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Por qué bañarse en las playas de Tenerife puede sentarte bien este verano

El baño en el mar en Tenerife mejora la circulación sanguínea y fortalece músculos y articulaciones con un ejercicio suave y de bajo impacto

Personas bañándose en el Charco de La Laja, en el norte de Tenerife

Personas bañándose en el Charco de La Laja, en el norte de Tenerife / Arturo Jiménez

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Elena Morales

Elena Morales

Santa Cruz de Tenerife

Bañarse en el mar es uno de los grandes placeres del verano en Tenerife, pero también puede convertirse en una actividad saludable si se practica con sentido común. La Isla cuenta con playas muy diferentes entre sí, desde zonas de baño familiares y protegidas, como Las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife, o Las Vistas, en Arona, hasta enclaves abiertos al Atlántico, como El Médano, en Granadilla de Abona, Benijo, en Anaga, o Playa Jardín, en Puerto de la Cruz.

Cada una ofrece una experiencia distinta, pero todas tienen algo en común: permiten combinar movimiento, desconexión, contacto con el agua salada y exposición moderada al aire libre. El baño en el mar no debe presentarse como un remedio milagroso, pero sí como una práctica con beneficios físicos y emocionales cuando se realiza con seguridad.

Playas para caminar, nadar o desconectar

En playas de arena amplia y aguas generalmente más accesibles, como Las Teresitas o Las Vistas, muchas personas aprovechan para caminar por la orilla o moverse dentro del agua con poco impacto sobre las articulaciones. En zonas como El Médano, donde el viento y el mar forman parte del paisaje habitual, conviene prestar especial atención a las condiciones antes de entrar al agua.

Bañistas en El Médano en una imagen de archivo.

Bañistas en El Médano en una imagen de archivo. / Andrés Gutiérrez

Otros espacios, como Benijo, destacan por su belleza natural y por un entorno más salvaje, pero requieren mayor prudencia por el oleaje y las corrientes. En el norte, Playa Jardín combina baño, paseo y paisaje costero, aunque también es importante respetar siempre las banderas y las indicaciones de seguridad.

Mejora de la circulación

Uno de los efectos más conocidos del baño en el mar está relacionado con la circulación sanguínea. Cuando el agua está algo más fresca que el cuerpo, se produce primero una vasoconstricción y, al salir del agua, una vasodilatación. Este cambio favorece la activación de la circulación y puede ayudar al retorno venoso.

Unos niños se refrescan en la playa de Las Teresitas.

Unos niños se refrescan en la playa de Las Teresitas. / María Pisaca

Además, caminar por zonas de poca profundidad, como puede hacerse en tramos tranquilos de playas como Las Teresitas o Las Vistas, ejerce una presión suave sobre las piernas. Esa presión hidrostática actúa como un pequeño masaje natural y puede aliviar la sensación de pesadez, especialmente en días de calor.

Ejercicio suave y con poco impacto

El mar también permite moverse sin someter al cuerpo a grandes impactos. Nadar, caminar dentro del agua o realizar movimientos suaves con las piernas y los brazos ayuda a trabajar músculos y articulaciones con menor carga que en tierra firme.

En playas con buenas condiciones de baño, esta actividad puede ser una forma sencilla de sumar movimiento durante el verano. No obstante, en enclaves más expuestos, como Benijo o algunos tramos de costa abierta, es fundamental valorar el estado del mar antes de bañarse.

Beneficios para la mente

El baño en el mar también tiene un componente emocional. El sonido de las olas, la sensación del agua, el horizonte y la desconexión del ritmo diario pueden contribuir a reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo.

Playa de Las Gaviotas.

Playa de Las Gaviotas. / Andrés Gutiérrez

En Tenerife, este efecto se refuerza por la variedad del paisaje: desde el ambiente familiar de Las Teresitas, hasta el entorno volcánico y ventoso de El Médano, el paisaje verde y atlántico de Anaga o el litoral del norte en Puerto de la Cruz.

Seguridad antes que viralidad

Bañarse casi todos los días puede formar parte de una rutina saludable si las condiciones del mar son seguras. La clave está en no confiarse: el mar cambia rápido y una playa tranquila puede presentar corrientes, oleaje o resaca en determinados momentos.

Antes de entrar al agua hay que respetar las banderas, seguir las indicaciones del personal de salvamento, evitar el baño después de comidas copiosas, hidratarse bien y protegerse del sol. En playas más concurridas, como Las Teresitas, Las Vistas o Playa Jardín, conviene atender a la señalización; en zonas más naturales o expuestas, como Benijo, la prudencia debe ser aún mayor.

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