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Perfil

Sunil, el ángel de la guarda de los marinos indios varados en Tenerife

Lleva más de tres décadas en la Isla y acompaña en la sombra a los siete tripulantes del United S‘ que siguen aquí seis meses después de su llegada

Sunil Rijhwani junto a los siete marineros del United S, el pasado jueves en Santa Cruz

Sunil Rijhwani junto a los siete marineros del United S, el pasado jueves en Santa Cruz / María Pisaca

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Santa Cruz de Tenerife

Sunil Rijhwani llegó a Tenerife con 17 años, hizo fortuna, lo perdió casi todo y volvió a empezar. Hoy, preside el Club India del Puerto de la Cruz y representa a comunidades de siete países asiáticos en Canarias. Su última causa ha sido acompañar como ángel de la guarda desde el minuto uno a los siete marineros indios que quedaron varados tras la incautación de casi diez toneladas de cocaína en el carguero United S. Ocurrió en enero y seis meses después los chicos siguen aquí inmersos en su proceso vital con la Isla como fondo y sus gentes en el primer plano solidario.

Sunil habla de ayudar como quien habla de respirar. Sin alardes, sin épica impostada y sin convertir la solidaridad en un escaparate. «El hombre está para ayudar a los demás y ser solidario con los que lo necesitan», resume. Esa frase explica buena parte de su vida y también su papel en el caso de los siete marinos indios que lo que desean es poder ganarse el sustento aquí con su trabajo. Pero el protagonista esta vez es su particular ángel de la guarda.

Conocimiento del caso

El caso llegó a Sunil a través del exalcalde portuense Marco González, quien le avisó de la situación de los jóvenes. Entró entonces en escena como presidente de la comunidad hindú del Puerto de la Cruz, pero también como una figura de referencia para sus compatriotas, unos 2.500 en Tenerife. Además del Club India portuense, que reúne a unas 130 familias (más o menos la mitad de Santa Cruz, la capital) preside una federación asiática en Canarias en la que, según explica, representa a siete países: India, China, Japón, Tailandia, Filipinas, Corea del Sur y Vietnam.

La situación de los marinos era extrema. Algunos pasaron días en la calle hasta que Stella Maris, con Juan Esteban Pérez al frente, les ofreció apoyo. Después, durante un tiempo, pudieron regresar al barco, ya sin precinto, pero las condiciones eran precarias y el deterioro de la embarcación acabó obligándolos a salir de nuevo.

Desde entonces, la ayuda ha sido una cadena en la que han participado Stella Maris, los servicios sociales del Ayuntamiento de Santa Cruz, personas anónimas, voluntarios y miembros de la comunidad india de Tenerife e, incluso, de otras islas.

«El hombre está para ayudar a los demás y ser solidario con los que lo necesitan»

Sunil empezó por lo urgente: comunicación. Los jóvenes necesitaban móviles para hablar con sus familias en la India, que vivían con angustia lo ocurrido a miles de kilómetros. Luego llegó la comida, la ropa, el acompañamiento, las gestiones y la traducción. «Agradezco a la comunidad canaria su ayuda en el caso de estos chicos», afirma. Lo repite varias veces, convencido de que la respuesta local ha sido decisiva para que no quedaran completamente desamparados.

Solidaridad entre compatriotas y de los tinerfeños

Los socios del Club India han contribuido con aportaciones económicas y apoyo material. Sunil insiste en que la ayuda no debe presentarse como un gesto individual, sino como una respuesta colectiva. Ha llevado comida personalmente y ha organizado, junto a otros miembros de la comunidad, que al menos una vez por semana los jóvenes puedan recibir comida india, vegetariana, preparada por un cocinero. Es una forma de auxilio material, pero también emocional: un plato conocido cuando todo lo demás resulta ajeno.

Rijhwani sabe bien lo que significa empezar de cero. Vio la luz en 1973 cerca de Bombay. Su madre murió cuando él nació y fue criado por sus abuelos maternos. Llegó a Tenerife en 1990, con apenas 17 años, para trabajar con sus tíos, establecidos en la Isla desde hacía décadas. Empezó en negocios de mantelería y perfumería, sectores muy vinculados a la presencia histórica de la comunidad india.

Los vaivenes de la vida

Durante años prosperó. Ganó mucho dinero, invirtió en hoteles, llegó a tener cerca de 200 empleados y acumuló un gran patrimonio. Pero también se endeudó, mezcló negocios que funcionaban con otros que empezaban a fallar y la crisis turística posterior al 11-S agravó su situación. Un amigo, corredor de comercio y después notario, le dio entonces un consejo que nunca olvidó: vender, pagar y empezar de nuevo, aunque doliera. «Si tienes un cáncer en un dedo, corta el dedo y quédate con los otros nueve», le dijo. Yasí hizo.

Sunil vendió propiedades, negocios y hoteles para saldar deudas con bancos y proveedores. Recuerda una cena con su mujer, Sheetal, y su hijo, Dhieeraj, cuando le quedaba un único billete de 20 euros. La cuenta fue de 18 y los dos restantes los dejó de propina. Aquel día marcó el fondo de una caída y el inicio de otra vida.

Sunil Rajhwani, el pasado jueves en Santa Cruz de Tenerife

Sunil Rajhwani, el pasado jueves en Santa Cruz de Tenerife / María Pisaca

Después llegaron nuevas etapas: la intermediación inmobiliaria, una tienda de recuerdos, proyectos y la reconstrucción pausada de una estabilidad. Su mujer abrió un centro de masajes. Su hijo estudió Administración de Empresas en la Esade de Barcelona y este año en mayo se incorporó al negocio familiar. «Me siento muy afortunado de tener muy buena familia y, sobre todo, muy buenos amigos», dice Sunil.

Ese aprendizaje vital está detrás de su manera de entender la solidaridad. También su papel en el Club India del Puerto de la Cruz, cuya sede ayudó a rehabilitar cuando fue elegido presidente. Se arregló el templo, el salón, los espacios para mayores y niños, y el restaurante, hasta ser un lugar de encuentro para la comunidad.

Un puente humano entre todas las partes

Sutil ha actuado como puente entre los marinos, las instituciones, la embajada india y la sociedad local. No se presenta como salvador de nadie. Prefiere hablar de comunidad, de amigos y de una obligación moral sencilla: ayudar cuando se puede. Ve a los jóvenes físicamente mejor, aunque preocupados por no poder enviar dinero a sus familias.

La historia del United S seguirá su curso, pero sus marineros indios han encontrado en Tenerife una red de apoyo inesperada. Y en Sunil Rijhwani, a quien conoce las caídas, los comienzos desde cero y el valor de una mano tendida.

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