El Complejo Ambiental de Tenerife impulsa una profunda modernización como eje del sistema insular de residuos
La instalación, que trata cerca de cien camiones diarios y casi 500 trabajadores directos, se renueva con nuevas infraestructuras y tecnología de la más última vanguardia

Arturo Jiménez

Cada día, alrededor de un centenar de camiones atraviesan, cargados con todo tipo de desechos, el Complejo Ambiental de Tenerife, en el municipio de Arico. Se trata del eje neurálgico del sistema insular de la gestión de residuos, un espacio que, en los últimos años, ha experimentado una profunda transformación marcada por la modernización de sus instalaciones y la incorporación de nuevas tecnologías.
Modernización del complejo insular
En este contexto, el Cabildo de Tenerife, a través de la Consejería de Medio Natural y la Dirección Insular de Residuos, ha impulsado una serie de actuaciones con la misión de mejorar el rendimiento, la operatividad y la capacidad de innovación del sistema de tratamiento de residuos en toda la isla. Todo ello, además, en coordinación con la empresa UTE Nivaria, adjudicataria de un contrato valorado en 474 millones de euros.
En esta linea, el director insular de Residuos, Alejandro Molowny, subraya que “la idea es incorporar tecnología de vanguardia para aumentar al máximo los niveles de recuperación de materiales dentro del espacio ya disponible”. “Eso permitirá prolongar la vida útil del complejo sin necesidad de ampliarlo”, admite en referencia a una instalación que cuenta con una superficie aproximada de 443 hectáreas, lo que equivale a más de cuatro kilómetros cuadrados o, lo que es lo mismo, 400 campos de fútbol. El Cabildo no se plantea aumentar la superficie del Complejo Ambiental.
El objetivo es consolidarlo como un nodo central dentro de un conjunto de obras e infraestructuras que, coordinadas entre sí, conforman el actual modelo insular de gestión de todos los desechos de Tenerife. “La gestión diaria”, resume Molowny, “persigue tres grandes objetivos: aumentar la eficiencia energética, optimizar el transporte y mejorar la recuperación de materiales para seguir avanzando hacia un modelo, cada vez, más sostenible”. Por ello, continúa el director, “estamos en un momento de cambio muy importante, trabajando de manera intensa y con mucha ilusión para mejorar la red insular de gestión de residuos que hasta ahora se conoce en Tenerife”.

Alejandro Molowny en una de las plantas del Complejo Ambiental de Arico / Arturo Jiménez
Entre las principales actuaciones, que superan los 55 millones de euros por parte del Cabildo, destacan, algunas de corte innovador, instalaciones como la planta de tratamiento de lixiviados, para depurar los líquidos tóxicos que suelta la basura descompuesta, o la de secado solar de lodos, para tratar y reducir la humedad de los lodos derivados del tratamiento de aguas residuales. A ello se suma, incluso, la construcción de un nuevo punto limpio dentro del propio complejo.
Asimismo, se ha reforzado la apuesta por la eficiencia energética mediante la incorporación de sistemas de captación de biogás y la modernización de la planta de tratamiento mecánico, una unidad donde los residuos se separan y clasifican de manera automática.
Un complejo 100 % eficiente
Dicha búsqueda de la eficiencia energética tiene su principal exponente en la valorización del biogás, generado a partir del tratamiento de los residuos. Se trata de un gas natural, prácticamente 100 % renovable, que se produce por la descomposición de la materia orgánica en ausencia de oxígeno. Esa materia orgánica, una vez depositada y confinada en celdas completamente selladas e impermeabilizadas, genera de forma natural este combustible rico en metano, cuya captación se ha incrementado en torno a un 20 %, gracias, en parte, a la mejora de los sistemas de extracción y a su canalización hacia nuevos motores y turbinas de última generación.
Como resultado, la instalación alcanza una capacidad de generación de 3,6 megavatios de electricidad, de los cuales 2,4 se destinan al abastecimiento de la red insular, mientras que el resto cubre el consumo interno del propio complejo, estimado en 1,2 megavatios. Lo generado, mediante un proceso llamado cogeneración, es suficiente para autoabastecer los procesos industriales del recinto y, lo sobrante, para dar servicio equivalente a unas 8.000 viviendas.

Residuos compactados a la espera de ser reciclados / Arturo Jiménez
“Para que no se escapen los gases”, cuenta Alejandro Molowny, “contamos con antorchas de seguridad –tuberías que queman el biogás– y sellamos definitivamente cada celda cuando finaliza su vida útil”. Lo hacen, además, con capacitación horizontal, comúnmente usada de manera vertical, “lo que permite recoger más gas desde el primer momento y aumentar su aprovechamiento”. Con esto se evita que el metano sea liberado a la atmósfera y, por ende, que se potencie el efecto invernadero y acelere el cambio climático.
El modelo insular de gestión de residuos
Paralelamente, las plantas de transferencia del norte, como el de La Guancha, y del sur, en Arona, han evolucionado hacia auténticos centros logísticos orientados a optimizar el flujo de residuos en la isla. Allí, los materiales se clasifican, trituran, compactan y organizan de forma masiva antes de su traslado, gracias a 56 nuevos vehículos y a 130 contenedores, al “corazón del sistema de residuos de Tenerife”.
Tal y como explica el director insular, “el Complejo Ambiental de Arico es el alma de la estructura” de desechos de la isla, aunque, insiste, en que no se trata de una única infraestructura, sino de “una red distribuida por todo Tenerife”. En ese engranaje, remarca, “el éxito del modelo no depende de una obra determinada o de una instalación específica, sino del conjunto”, ya que la coordinación entre todas ellas es lo que permite su funcionamiento diario.

Una de las plantas del proceso de residuos del complejo / Arturo Jiménez
El sistema, añade, requiere además una planificación constante del transporte, “organizando los desplazamientos para evitar, siempre que sea posible, las horas de mayor congestión del tráfico”, en un contexto en el que se mueven alrededor de cien camiones diarios y casi 500 trabajadores para gestionar las más de 500.000 toneladas de residuos que genera la isla cada año. “Si una de estas infraestructuras falla, no tenemos un plan B inmediato”, advierte, lo que obliga a un modelo cerrado en el que todo debe resolverse dentro del propio sistema insular.

Rosa Dávila, Blanca Pérez y Alejandro Molowny en el Complejo Ambiental / El Día
En este sentido, Molowny compara su funcionamiento con el de “un portaaviones o un gran barco”, donde todo debe estar articulado, y recuerda que el sistema ha experimentado un salto en rendimiento, eficiencia e innovación gracias a la modernización conjunta de infraestructuras. “Ese es el engranaje del que hablo”, resume, insistiendo en que cualquier mejora aislada no sería suficiente sin el funcionamiento coordinado del conjunto.
Impulsar la investigación
Así, Tenerife, con su modelo insular de recogida de desechos, se sitúa a la vanguardia de la innovación en el ámbito de la gestión de residuos y sostenibilidad mediante una inversión pionera que supera los 10 millones de euros en proyectos de investigación, desarrollo e innovación. “No podemos quedarnos con una fotografía fija; nuestras instalaciones también deben evolucionar. No queremos limitarnos a esperar a que el mercado desarrolle soluciones, sino impulsar nosotros mismos esa innovación mediante proyectos propios”, señala.

Uno de los contenedores con residuos / Arturo Jiménez
Y es que, en la actualidad, la isla funciona como un entorno real de experimentación a escala internacional. Entre las principales líneas de trabajo destacan la colaboración con el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables para el diseño de plantas fotovoltaicas adaptadas a las condiciones del territorio; el desarrollo de sistemas de control de emisiones mediante drones junto al Instituto Volcanológico de Canarias; la creación de soluciones inteligentes para la separación de residuos en el sector hotelero con la Universidad de La Laguna; y la investigación de fertilizantes de alto valor añadido para el sector agrario en colaboración con el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias.
Un complejo con dimensión social
Por si fuera poco, el desarrollo de este modelo tecnológico se apoya también en la implicación de la sociedad tinerfeña. La estrategia insular Tenerife+Sostenible, diseñada para promover las buenas prácticas, sitúa la concienciación ambiental como eje central y busca fomentar hábitos responsables en coordinación con ayuntamientos, centros educativos y colectivos sociales.
La participación ciudadana refleja ya resultados significativos. La red de Puntos Limpios ha registrado cifras récord, con cerca de 339.000 usuarios y más de 63.000 toneladas de residuos recogidos de forma selectiva, además del aumento de la recogida separada de materia orgánica, que ha pasado de 162 toneladas, en 2020, a más de 2.500 en el último año. Cabe destacar, el uso de herramientas como la aplicación Truec@, que promueve la reutilización de objetos en buen estado para prolongar su vida útil.

Operarios manejando las garras hidraúlicas en el proceso de trata de residuos. / Arturo Jiménez
Por último, en el ámbito educativo, el Cabildo impulsa programas de sensibilización ambiental como Aulas+Sostenibles y el aula móvil S’ Lab, que acercan la educación ambiental a escolares y municipios, para reforzar la cultura del reciclaje desde edades tempranas. Esta actividad ya ha alcanzado los 739 participantes en tan solo un año.
A partir de ahí, precisa el director, el sistema se articula siguiendo la jerarquía europea de desechos: “minimización, reutilización, reciclaje, recogida selectiva y, por último, la gestión de residuos”. Una cadena en la que cada fase cumple un papel concreto y en la que también se incorporan iniciativas como la reutilización de objetos o la ampliación de la recogida selectiva, junto a proyectos específicos como el tratamiento del textil a nivel nacional, del que solo cinco complejos ambientales de toda España forman parte, entre ellos el de Tenerife.
“Lo importante es convertir esa basura en un recurso, en una materia prima para nuevas industrias del reciclaje”, concluye. Y es que, se trata de un trabajo que busca intervenir antes de que los residuos lleguen siquiera al sistema, dentro de una jerarquía clara que prioriza la reducción y deja la gestión final como último recurso: “el mejor residuo es el que no se produce”.
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