San Marcos, el barrio que se aferra a su historia mientras su playa desaparece
Un recorrido a través de un enclave costero que antiguamente era uno de los puntos neurálgicos más importantes del norte de Tenerife y que, a día de hoy, sufre

Panorámica del litoral de San Marcos / Arturo Jiménez

“El San Marcos que conocimos ya no existe”. Esa frase la expresa, cerrando los ojos y asintiendo con tristeza, Yeray Dorta, un vecino que pasó su infancia en aquel barrio de Icod de los Vinos, aunque ahora vive cerca del casco histórico. Y es que, a simple vista, San Marcos parece un pequeño enclave costero suspendido a las afueras del municipio, entre charcos naturales y en una tranquila ensenada. Sin embargo, bajo esa aparente calma y más allá del litoral, varios cambios han ido transformando el lugar con el paso de los años.
El barrio en la actualidad
El principal desgaste tiene relación con su emblemática playa, que antaño fue un importante enclave turístico de arena negra, pero que, en la actualidad, ha quedado reducida a un pedregal por la pérdida progresiva de su sedimento, provocada por alteraciones en las corrientes marinas tras intervenciones en el entorno del antiguo muelle. Pese a ello, ese no es el único enredo que afecta al barrio, aunque, como comenta Jonay Díaz, presidente de la Asociación Los Hachitos de San Juan, “es la playa la que se lleva el foco de todos los problemas”. “Es la única que tenemos en Icod. Antes era bonita, con su arena, con barcas, con su vida… pero se ha ido perdiendo y hoy prácticamente no hay playa. Es doloroso y triste”, lamenta.

Cartel de denuncia sobre las esclaras de la playa / Arturo Jiménez
Por ese motivo, la localidad, según los vecinos, ha “perdido todo el atractivo” y el “interés dentro del municipio”. “Me cuesta bajar al barrio”, señala Yeray, “da pena ver cómo está y recordar cómo era antes”. Jonay Díaz, por su parte, coincide con su visión. “En su momento, hace más de 15 años, mucha gente de otros lugares venía a veranear, porque había, sobre todo, vida. Ahora no hay actividad económica nueva, no se abren negocios y, por las tardes, no hay nadie. Hace mucho tiempo que ya no es así… se ha perdido ese ambiente”, prosigue.
Él mismo evoca su infancia en aquella humilde zona costera: “Nos pasábamos todos los días correteando y jugando a la trinca. Se organizaban cines en la arena, con una pantalla y una caseta. Se llenaba de gente viendo películas… qué buenos momentos”.
Un barrio con siglos de historia
Este contraste entre la imagen de lo que fue y la realidad actual ha servido como punto de partida para recuperar la memoria del barrio. De esa necesidad nace la exposición impulsada por la asociación Los Hachitos de San Juan, elaborada con la ayuda del profesor de Historia de la Universidad de La Laguna, Dámaso Luis, también vecino de San Marcos, y con el objetivo, según el propio docente, de “vincular a la población con un pasado histórico que muchas veces se desconoce”.

Curiosos paseando por la exposición / Arturo Jiménez
La historia se remonta a la época guanche, cuando la zona ya estaba habitada por los primeros pobladores de la isla, “debido a la riqueza y al aprovechamiento de los recursos marinos”, como explica el historiador. Tras la conquista castellana, el enclave comenzó a transformarse y, durante el siglo XVI, se convirtió en un importante centro de carpintería de ribera, donde se construían y reparaban embarcaciones que conectaban Canarias con Europa y América. Tanto fue así, que en sus astilleros se construyó El Clavel, una de las embarcaciones más destacadas del corsario canario Amaro Pargo.
Con el tiempo, el puerto se consolidó como pieza clave del comercio insular, a lo que el docente atribuye directamente el contexto económico de la época. “Las comunicaciones se producían por barco y había un desarrollo agrícola, sobre todo de economía de exportación, en el norte de Tenerife”, aclara.
Una historia en torno al mar
Desde allí, se enviaban productos como madera, azúcar, vino o seda, y llegaban mercancías de diferentes procedencias. Esta relevancia se reforzó en el siglo XIX con la construcción del muelle, que impulsó la actividad pesquera y el transporte marítimo, los cuales sustituyeron a la construcción naval como principal motor económico, especialmente con el auge del plátano.

Algunos de los carteles de la exposición / Arturo Jiménez
En este sentido, “el puerto de San Marcos”, sostiene de nuevo Dámaso Luis, “era un nodo secundario dentro de la constelación del entramado marítimo del norte de la isla”. A su vez, “el eje principal era el de Garachico, hasta su decadencia, y lo acompañaba, además, el del Puerto de la Cruz, que por aquel entonces era el puerto de La Orotava”, cuenta el profesor.
Emigración e identidad costera
Ahora bien, el lugar que hoy en día conocemos se configuró en los años cuarenta con la construcción de la Barriada García Escámez, destinada a las familias de pescadores. Desde entonces, afirma el historiador, “la pesca ha marcado la vida del barrio”, con generaciones que salían al mar a remo y en grupo, y que mantuvieron un oficio duro que, con el tiempo, se mecanizó.
Junto a ellos, las pescaderas desempeñaron un papel esencial en el transporte y venta del pescado en otros municipios, donde recorrían largas distancias a pie. En este escenario, las dificultades económicas del siglo pasado provocaron la emigración de muchos vecinos, especialmente hacia Cuba y Venezuela, mientras quienes permanecieron en el barrio afrontaron la situación con esfuerzo y solidaridad.
De estas experiencias surgió una “identidad colectiva” muy marcada, basada en la ayuda mutua y el sentido de pertenencia. Con el tiempo, el término “playero”, antes despectivo, fue asumido por los vecinos como símbolo de identidad y orgullo. Y ahí, “la playa se sitúa como el punto de inicio para sus actividades pesqueras y el lugar de referencia de todos los vecinos”, concluye Dámaso Luis.
El futuro del litoral
Por eso mismo, la pérdida progresiva de la playa, que está, asimismo, reconocida con el distintivo de la bandera azul, ha afectado tanto a las dinámicas como al devenir cotidiano del barrio. A esta situación se suman también el déficit de infraestructuras y el aumento de los precios del alquiler, una realidad compartida con otros puntos de Tenerife.
“Se nota que San Marcos ha perdido vida”, señala otro de los vecinos, Jonay Hernández, quien apunta a una sensación generalizada de “estancamiento”. “No es solo la playa, es todo lo que rodea al barrio: faltan servicios, faltan oportunidades y cada vez es más difícil quedarse aquí”, lamenta mientras sube la cuesta que conecta Icod con la zona costera. “Se nota bastante en el día a día”, añade, “porque el barrio no tiene el mismo movimiento de antes y cada vez cuesta más mantener cualquier tipo de actividad”.
Para el propio vecino, que, al igual que Yeray, ha tenido que alternar su residencia entre el centro Icod y San Marcos, el barrio es también un lugar hecho de recuerdos. Creció entre sus calles y aún conserva la costumbre de pasearlas, reconociendo rincones que apenas han cambiado y otros que ya poco se parecen a los de su infancia. "Recuerdo un pueblo con más ambiente, más familias y más vecinos haciendo vida aquí. Aquel entonces ya tenía algún problema. No era un sitio perfecto, pero tenía un movimiento que ahora se echa de menos", manifiesta con una sonrisa más nostálgica que resignada, antes de darse la vuelta para observar, de nuevo, las vistas del litoral.
De cara al futuro, el presidente de la asociación, Jonay Díaz, mantiene una visión, ante todo, esperanzadora. “Me gustaría que se mantuvieran las tradiciones y que la playa pudiera recuperarse. Que vuelva a tener arena, aunque sea de machaqueo o volcánica, pero que la gente pueda disfrutarla. Porque el entorno es precioso, el mar está limpio, pero necesita una intervención. Sin eso, es difícil que recupere vida”, explica. Entre la memoria de lo que fue y la incertidumbre de lo que será, San Marcos sigue mirando al mar que lo define, a la espera de que su playa vuelva a ser el punto de encuentro donde, como recuerdan sus vecinos, empezó todo.
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