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Medio Natural

Tenerife protege a sus ejemplares de flora y fauna más amenazados, del pizón azul al lagarto gigante

La Isla, uno de los grandes refugios de biodiversidad de Canarias, redobla la defensa de su flora y fauna más amenazada mientras crece la presión de mascotas abandonadas, especies exóticas y la degradación de hábitats sensibles

Un ejemplar de lagarto gigante de Tenerife, descansando en una roca.

Un ejemplar de lagarto gigante de Tenerife, descansando en una roca. / Juan Carlos Rando

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Santa Cruz de Tenerife

Tenerife libra una batalla silenciosa por su biodiversidad más frágil. La Isla, uno de los principales exponentes de la riqueza natural de Canarias, mantiene bajo vigilancia a quince especies de flora y fauna en peligro inminente de extinción, en un escenario marcado por el avance de las especies invasoras, la presencia de animales domésticos asilvestrados y la creciente presión sobre ecosistemas especialmente sensibles.

La conservación de este patrimonio natural no es una cuestión menor en una isla que concentra una parte esencial de los endemismos canarios. Tenerife alberga miles de especies de interés ecológico y un importante número de formas de vida exclusivas, muchas de ellas únicas en el mundo. Esa singularidad convierte cualquier alteración del medio en una amenaza de primer orden. Cuando desaparece una especie aquí, no se pierde solo en Tenerife: se extingue para siempre.

Un escudo para quince especies de flora y fauna en el punto de mira

Entre las especies más emblemáticas de la fauna y la flora insular figuran referentes como el lagarto gigante de Tenerife, el pinzón azul, la paloma rabiche o la paloma turqué, además de plantas de alto valor botánico como la jarilla de Agache, el pico de paloma, el pico de El Sauzal, el cardo de plata o la jarilla de cumbre. Muchas de ellas sobreviven en enclaves muy concretos, con poblaciones reducidas y extremadamente vulnerables a cualquier cambio en su entorno.

En ese delicado equilibrio, una de las principales amenazas procede de la acción humana más irresponsable. El abandono de animales domésticos en el monte, en barrancos o en zonas de costa no solo supone un acto de maltrato animal, sino también un serio problema ambiental. Gatos y perros asilvestrados se convierten en depredadores directos de aves, reptiles y pequeños mamíferos autóctonos. En una isla con hábitats cerrados y especies que han evolucionado en aislamiento durante millones de años, el impacto puede ser devastador.

Trabajador del Cabildo limpiando rabo de gato

Trabajador del Cabildo limpiando rabo de gato. / El Día

Las claves desde la administración insular

ELa consejera de Medio Natural, Sostenibilidad, Seguridad y Emergencias, Blanca Pérez, señala que “existe una lucha en favor de mantener la biodiversidad autóctona y endémica de Tenerife debido a la introducción en el medio de animales abandonados y exóticas invasoras que alternan el equilibrio en los espacios naturales. Desde el Cabildo esto nos lo hemos tomado en serio, ya que destinamos 3 millones de euros en la erradicación de fauna y vegetación exótica que ha sido introducida en la isla y en los espacios naturales sin control”.

“Por otra parte –recalca la responsable- ponemos el foco en la recuperación de especies amenazadas, en esa protección de los hábitats necesarias o en la producción de especies de flora autóctona para hacer frente a las invasoras y minimizar los daños que puedan suponer”.

Tanto los gatos asilvestrados (cimarrones), los vagabundos, y los domésticos que tienen libre acceso al exterior de sus domicilios, aunque estén correctamente alimentados, producen severos impactos en la fauna salvaje se instala en un espacio natural protegido añade presión sobre aves que anidan en el suelo, reptiles endémicos y pequeñas especies que carecen de mecanismos de defensa frente a estos depredadores introducidos. Lo mismo ocurre con los perros abandonados que terminan formando grupos errantes y alterando zonas de alto valor ecológico. La amenaza no es abstracta: se traduce en depredación directa, desplazamiento de fauna nativa, transmisión de enfermedades y alteraciones irreversibles en áreas de reserva.

Junto a este fenómeno, Tenerife también afronta el problema creciente de las especies exóticas liberadas o introducidas por particulares. Galápagos de Florida, aves invasoras, peces ornamentales o mamíferos abandonados en el medio natural compiten con las especies autóctonas por alimento y refugio, modifican cadenas ecológicas y multiplican el coste de la gestión ambiental. Los agentes de Medio Ambiente y técnicos del área que trabajan sobre el terreno alertan de que, en territorios insulares tan frágiles como Tenerife, un solo ejemplar liberado puede desencadenar una cadena de daños difícil de revertir.

La amenaza no se limita a los animales. Plantar especies exóticas por moda, desconocimiento o simple descuido también puede desencadenar graves desequilibrios. El avance de determinadas plantas invasoras acaba desplazando a la vegetación local, alterando riberas, laderas y espacios forestales que servían de refugio a aves, insectos y pequeños vertebrados. Allí donde antes había biodiversidad, comienza a imponerse un paisaje empobrecido y uniforme.

Frente a esta realidad, el Cabildo de Tenerife mantiene distintas líneas de actuación para intentar frenar la pérdida de biodiversidad. La Consejería de Medio Natural invierte este año unos 3 millones de euros y prioriza la recuperación de especies amenazadas, la protección de hábitats, el control de invasoras y la producción de flora autóctona en viveros forestales propios. La estrategia pasa también por reforzar la divulgación y la educación ambiental, con iniciativas destinadas a acercar a la ciudadanía el valor del patrimonio natural insular y la necesidad de implicarse en su defensa

Los expertos lo avalan: la conservación es tarea de todos

Los expertos insisten en que la conservación no puede recaer solo en la administración. La defensa de la biodiversidad empieza también en los actos cotidianos. No abandonar animales, no liberar especies exóticas y no introducir plantas invasoras son gestos básicos para evitar daños que, en muchos casos, tardan décadas en revertirse. En un territorio insular, donde cada ecosistema tiene un equilibrio delicado y cada especie cumple una función insustituible, la irresponsabilidad individual puede tener consecuencias colectivas muy profundas.

La legislación, además, es clara. El abandono de animales y la liberación de especies exóticas invasoras puede acarrear sanciones económicas importantes y otras medidas administrativas para proteger la fauna y la flora autóctonas. Sin embargo, más allá de la multa, el verdadero coste está en el deterioro de un patrimonio natural irrepetible.

Tenerife no solo protege plantas y animales amenazados. Defiende una parte esencial de su identidad natural. La lucha por salvar a esas quince especies en peligro inminente de extinción resume, en el fondo, un desafío mayor: conservar una isla única frente a amenazas que casi siempre tienen el mismo origen, la mano del ser humano.

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