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Con cascadas y especies endémicas: la playa artificial de Tenerife que diseñó César Manrique

Antes de que existiera, ese tramo de costa era duro, rocoso y muy batido por el oleaje

Una playa de arena negra con una imagen superpuesta de César Manrique

Una playa de arena negra con una imagen superpuesta de César Manrique / Canva

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Santa Cruz de Tenerife

El Puerto de la Cruz aprendió a mirarse en el mar a través de una playa que se pasea, se fotografía y se disfruta todo el año.

Convertida en icono del norte de Tenerife, su presencia permitió nuevos flujos de visitantes y otorgó una nueva identidad visual a la ciudad que nació de la mente del artista César Manrique, que dejó aquí su sello de integración arte-paisaje con un entorno lleno de paseos, miradores, taludes ajardinados, cascadas ornamentales y especies endémicas.

Antes de que existiera, ese tramo de costa era duro, rocoso y muy batido por el oleaje. En 1993 culminó la transformación: había nacido Playa Jardín.

Actuación integral

Playa Jardín se gestó a finales de los años 80 como una actuación integral de costa. Se acordó crear un gran frente marítimo que, además de un arenal estable, incorporara paseos y zonas verdes.

El equipo técnico proyectó un rompeolas lateral y obras de abrigo para amortiguar el oleaje del norte. Sobre esa base se modeló el perfil de la costa, se aportó y extendió arena volcánica, y se configuraron tres tramos (Castillo, Charcón y Punta Brava).

En paralelo, César Manrique diseñó el entorno paisajístico.

Playa Jardín.

Playa Jardín. / ED

La idea de Manrique

La intervención de Manrique fue más que “poner arena”: consistió en crear un gran jardín costero con terrazas, senderos y piezas de piedra volcánica que amortiguan la transición entre la ciudad y el océano, siguiendo su filosofía de uso público y diálogo con el lugar, prolongación natural del lenguaje del Lago Martiánez.

La playa resultante es negra y volcánica, con un paseo que conecta áreas infantiles, cafeterías y un pequeño templete para actuaciones.

Para el municipio, Playa Jardín fue (y sigue siendo) un activo turístico y ciudadano. Un arenal amplio, accesible y protegido (en parte) del oleaje del norte, con capacidad de acoger tanto a residentes como a visitantes y eventos locales.

A nivel promocional, es una de las playas emblemáticas del destino junto al Lago Martiánez y el eje histórico del casco.

El cierre

Ese valor se percibe mejor cuando falta. Entre julio de 2024 y junio de 2025 Playa Jardín estuvo cerrada al baño por episodios de contaminación fecal por exceso de la bacteria E. coli, que afectó directamente a los negocios y a la vida cotidiana de miles de vecinos.

Durante ese tiempo hubo reproches cruzados, sanciones por vertidos y más averías de emisarios. La reapertura en junio de 2025 llegó tras implantar tratamiento terciario en la EDAR de Punta Brava y medidas para reducir vertidos al mar.

Un apunte clave

El cierre se explica por fuentes de contaminación (fallos de saneamiento y vertidos), no porque la playa sea “artificial”.

Ahora bien, la gran mayoría de estudios advierte que las playas abrigadas o parcialmente cerradas, como las protegidas por rompeolas, tienden a tener renovación de agua más lenta, lo que puede prolongar la persistencia de bacterias si existe un foco de entrada (pluviales, emisario, filtraciones).

Es decir, no causan el problema pero pueden retenerlo más tiempo cuando el sistema de depuración-vertido falla.

Para la ciudad, que Playa Jardín esté abierta y segura es tan turístico como estructural: afecta a su atractivo, a su economía local y al uso cotidiano de un espacio público que forma parte de la identidad portuense.

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