El Parque Nacional del Teide estrena la prohibición de fumar, pero aún sin cartelería que advierta a los visitantes
Guardas y técnicos del parque informan a los infractores sobre la nueva normativa antitabaco, a la espera de una señalización más visible

Algunas colillas recogidas del Parque Nacional del Teide / Arturo Jiménez

Miles de visitantes recorren, cada día, el Parque Nacional del Teide. Algunos hacen fotos, otros descansan junto a los miradores y otros preparan sus rutas de senderismo. Desde el 19 de junio, todos ellos deben cumplir una nueva norma: queda prohibido fumar en todo el espacio abierto del parque como medida de prevención frente al riesgo de incendios forestales.
La resolución afectará a quienes acostumbran a llevarse un cigarrillo a la boca en senderos, pistas, miradores, áreas recreativas, aparcamientos, zonas de descanso e instalaciones de uso público, salvo en aquellas edificaciones cubiertas donde esté expresamente permitido. Todo ello, después de que, en las últimas semanas, se hayan registrado tres incendios en espacios protegidos de Tenerife, presuntamente originados por colillas.

Rastros de cigarros en el Teide / Arturo Jiménez
No obstante, varios días después de la entrada en vigor de la prohibición, apenas existen, a lo largo y ancho del espacio protegido, elementos visibles que recuerden a los visitantes la nueva normativa. La situación resulta especialmente llamativa en algunas de las paradas junto a la carretera TF-21. En una de ellas, situada junto al acceso a un sendero, fue posible localizar más de una treintena de colillas en apenas unos minutos. Todo ello, en pleno inicio del verano, con temperaturas elevadas y bajo un sol que, cada vez, cae con más fuerza sobre Las Cañadas.
Una mayoría a favor
De eso mismo se sorprendían Rebeca, Javier y Pablo, una familia de Burgos, que pasaba la mañana dando una vuelta por las faldas del volcán. Pese a desconocer la norma, se sorprenden de haber encontrado, en el interior de uno de los caminos, varios restos de fumadores. “No hemos parado de ver colillas”, dice Javier, el padre, incluso antes de preguntarle por su opinión. Su pareja, en cambio, celebra la noticia sobre la prohibición. “Nos parece una muy buena decisión que no se pueda fumar. ¡Que bien, chapó!, aplaude Rebeca.
Ellos no fuman, pero aseguran que entienden a quienes lo hacen. Aun así, creen que la medida es necesaria. “La norma es buena porque protegemos un paraje natural muy importante y, además, hay que tratarlo con mucho cuidado”, apunta Javier. El grupo recuerda los incendios que se han vivido en otras zonas de España y subraya la importancia de evitar cualquier descuido. “Nosotros somos del norte, pero vamos mucho a Galicia y allí se está quemando continuamente, igual que en Zamora y en otras provincias con mucho entorno natural. Que se queme adrede o por una colilla, es una pena”, añade la madre.
Adaptación a la normativa vigente
La adaptación a la nueva normativa, a su vez, todavía parece estar en marcha. Durante el recorrido fue posible observar a varias personas fumando en distintos puntos del espacio protegido, muchas de ellas aparentemente ajenas a la prohibición. Se trata de una situación que no sorprende del todo a quienes trabajan sobre el terreno. Tanto guardas como personal vinculado a la gestión del parque reconocen que la medida apenas lleva unos días en vigor y que, por ahora, no existe señalización específica que recuerde a los visitantes que fumar está prohibido.

Varias familias paseando por el Parque Nacional / Arturo Jiménez
Un técnico de Gesplan, al ser cuestionado sobre cómo se actúa ante un incumplimiento, explica que ya existe la intención de actualizar la cartelería e incorporar avisos de "no fumar", del mismo modo que ocurre con otras restricciones, como las relacionadas con el uso de drones. Mientras tanto, al menos de momento, no le constan multas impuestas por este motivo y, en caso de encontrarse con una persona fumando, asegura que su primera reacción sería informarle de la nueva normativa antes que iniciar cualquier otro procedimiento. “Le diría: Oye, mira, que sepas que no se puede fumar”, simula durante la conversación.
La población acepta la medida
Ahora bien, en términos generales, la norma parece contar con el apoyo de la mayoría de los visitantes, que ponen por delante la protección del entorno natural del Teide. “Es lo que se debe hacer, nos parece genial”, comenta un grupo de amigos de Los Realejos, que, aunque fuman, consideran necesaria la prohibición. “Es una buena medida”, admite, entre sonrisas, otra pareja de turistas portugueses, que también desconocía la nueva normativa. “Hay que proteger el medioambiente por encima de todo”, continúan la mujer con un castellano prácticamente perfecto, “en nuestra tierra, que yo sepa, no han aprobado cosas así”. “Muy bien Tenerife”, resume, con ambos pulgares hacia arriba a modo de aprobación.
“En todos lados hay tabaco, en las playas, en la calle, en todas partes. Por mí, estupendo, lo primero es proteger el entorno”, comenta, por su parte, María José, residente en Madrid pero originaria de Málaga. “En Andalucía también te pone que no fumes en la playa, pero luego fuma mucha gente”, señala. Para ella, la medida tiene todo el sentido. “Si en cualquier playa empiezan a tirar colillas por todas partes, es repugnante”, manifiesta, convencida de que restringir el tabaco en espacios naturales es una decisión acertada.
Voces en contra
Sin embargo, hay quienes no terminan de ver con buenos ojos la prohibición. Uno de ellos, Miguel López, de Sagunto, un municipio valenciano, asegura que entiende la necesidad de proteger el Teide, pero considera que la medida “se pasa de frenada”. “Está muy bien que cuiden el parque, pero tampoco todos los que fuman vienen a quemar nada. No todos somos pirómanos ni venimos a hacer daño. Ya nos prohíben fumar en un bar, en una terraza y ahora, también, en cualquier sitio. ¿Por qué no prohíben fumar y ya está?”, lamenta resignado.
Su acompañante, vecino de Santa Úrsula, comparte su misma visión, aunque con más matices. Cree que la protección del entorno es necesaria, pero no descarta que pudiera habilitarse algún espacio concreto para fumadores. “Yo estoy de acuerdo en que hay que cuidar nuestros paisajes, eso está claro. Pero, ¿por qué no delimitan zonas bien controladas, seguras, para que quien quiera fumar lo haga sin problema y sin molestar ni arriesgar nada?”, comenta.
Multas y vigilancia
Para quienes atenten contra el espacio natural, las sanciones pueden ir desde los 100 hasta los 1.000 euros por fumar y, si la conducta deriva en un incendio forestal, las multas pueden alcanzar los 100.000 euros por responsabilidad civil e incluso conllevar penas de prisión. La vigilancia del cumplimiento, por tanto, recae en los agentes de medioambiente, los guardias forestales y los efectivos de Brifor en el límite del parque.
Desde el último incendio de 2023 se han adoptado medidas tanto preventivas como coercitivas para mantener una línea de trabajo conjunta con el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y otros cuerpos de seguridad. Estas actuaciones han permitido que, en la actualidad, cinco responsables de incendios que se encuentren en prisión. Entre los casos destacan el de Icod el Alto, en Los Realejos —que acumulaba más de 100 incendios a sus espaldas—, el de San Miguel Alto o el de La Esperanza. Y es que, en un lugar al que miles de personas llegan cada día, una sola colilla puede alterar la imagen de uno de los espacios más emblemáticos de Tenerife. Por eso, más allá de gustos o molestias, la nueva norma busca que el paisaje siga siendo, ante todo, paisaje.
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