Una madre y su hijo de 9 años enfrentan solos un desahucio en Tenerife: "Es un niño, no sé cómo explicárselo"
Esta tinerfeña se enfrenta este lunes a un juicio de desahucio por finalización del contrato de alquiler; sin más recursos ni apoyos, lo único que les queda es un hostal

La joven entrando al registro de vivienda del Ayuntamiento santacrucero para resolver un trámite. / Arturo Jiménez
A los once años, María (A. M. P.) quedó huérfana y, a los 18, sin familia ni red de apoyo, ya era totalmente independiente. Siempre ha sido de esas mujeres que defienden que pueden con todo solas. En los últimos meses, sin embargo, no le ha quedado más opción que pedir ayuda, ya que ella y su hijo de nueve años podrían quedarse en la calle. «No me renuevan el alquiler porque quieren duplicar el precio y yo no me puedo permitir esa subida –pasaría de pagar unos 450 euros a algo más de 850–; de momento no he encontrado alternativas, por lo que el día que me desahucien no sé que ocurrirá con nosotros», relata.
Este lunes, 6 de julio, se enfrenta al juicio de desahucio por finalización de contrato. No sabe qué puede ocurrir a partir de ahí. Por el momento le han marcado el 7 de septiembre como fecha de lanzamiento, es decir, como el día en el que se proceda al desalojo para devolver la posesión del inmueble al propietario. «Las trabajadoras sociales enviaron el certificado de vulnerabilidad por lo que quizás se retrase otros cuatro meses, pero irme, me voy; no hay paralización ni nada por el estilo», señala.
La crisis de la vivienda, de una forma u otra, afecta a toda la sociedad, pero se está cebando con perfiles como el suyo, especialmente vulnerables. Esta joven de 30 años, madre soltera y víctima de violencia de género ni encuentra alquileres asequibles ni puede ser acogida en recursos alojativos porque la mayoría están saturados.
¿Cuál es la alternativa?
La única alternativa que le han ofrecido es una pensión o un hostal pagado por Cáritas, pero eso solo será una solución temporal que ni siquiera sabe cuánto durará. «Hay listas de espera hasta para entrar a pisos tutelados, por lo que tendría que esperar a que se quedara libre una habitación porque ahora mismo no tienen nada que ofrecerme», advierte.
En el caso de que encontrara plaza, tendría que ir a un recurso con más madres, horarios y un control estricto. «Para un niño que ha vivido toda su vida de forma independiente en casa sería un cambio dramático», defiende. Aunque el menor aún no es plenamente consciente de lo que está pasando, su madre teme que no podrá ocultárselo por más tiempo: «Él lo que ve es que mami está recogiendo cosas y haciendo cajas, pero no sé explicarle la situación, no sé cómo decirle que no tenemos a dónde ir y que la vida que conoce hasta ahora va a cambiar por completo».
Las administraciones no responden
Las administraciones públicas –subraya– no le han ofrecido respuesta alguna. «Creo que no lo están haciendo bien: ¿si hay pisos vacíos por qué no se entregan a familias que los necesitan?», plantea. Según afirma, lleva cerca de nueve años siendo demandante de vivienda de protección oficial. También ha acudido a otras vías como Visocan, Cáritas, Provivienda y ProHogar. Desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, municipio en el que reside, sí que se han puesto en contacto con ella, pero aún no ha obtenido soluciones de ningún tipo.
Rabia y desesperación
Por tener una sentencia que la reconoce como víctima de violencia de género, ha intentado acceder a recursos específicos, también sin éxito. «No tengo más puertas a las que tocar y si hay más no las conozco, estoy decepcionada y abatida, no sé cómo se puede llegar a esta situación si durante un lustro he pagado religiosamente el alquiler, la luz, el agua y todas las facturas», denuncia.
Desde sus 18 años no ha tenido problema en costearse un alquiler. Ahora, en cambio, le es imposible. «Con un menor a cargo y sin familia no puedo permitirme pagar más de 500 euros por un techo; para acceder a una casa te piden mil avales y fianzas y para mí es imposible», sentencia la joven.
"Me quedaría a cero"
El piso en el que han vivido estos últimos años, ubicado en un barrio de la capital chicharrera, tampoco está en las mejores condiciones. Según relata, antes era una espacie de sótano, por lo que apenas tiene ventilación ni iluminación. Una pequeña cristalera a la altura de la calle hace las veces de ventana de su única habitación. «Mi hijo se pone malo a cada rato porque hay muchísima humedad», apunta. No considera, por tanto, que sea un espacio que valga más de 850 euros al mes. Además, si antes de la fecha del desahucio no encuentra otra alternativa habitacional, más allá del hostal temporal, tendrá que dejar atrás electrodomésticos y muebles que en su momento adquirió para esta casa. «Me quedaría a cero», alerta.
Por esa zona también vive su agresor. En 2024 mantuvieron una relación que acabó en malos tratos, por lo que obtuvo una sentencia condenatoria y una orden de alejamiento. Aun así, no pudo irse a otra vivienda. Lo solicitó porque, según argumenta, no estaba tranquila ni en su propia casa. En ocasiones –detalla– también aparecía por su trabajo, pero el cambio no fue posible tampoco en ese entonces.
"Ni favores ni limosna"
Esta tinerfeña recalca que no quiere «favores ni limosnas», lo único que necesita es encontrar un alquiler a un precio asequible. Sin embargo, hasta el momento no ha podido dar con uno sola, por lo que ahora, a la desesperada, está solicitando ayuda por todas las vías posibles. «Me gustaría que alguien, en cualquier administración, revisase mi caso porque no tengo apoyos, no puedo meterme en casa de nadie, aunque sea una persona joven tengo necesidades y un hijo al que cuidar, estoy desquiciada, siempre recibo la misma respuesta: no hay viviendas», sostiene.
Toda esta situación ha hecho que esta madre viva al límite y que aparezcan los primeros síntomas de depresión. «Una de las funcionarias que me atendió me dijo que se me veía una chica joven y capacitada; yo sé que no estoy sucia, ni tengo la ropa rota, pero a veces las apariencias engañan, no es falta de dinero, es falta de vivienda», insiste.
Lo único que le queda es un milagro, una solución in extremis. De lo contrario, tendrá que esperar a que este lunes se celebre el juicio para conocer la fecha en la que tendrá que abandonar el que desde hace un lustro es su hogar y el de su hijo.
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