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Máxima tensión en el Claustro de la Universidad de La Laguna (ULL) por la eliminación de los exámenes de julio: "Es una propuesta lamentable y mezquina"

Los estudiantes protestan contra la propuesta de eliminar la convocatoria de julio, que consideran un recorte académico y una pérdida de oportunidades

Abucheos y pancartas en la ULL antes de decidir el futuro de los exámenes de julio

Andrés Gutiérrez

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

El futuro de los exámenes de julio de la Universidad de La Laguna (ULL) podría conocerse este mismo martes. El profesorado planteó en el marco de la reforma del Estatuto eliminar el llamamiento de julio, una propuesta que no ha sido bien acogida por los alumnos, que consideran que sería un "importante recorte" y una "pérdida de oportunidades". Tras una semana en la que ha habido movilizaciones -presenciales y en redes sociales- y una recogida de firmas, ha llegado el día de la votación: el Claustro elegirá entre la opción A, la que contempla dos convocatorias y solo dos evaluaciones, o la opción B, la que propone mantener el modelo actual de dos convocatorias y tres evaluaciones. Otra opción, que también podría ocurrir, es que la sesión ordinaria concluya sin acuerdos.

Los estudiantes llegaron a primera hora de esta mañana con ganas de hacerse oír. Más de medio centenar de alumnos recibió al rector, Francisco García, y a la vicerrectora de Estudiantes, María Rosario Hernández, con abucheos, pancartas y al grito de “vergüenza”. Ellos no fueron los únicos que alcanzaron críticas, pues los jóvenes también trasladaron su malestar a otros miembros del Claustro. Cada uno de los presentes portaba una hoja con algunas de las firmas -consiguieron unas 7.000 en una semana de campaña- que la representación estudiantil ha recogido estos días.

Una vez iniciada la sesión ordinaria, la zona superior del Aula Magna -único espacio habilitado para el público- estaba repleta de estudiantes que esperaban expectantes por la decisión del Claustro. Incluso hubo jóvenes que se tuvieron que quedar de pie porque no cabían en los asientos.

La respuesta de los representantes estudiantiles

En la parte inferior se quedaron los representantes que sí tuvieron la oportunidad de subirse al atril. Uno de ellos fue el portavoz de Ágora, Gabriel Suárez, quien definió esta propuesta como "una nueva muestra de la deriva que está tomando la ULL". "Resulta difícil creer cómo toman oportunidades que limitan nuestros derechos académicos, no estamos dispuestos a cruzar esa línea", denunció.

Según defendió, esta propuesta fue planteada por un grupo del profesorado en una reunión de la Comisión de Reforma de los Estatutos a la que solo fue un representante del estudiantado porque se celebró en plena convocatoria de exámenes. "Esta acción por parte del profesorado es lamentable, mezquina y demuestra una solidaridad nula con el estudiantado", resaltó.

Todos los representantes fueron bastante críticos con la institución académica y, sobre todo, con su máxima autoridad -el rector- y con el profesorado. "Pido, por favor, a los docentes a los que nos estamos dirigiendo que levanten la cara del móvil y presten atención como un mínimo de respeto", exigió el portavoz del Grupo Claustral Ágora.

Los nombres propios

Durante su intervención también puso nombre propio a esas oportunidades que brinda el segundo llamamiento. Susana, 21 años y estudiante de Ingeniería Mecánica, perdió su beca del Ministerio de Educación por no llegar al mínimo de asignaturas aprobadas. Este año, gracias a julio, tuvo la oportunidad de recuperar la ayuda. "Quizás el próximo año no sea así y tenga que abandonar", advirtió. Javi, un lanzaroteño de 19 años que estudia Derecho y trabaja en una cafetería para poder pagar un piso y la matrícula de la ULL porque no tiene beca. "Hasta ahora ha podido sacar el curso sin necesidad de pagar segundas matrículas; menos mal, porque no puede permitírselo", señaló.

El secretario, al inicio de la sesión, explicó que en la primera opción -la que ha suscitado la polémica- el examen final, de existir, no puede tener un peso desproporcionado ni ser el único elemento. El alumnado, sin embargo, no cree que este planteamiento se cumpla en las aulas.

¿Existe la evaluación continua?

Como prueba de ello, Suárez aportó varios ejemplos de cómo está la evaluación continua. En la asignatura de Inmunología, en el Grado de Medicina, el alumnado debe realizar tres exámenes en los que debe sacar mínimo un siete y, aun así, no son liberatorios porque del examen final sale el 50% de la nota. "Y si suspendes alguna prueba vas directamente a extraordinaria; es lamentable", aseguró. En la misma carrera, Histología, una materia que exige sacar, como mínimo, un nueve en el parcial.

Y algo similar ocurre con Procesal, en Derecho: "Para evaluarte en la continua tienes que realizar una práctica que vale el 50% de la asignatura y que se desarrolla la semana antes del examen; si suspendes, directo a la convocatoria extraordinaria". La evaluación continua, detalló, lleva desde 2004 en los estatutos: "¿En todo este tiempo no se ha podido implantar un método más efectivo?".

¿Qué defiende el profesorado?

Uno de los momentos más tensos llegó en la última intervención, la del Programa Alternativo para el Profesorado (PAP). La portavoz, Gloria Rojas, defendió que el examen de convocatoria puede servir para calificar, pero no necesariamente para aprender. "El verdadero derecho del estudiantado es recibir una educación de calidad y sus estándares se miden por los niveles de aprendizaje permanente, duradero y alcanzable", afirmó. Desde su perspectiva, la evaluación continua "bien diseñada" es sinónimo de progreso académico y social. "No compartimos para nada la premisa de que un segundo llamamiento sea un derecho, es un error mayúsculo y una concepción tradicionalista del aprendizaje", argumentó tras ser abucheada por los alumnos presentes.

Andrés, como representante de los estudiantes, subió al atril para poner en duda el planteamiento de Rojas. "En la asignatura que imparte en Derecho, Derecho del Trabajo, la evaluación se realiza mediante dos pruebas, cada una de ellas vale un 50% de la nota final, ¿eso le parece la evaluación continua que quiere implantar su grupo?", afeó.

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