindican más fondos para proteger la biodiversidad de Canarias

La presión sobre el territorio, la degradación de los suelos y los incendios se sitúan entre los principales problemas a los que se enfrentan en la actualidad los ecosistemas insulares

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Santa Cruz de Tenerife

La conservación del patrimonio natural de Canarias pasa por incrementar los recursos económicos destinados a su protección y por reforzar la concienciación de la ciudadanía. Se trata de dos de las claves que pusieron este jueves sobre la mesa cuatro expertos en el ámbito medioambiental durante el Foro Naturaleza y Biodiversidad, un Reto para Canarias, organizado por Prensa Ibérica. «Creo que hemos hecho un trabajo de conservación interesante; si tuviéramos más posibilidades, podríamos hacer bastantes más cosas», expresó el director general de Medio Natural del Gobierno de Canarias, Miguel Ángel Morcuende.

El consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano Hernández Zapata, abrió el acto con una defensa del impulso de políticas públicas que permitan la preservación. «Somos un punto caliente de biodiversidad mundial», afirmó, y puso de relieve que Canarias alberga un nivel de endemismos «que no tiene comparación» y que constituye «un espacio estratégico para la conservación internacional».

Para el consejero, el patrimonio natural de las Islas trasciende el valor paisajístico y representa un elemento esencial para el bienestar de la población. «La naturaleza no es un decorado; es el espacio en el que se desarrolla nuestra existencia», señaló, antes de insistir en que se está blindando el marco normativo. A su juicio, los atributos biológicos de Canarias obligan a «actuar con urgencia donde más se necesita».

Protección de especies

Durante su intervención repasó algunas de las iniciativas impulsadas por la Consejería en materia de protección de especies, conservación de los montes y desarrollo de distintos planes y proyectos ambientales. También defendió el papel del conocimiento científico como herramienta para garantizar la conservación del patrimonio natural. «Es esencial para conocer la biodiversidad», aseveró al referirse a una plataforma como Biota, el banco de datos sobre biodiversidad de Canarias, que ya supera los 14 millones de registros.

Asimismo, hizo referencia a la importancia de reforzar la vigilancia costera y anunció un proyecto dirigido a que el alumnado conozca en profundidad la riqueza de los mares canarios. «Estábamos gestionando el presente con herramientas del pasado; hoy estamos ordenando lo que llevaba décadas en gavetas», indicó.

El consejero apuntó la necesidad de estrechar la colaboración entre conservación y actividad agraria. «El medio ambiente y el sector primario están condenados a entenderse mutuamente», sostuvo antes de poner el foco en otro de los grandes desafíos del Archipiélago: la gestión de unos espacios naturales que soportan una presión turística creciente. En este sentido recordó que Canarias es la única comunidad autónoma española con cuatro parques nacionales. Estos, durante 2025, recibieron más de ocho millones de visitantes. En su opinión, esa realidad obliga a mantener un equilibrio permanente entre la conservación y el disfrute público de unos lugares especialmente frágiles. Por ello, situó entre las prioridades del Gobierno regional el desbloqueo de los planes rectores de uso y gestión de estos enclaves.

Llamamiento a la colaboración

Zapata hizo un llamamiento a la colaboración entre administraciones, comunidad científica, colectivos sociales y ciudadanía para afrontar unos retos que, advirtió, no pueden resolverse desde una única institución. «Seguiremos trabajando para que Canarias siga sonando igual», culminó su intervención, tras lo que dio inicio una mesa redonda moderada por el redactor jefe de ‘El Día-La Opinión de Tenerife’ Daniel Millet y en la que participaron el director general de Medio Natural, Miguel Ángel Morcuende; la presidenta del Comité Científico de las Reservas de la Biosfera, Marisa Tejedor; el biólogo y divulgador ambiental Víctor de León, y el coordinador de los Equipos de Intervención y Refuerzo en Incendios Forestales (Eirif), Abraham Hernández.

Tejedor alertó de que Canarias arrastra un importante problema de degradación que afecta tanto a la pérdida física del suelo como al deterioro de sus propiedades físicas y químicas. «El suelo tiene un nivel de degradación en Canarias muy grande. Tenemos dos tipos de degradación: pérdida física del suelo y de las propiedades físicas y químicas», explicó. También se detuvo en que se está usando agua de riego «con una calidad francamente mala» y que está deteriorando el terreno.

La necesidad de recuperar los suelos degradados es compartida por Miguel Ángel Morcuende. El director general de Medio Natural recordó que el suelo es un recurso cuya formación requiere cientos de miles de años y cuya pérdida puede producirse en apenas unas horas como consecuencia de un incendio o de una lluvia torrencial. «Uno de los retos más importantes que tenemos en Canarias es la restauración de nuestros hábitats y de nuestro suelo. El suelo es vital, es el resultado de cientos de miles de años», afirmó.

Restauración

El éxito de esa restauración pasa por coordinar el trabajo de administraciones, universidades y centros de investigación. «La primera herramienta para restaurar suelos es permitir que las personas actúen en la misma dirección, lo que significa que las universidades trabajen para alcanzar esos fines de restauración», agregó Morcuende.

Por su parte, el biólogo y divulgador Víctor de León significó la especial fragilidad de los suelos volcánicos, y destacó que determinadas prácticas agrícolas tradicionales han demostrado durante generaciones su capacidad para conservar los terrenos. «Hemos visto cómo en las terrazas, en las gavias... esas propiedades físico-químicas se conservan de una forma más optimista», explicó.

El coordinador de los Equipos de Intervención y Refuerzo en Incendios Forestales (Eirif), Abraham Hernández, abordó la cuestión desde la óptica de la prevención de grandes incendios. Defendió la necesidad de desarrollar actuaciones estratégicas en aquellas zonas donde el riesgo es mayor y hacerlo siempre en coordinación con los servicios de biodiversidad. «Desde el punto de vista de la prevención, es transversal. Se trata de aplicar una prevención estratégica en zonas estratégicas», expuso. «Incendios ha habido, hay y va a haber; eso hay que asumirlo», subrayó, antes de incidir en que el suelo tarda miles de años en formarse y en la importancia de las actuaciones de restauración que se ejecutan tras los grandes incendios para evitar su pérdida definitiva.

Financiación de la conservación

Uno de los momentos de mayor consenso llegó al abordar la financiación de las políticas de conservación. Morcuende manifestó que proteger el patrimonio natural no debe verse como un gasto, sino como una inversión con beneficios ambientales, sociales y económicos. «La conservación de nuestro patrimonio natural es salud para todos los ciudadanos, economía... Esto puede ponerse a la misma altura que la educación, la sanidad...», mantuvo.

El director general fue claro al señalar que las administraciones necesitan una mayor dotación económica para responder a los desafíos actuales. «Hay que mejorar en presupuestos. La conservación del patrimonio natural cuesta dinero». En la misma línea, aseguró que desde la Consejería podrían desarrollarse muchas más actuaciones, pero actualmente no es posible por la falta de presupuesto.

Víctor de León insistió en que la protección del territorio exige una visión transversal y una mayor capacidad para escuchar a quienes viven y trabajan en el medio rural. «Necesitamos transversalidad», resumió, antes de lamentar que en ocasiones las personas que trabajan directamente la tierra consideran a técnicos y divulgadores como «urbanitas de corbata», por lo que consideró que debe reducir esa distancia.

Tasas

El debate abordó la posibilidad de implantar tasas ambientales para contribuir a la financiación de la conservación. Morcuende se mostró favorable a esa opción siempre que los recursos obtenidos tengan un destino ambiental. «No tengo nada en contra de las ecotasas, siempre y cuando sea finalista de nuestros hábitats», afirmó. Marisa Tejedor compartió ese planteamiento. «No vamos a inventarnos nada. Coincido en que esa tasa debe ser finalista”, expuso.

Víctor de León puso el acento en la necesidad de explicar con claridad el destino de esos fondos. «Lo que tiene que haber aquí es un ejercicio no solo de transparencia, sino una muy buena comunicación por parte de las administraciones para saber a dónde se dirigen, por qué se aplican...», apuntó. Y es que entiende que la clave pasa por conseguir que la ciudadanía comprenda que esa aportación revierte directamente en la conservación de los espacios naturales.

Desde la perspectiva de la gestión de emergencias, Abraham Hernández también respaldó este tipo de herramientas económicas. «La conservación cuesta dinero. Me parece legítimo que haya una tasa que en parte aborde esos servicios como garantizar esa conservación llegado un evento como los incendios», sostuvo.

Cambio climático

El cambio climático centró los últimos compases del foro. Marisa Tejedor expresó su preocupación ante el hecho de que todavía exista una parte de la población que no perciba plenamente la gravedad del problema. «Si la población no es consciente es que estamos haciendo algo mal, es que no estamos siendo capaces de comunicar lo suficiente», alertó. Morcuende recalcó la necesidad de seguir formando e informando para incorporar nuevos aliados a la conservación del patrimonio natural, mientras que Víctor de León consideró fundamental encontrar otras formas de transmitir la urgencia climática, especialmente entre las generaciones más jóvenes. «Comparto el pesimismo. La gente joven hablamos cada vez más de este tema. Necesitamos encontrar nuevas formas de comunicar esa urgencia», apuntó.

Abraham Hernández fue contundente al afirmar que «en cuanto a cambio climático no hay debate; es una realidad». Además, añadió que la población comienza a concienciarse porque ya experimenta directamente las consecuencias de fenómenos extremos cada vez más frecuentes y relacionó esa situación con el abandono del medio rural y el cambio en el comportamiento de los incendios forestales.

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