Movilidad
Un viaje entre la novelería y el trabajo: al sur en guagua de dos pisos
Tenerife prueba una nueva forma de moverse a las zonas turísticas que mezcla la postal londinense con las expectativas de mejora en el desplazamiento

El Día
La cola de gente es impresionante el viernes a las 11:30 de la mañana en las Dársenas 29 y 30 del Intercambiador de Transportes de Santa Cruz. Queda aún una hora para la llegada de las nuevas guaguas de dos pisos destinadas a las rutas 110, hasta Costa Adeje, y 112, con destino Los Cristianos, pero a la demanda habitual del fin de semana hacia las zonas turísticas se une el espíritu novelero ante la novedad de la presencia por primera vez en Titsa de los vehículos de inspiración londinense. Mucha gente joven para disfrutar del finde en la playa pero también bastantes que se desplazan a trabajar.
Antes de subir, Daniel se queda unos segundos mirando hacia arriba. No es lo habitual en el Intercambiador capitalino, donde la gente suele mirar el móvil, el panel de salidas o la puerta por la que aparecerá la guagua. Pero hoy esta obliga a levantar la cabeza. Es verde, como las de siempre, pero no es como las otras. Tiene dos pisos.
Las sensaciones son positivas a falta de concretarse en buenos horarios y frecuencias de paso idóneas
La escena corresponde al estreno de las nuevas guaguas de doble altura en sus respectivos trayectos al sur con rutas que comenzaron el pasado miércoles . La imagen trae inevitablemente a la memoria aquellas rojas de Londres, convertidas desde hace décadas en postal, souvenir y símbolo urbano. Solo que aquí no hay cabinas telefónicas ni lluvia inglesa, sino calor, autopista del sur, viento, turistas, trabajadores, estudiantes, jubilados y una Isla que lleva años discutiendo cómo moverse sin quedar atrapada en sus propias carreteras.
Daniel sube con una mezcla de curiosidad y costumbre. Viaja al sur por trabajo desde hace años y conoce el trayecto casi de memoria: la salida de Santa Cruz, el enlace hacia la TF-1, los primeros kilómetros en los que la ciudad queda atrás, los polígonos, el mar apareciendo a ratos, Güímar, el cambio de luz, la sensación de que Tenerife se estira por la autopista hasta llegar a Los Cristianos. Lo nuevo no es el destino. Lo nuevo es la altura. "Vamos arriba, ¿no?”, dice alguien detrás de él.
Búsqueda de asiento en el estreno
En la planta alta, los primeros pasajeros buscan asiento con esa emoción breve de quien prueba algo recién estrenado. Hay quien graba con el móvil, quien comenta que la vista es mejor, quien bromea con que ahora el viaje parece turístico aunque vaya al trabajo, y quien se sienta junto a la ventana con la prevención de los que todavía no se fían del todo de un vehículo tan alto circulando por una Isla de vientos cruzados.
Eusebio Arbelo es un hombre de mediana edad que se ha desplazado bien temprano desde Santiago del Teide a Santa Cruz por motivos médicos. Tiene coche pero rechaza aparcar en la capital aunque deba hacer cuatro viajes, dos de transbordo, para llegar a su casa cerca de las tres de la tarde. Su opinión es que "la idea es buena si se mantiene la frecuencia" porque sentencia, "si en vez de cada media hora pasan con una de diferencia no hemos adelantado nada".
Un grupo de chicas que por su actitud y algarabía van a disfrutar de un fin de semana de playa cuestionan el servicio que se da porque "no hay stio ni para poner el bolso". Por contra, a Shaira Marín, que reside en el barrio chicharrero de Salamanca y se desplaza al sur para ver a unos amigos, la idea de las guaguas de dos pisos le parece "muy bien" porque "están siempre llenas y el trayecto es largo".
La guagua arranca y, por un momento, el Intercambiador queda abajo como si fuera una maqueta conocida. Desde el segundo piso, Santa Cruz se ve distinta. No necesariamente más bonita ni más moderna, pero sí más amplia. Las paradas, los coches, las aceras y las prisas parecen pertenecer a otro plano. La novedad tiene algo infantil: casi todos quieren mirar.
Las nuevas unidades comenzaron a operar el pasado miércoles 1 de julio en las líneas 110 y 112, que conectan Santa Cruz con Costa Adeje y Los Cristianos, respectivamente. No llegan a una ruta cualquiera. En este sentido, la 110 transportó en 2025 a 1.152.007 pasajeros, un 14,69% más que en 2024, cuando movió 1.004.424 viajeros. Este es uno de los grandes corredores interurbanos de la isla y también uno de los termómetros más claros de la presión diaria sobre la movilidad hacia el sur.
Una respuesta a la enorme demanda
Por eso la guagua de dos pisos no es solo una rareza que despierta fotos y comentarios. Es una respuesta visible a una demanda que ya no cabe del todo en los vehículos habituales. Estas nuevas unidades, fabricadas por Carrocerías Ayats, ofrecen 85 plazas frente a las 59 de las guaguas convencionales. El salto es del 44% por viaje. Donde antes había una fila de viajeros calculando si encontraría asiento, ahora hay una segunda planta entera intentando absorber parte de esa espera acumulada.
Daniel lo resume sin solemnidad: "Si llega a la hora y cabe más gente, ya es bastante".
La frase pesa más que cualquier discurso. Porque en Tenerife la movilidad no se mide solo en grandes cifras, sino en pequeños cálculos cotidianos: a qué hora salir de casa, cuánto margen dejar por si hay atasco en la TF-1, si la guagua vendrá llena, si habrá asiento, si el turno de trabajo permitirá enlazar con la vuelta, si el horario nocturno llega o no llega.
En los primeros días de estreno, las redes oficiales funcionaron como una prolongación de la parada. Allí se mezclaron la curiosidad, el humor, la desconfianza y las reclamaciones de siempre. Alex Rivero recordaba que, cuando empezó a hablarse de esta propuesta, “la gente no estaba muy de acuerdo”. Gustavo, en cambio, escribió que ya la había estrenado y que estaban “muy buenas”. Otros usuarios celebraban que sirvieran para quienes trabajan en el sur, mientras algunos pedían que el refuerzo no se quedara solo en una línea ni en una foto inaugural.
El debate avanza con el viaje
La guagua avanza hacia el sur y el debate viaja con ella. Hay quien teme el viento. Pierotta decía que, con el viento soplando fuerte, le daba la impresión de que podían volcar. Elisa Martín y Gigi compartían una sensación parecida. Antonio Peñate avisaba de los vientos cruzados del sur. Aurora Benítez Cabrales lo resumía con un “yo ni loca me monto”. En la planta alta, sin embargo, el vehículo se mueve con normalidad. La sensación de altura existe, sobre todo en los giros y en los cambios de rasante, pero el viaje no tiene nada de montaña rusa. Más bien ocurre lo contrario: la gente se acostumbra rápido a mirar desde arriba.
La comparación con Londres vuelve sola. Allí las guaguas de dos pisos forman parte del paisaje, casi como una arquitectura en movimiento. En Tenerife, en cambio, la doble planta aparece como novedad, aunque algunos usuarios se encargaron de matizarlo. Tere Peraza recordaba que “hace años ya las había en Canarias” y que muchas veces se subió a ellas para ir a Los Cristianos. La memoria colectiva, como las carreteras, también tiene curvas: lo que para unos es estreno absoluto, para otros es regreso.
A mitad del trayecto, el sur empieza a imponer su lógica. Más luz, más coches, más sensación de corredor saturado. La TF-1 no necesita mucho para recordar que es una de las grandes conversaciones pendientes de la isla. “Suerte con los atascos”, ironizaba Rodo en redes. La frase podría ir escrita en cualquier marquesina. Porque una guagua con más plazas puede aliviar parte del problema, pero no hace desaparecer por sí sola la cola de vehículos, ni las horas punta, ni la dependencia del coche, ni la distancia entre donde vive mucha gente y donde trabaja.
"Si esto funciona..."
En el piso de arriba, Daniel mira hacia la autopista y señala una fila de coches. "Cada uno ahí metido en el suyo —dice—. Si esto funciona, alguno se lo pensará". Ese “si funciona” contiene casi toda la crónica. Si pasa con frecuencia. Si respeta horarios. Si no se queda corta. Si llega a más rutas. Si conecta con los turnos reales de quienes limpian hoteles, atienden restaurantes, cuidan mayores, estudian, cargan mercancía, hacen camas, sirven cafés o regresan tarde a casa.
Varios comentarios de usuarios apuntaban precisamente ahí. Eva Lucía Fernández celebraba la medida, pero pedía que se respetaran los horarios. Una trabajadora que sale a las diez de la noche en Costa Adeje lamentaba tener que esperar hasta las 22:50 para volver a Santa Cruz y resumía su prioridad con claridad: “Muy bonito, pero una guagua a las 22:30 vendría mejor”. Otros reclamaban más servicios para Tegueste por la noche, para Puerto de la Cruz, para Icod, para Los Gigantes o para la línea 460, a la que algunos usuarios llaman ya “la patera” porque, dicen, va siempre llena.
La llegada de las guaguas de dos pisos abre una promesa, pero también destapa el mapa completo de las carencias. En Tenerife, cada mejora en una línea ilumina de inmediato la necesidad de otra. La 110 y la 112 estrenan doble altura, pero en los comentarios aparecen la 460, la 462, las conexiones con el norte, los horarios de fin de semana, los trayectos nocturnos y las zonas donde todavía se espera demasiado.
De las cifras a la realidad cotidiana
El Cabildo prevé incorporar trece guaguas de dos pisos este año, primero en la autopista del sur y después también en el norte, con la línea 108 entre Santa Cruz e Icod de los Vinos. La previsión oficial habla de dos millones de plazas más al año en las autopistas del norte y del sur. También de un aumento de capacidad del 44% en los vehículos de doble altura y de una red de Titsa que cerró 2025 con 87 millones de viajeros, el mayor registro de su historia.
Pero dentro de la guagua, esas cifras se traducen en algo más sencillo: más gente sentada, sin viajeros de pie, más posibilidades de subir sin sentir que uno entra en un vagón lleno antes de tiempo. La estadística, cuando funciona, se nota en las rodillas, en la espalda y en el ánimo.
Curiosidad, novelería y necesidad de buscar el trabajo se unen estos primeros días
El vehículo entra en el sur profundo con su aire de novedad todavía intacto. Algunos coches adelantan despacio, como si sus ocupantes quisieran mirar bien aquella guagua más alta de lo normal. Desde arriba, Playa de las Américas aparece poco a poco, con su mezcla de costa, turismo, bloques, tráfico y vida diaria. Para muchos, este no es un destino de vacaciones, sino el final de un trayecto laboral. Para otros, es una excursión involuntaria al futuro del transporte público insular.
Al bajar, Daniel vuelve a mirar la guagua desde la acera. Ya no la observa con sorpresa, sino con una especie de evaluación práctica."Está bien —subraya—. Ahora lo que hace falta es que haya más".
La frase podría servir de cierre y también de advertencia. Tenerife ha estrenado una guagua que llama la atención porque se ve desde lejos, porque recuerda a Londres, porque convierte el viaje al sur en una pequeña experiencia de altura. Pero su verdadero examen no estará en las fotos del primer día ni en la curiosidad de quienes subieron para probarla. Estará en las mañanas de lunes, en los regresos de noche, en las horas punta, en los trabajadores que no pueden permitirse perder un enlace y en los pasajeros que llevan años pidiendo no solo guaguas más grandes, sino una red más frecuente, más puntual y más cercana a sus horarios reales.
Desde el piso de arriba, la Isla se ve distinta. La pregunta es si, con el tiempo, también logrará moverse distinto.
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