Rescate etnográfico del paso de la cumbre
Viaje al pasado en Santiago del Teide con la recreación de la vida rural y el trueque de antaño
San Francisco de La Montañeta, en Garachico; San José de Los Llanos, en El Tanque, y Santiago del Teide protagonizan la vigésima edición de la recreación del trueque. Acabó en la plaza del pueblo, con costillas, piña y papa, mientras ajeno, en una casa rural, el reto era una merienda canaria con plátano.

Andrés Gutiérrez

Como si de una máquina del tiempo que permite un viaje al pasado se tratara, la hora que se tarda en recorrer casi cien kilómetros desde la capital tinerfeña hasta el casco de Santiago del Teide permite trasladarse a la primera mitad del siglo pasado, cuando el trueque de género agrícola presidía las relaciones entre los vecinos para garantizarse el sustento.
La recreación surgió hace veinte años, según su promotor, Juan Antonio Jorge Peraza, que cuenta con el respaldo de la Fundación Tenerife Rural, a la que pertenece, del Cabildo Insular. Trabajaba por aquella fecha en el Ayuntamiento de El Tanque y un día, en el que hizo noche en el coche, se dio cuenta de la cantidad de personas que circulaban de madrugada y se propuso el rescate etnográfico del paso de la cumbre.
Pero no viajar al pasado en coche, sino recreando estampas de época, con cabreros, gente que trabajaba en galerías, guardias civiles, mujeres rurales...
El encuentro con el ayer comienza este domingo, 28 de junio, a las diez de la mañana en San Francisco de La Montañeta, en Garachico, y prosigue casi dos horas después en San José de Los Llanos, en El Tanque, para finalizar en la plaza del pueblo de Santiago del Teide.
En el tercer acto, a la llegada al camino real por el que en el pasado se transitaba rumbo a la plaza para hacer el trueque, las primeras en llegar son media docena de componentes del Taller de Baile Folclórico de Santiago del Teide, que está en marcha desde 2017 y que, desde entonces, se han sumado a esta recreación etnográfica, explica una de sus fundadoras, Raquel Lorenzo. En el taller participan desde niños de 8 años hasta mayores de más de 75, precisa con una sonrisa cómplice. Ella está pendiente de sus mayores; no va ataviada.
En la vereda, esperando la llegada de la expedición que se traslada en guagua en la última etapa desde El Tanque, se hace tiempo entre bromas, como el consejo que le da un fotógrafo a una de las participantes para que se coloque bien el zacho, recién sacado de la ferretería. «Póntelo pa’rriba, al menos para la foto», le pide.
Desde la organización municipal, Martín González recuerda que, a escasos metros de donde se va a recrear el paso de la cumbre y el trueque, en la Casona del Patio se desarrolla la II edición de El Reto de MasterChef, que reúne a Raquel Meroño junto a su hija Martina, Nagore Robles, Rubén García, Estefanía de Andrés, Luzu, Chefenials y Daniel del Toro, llamados a asesorar a los participantes durante las pruebas.
Como si de la antítesis de ese talent show digital se tratara, Mary Carmen Luis se prepara para el trueque a la espera de la llegada del grupo con su cesta, en la que guarda desde pimienta hasta el preciado azafrán, con el que negocia a cambio de tres barras de pan.
Mary Carmen, a sus 79 años, que disimula a la perfección, recuerda que lleva viviendo en Santiago del Teide hace cuarenta; en el pasado trabajó en Galerías Preciados, en Santa Cruz, y mantiene intactas sus virtudes comerciales. «Antes íbamos a La Montañeta y bajábamos incluso a un terraplén que estaba por La Culata, en Garachico, para seguir por la carretera general, donde se hacía el trueque», cuenta con el desconsuelo de que el trayecto se ha acortado con el paso de los años. El marido de Mary Carmen tenía discapacidad visual y la ONCE le asignó un puesto en Santiago del Teide, donde hizo su vida, hasta que con el COVID falleció. Lo comenta desde la vitalidad de una emprendedora capaz de hacer grupo; con todas las compañeras tiene que ver y anima.
En la espera en el camino real recuerdan que este año no vienen desde Icod el Alto ni «los de la muda, de Fasnia, que la hicieron el sábado», se comenta para justificar su ausencia, y explican que la muda era cuando los vecinos se cambiaban de residencia para buscar mejores temperaturas.
«El que hacen en Chirche es precioso, que recrean bodas, ventas, escuelas...». Mary Carmen se acerca y, con la boca chica, concede una confidencia: «Aquí empieza todo y se lo van llevando», mientras muestra el cordón del hábito de la Virgen de Candelaria con el que la vistió su madre y que, decenas de años después, no viste en su traje típico.
«Aquí tengo almendra de Los Baldíos», le ofrece a otra vecina. «La mía tiene sangre de volcán», le comenta en un diálogo improvisado. Mary Carmen es una artista.

Escenificación del trueque 'Al Paso de la Cumbre' / Andrés Gutiérrez
En el grupo del taller de baile folclórico, la mayoría son vecinos extranjeros, como Helga O’Hondt, natural de Bélgica, que lleva tres años viviendo en Puerto de Santiago; o la francesa Beatriz Morionet, que reside desde hace dos años en Puerto de Santiago, después de que cerrara su etapa laboral como profesora de idiomas, entre otras tareas.
Cuenta que conoció Santiago del Teide porque su padre se trasladó en 1968 desde Francia para presentarse a los clientes a los que vendía plantas de fresa.
En el grupo, la holandesa Fabiana Hoogeland, quien recaló en Tamaimo porque su hijo le pidió un cambio de vida. Ella ya había estado ahí en 2005 y volvió hace dos años. Desde esta localidad de Tenerife teletrabaja para un parque nacional de su país natal, mientras su esposo está inmerso en las obras de rehabilitación de su casa y su hijo se prepara para comenzar en Adeje un ciclo superior de Informática el próximo curso. Presentados todos..., llega el grueso de la comitiva, que tampoco son muchos más, el equivalente a los pasajeros de una guagua y un par de ellos más.
Un paseo por la historia
A pie del camino real, metido en su papel, don Fernando del Hoyo y Salazar, el primer terrateniente del lugar, que permite en su hacienda el trueque; en la vida real, Roque Armas, natural de Garachico, criado en Los Silos, casado en Cabo Blanco y vecino de Tamaimo, a quien el año pasado el director de la Escuela Municipal de Folclore de Santiago del Teide le echó el lazo y lo hizo tan bien que repite. Y todo, por culpa de su hijo Daniel Armas, que comenzó en la escuela cuando tenía siete años y ya suma dieciséis; a quien le viene de casta, pues su madre, María del Mar, era bailadora en Cabo Blanco y ha vuelto a retomar el arte. La profesión de Roque, camarero, aunque le puede su vocación de actor.
Con el dueño de las tierras presente, falta otra de las autoridades de la época: el cura, papel que encarna Fabio, en la primera vez que asume estas lides, aunque no lo parezca. A la voz de «foto», se coloca al lado del feligrés y, enfundado en una sotana que hace eterna su altura, se cuadra y se pone en posición de bendición. Natural del norte de Italia, hace once años decidió dejar atrás las frías temperaturas. «Claro que cuando llegué aquí hacían cuarenta grados, como ahora», comenta. Profesor de idiomas en su etapa laboral, disfruta de la jubilación en Guargacho. Sin más tiempo para homilías, Juan Antonio Jorge le requiere para continuar la comitiva por el camino real rumbo a la plaza del pueblo. El organizador agradece la colaboración de la Escuela Municipal de Folclore de Arona, así como del Grupo de Amigos de las Tradiciones de San Juan de la Rambla, el grupo de montañeros Nivaria, el Grupo de Patrimonio Sur o la Escuela Municipal de Folclore de Santiago del Teide. Este año faltan los cochineros, no hay médico y tampoco guardia civil en la recreación, admite el promotor de la iniciativa, que avanza por un cómodo sendero en el que un grupo folclórico pone la banda sonora con una retahíla de isas y canciones tradicionales, engarzadas y bien traídas, mientras la exhibición del juego del palo, el salto del pastor y las lavanderas amenizan el paseo y el posterior trueque.
A la llegada a la plaza de Santiago del Teide, el «terrateniente» entrega el testigo a quien lo recibe al pie del escalón, el alcalde, este de verdad, Emilio Navarro, que acababa de salir del Reto de MasterChef de la merienda canaria, que proporcionó 3.000 euros a uno de los participantes. En el regreso a la vida real tras la representación del paso de la cumbre, convite de costillas, papas y piñas al sellar un viaje al ayer bajo una carpa gigante que alivió el calor que comenzaba a reinar. La nube había comenzado a remitir, pero la pasión por el ayer continúa latente.
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