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Discapacidad

Un joven de Tenerife con TEA convierte los dibujos con los que intentaba comunicarse de pequeño en un libro: "Es mi voz antes de las palabras"

Daniel Comín reconstruye junto a su madre los primeros doce años de su vida gracias a los trazos que hizo antes de poder hablar

Ahora esa parte de su vida sale a la luz con ‘El Patrón Perfecto’, un libro de recuerdos que acerca al lector a la mente de un niño con autismo.

Daniel Comín a las afueras del Auditorio de Tenerife mientras lee su libro ‘El patrón perfecto’.

Daniel Comín a las afueras del Auditorio de Tenerife mientras lee su libro ‘El patrón perfecto’. / Andrés Gutiérrez

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Clara Santamaría

Clara Santamaría

Santa Cruz de Tenerife

Cuando Daniel Comín era pequeño y se suponía que debía empezar a decir sus primeras palabras, no lo hizo. Mientras otros niños aprendían a decir mamá o papá, él se comunicaba con dibujos y garabatos. Lápiz y goma en mano, llenaba hojas de figuras y patrones que para muchos no significaban nada. Tampoco para su madre, Delfina Pérez. Sin embargo, algo en ella le llevó a guardar aquellos papeles como oro en paño. Los atesoró durante años, incluso cuando las respuestas tardaban en llegar. Y sin saberlo, estaba preservando la primera voz de su hijo.

Hoy, esos mismos dibujos dan vida a El Patrón Perfecto, el libro de Comín que permite asomarse a la experiencia de crecer con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Cuando Comín tenía apenas dos años, su madre recibió el diagnóstico. Hasta los doce, Comín no consiguió hablar con fluidez. Y más de dos décadas después, madre e hijo han logrado descubrir juntos el significado de aquellos trazos.

El Patrón Perfecto no es solo un libro que aborda el autismo desde una mirada científica, ya que incluye informes realizados por los distintos profesionales que pasaron por la vida de este joven. Es también una obra íntima que ha permitido a Comín y Pérez cruzar la barrera que durante años dificultó su comunicación. "En toda esa etapa no había explicación de lo que sentía Dani", recuerda su madre. Así, este libro les ha servido para reconstruir, dibujo a dibujo, los doce primeros años de una vida que entonces no podía contarse con palabras.

Una exposición de arte inspiró al autor

La obra surge casi por casualidad. Su origen se remonta a una exposición de arte a la que Comín y Pérez acudieron el año pasado por mero disfrute. En el museo, la artista de la muestra realizó un taller de dibujo con carboncillo en la pared. "Participamos y a partir de ahí dije, esto me recuerda bastante a lo que yo hacía de pequeño", apunta.

Al día siguiente, motivado por un golpe de nostalgia, le dio por hacer limpieza de los dibujos que conservaba su madre. "Y justo ahí pensé que esa gran cantidad de garabatos, marcados por un patrón –de ahí el título de la obra– daba para escribir un libro", detalla. Y así lo hizo.

Si bien es cierto que al principio le dio un poco de vértigo revelar esa parte íntima de su vida, al final decidió hacerlo por una sencilla razón: ayudar al resto. "Me costó bastante, pero es una forma de transmitir a las personas que si un niño diagnosticado con TEA cuenta con los apoyos y las herramientas necesarias desde pequeño puede llegar hasta donde quiera, incluso a escribir un libro", señala. Pues en esos 24 capítulos y 188 páginas se recorren los 23 años de evolución de Comín.

Una vida estructurada en cinco bloques

A lo largo de la publicación, Comín abre su mundo interior y lo ordena en cinco grandes bloques: la infancia antes de las palabras, la percepción del entorno, el proceso de adaptación a la vida, la evolución de su propia conciencia y la forma en la que hoy entiende y habita el mundo.

El libro es en sí mismo un guiño al proceso comunicativo de su autor. Las ilustraciones se acompañan en todo momento de párrafos que contextualizan su propia historia, pero con una particularidad en el formato: están escritos a través del procesamiento gestáltico del lenguaje. Es la manera en la que Comín aprendió a expresarse, con bloques completos de lenguaje antes que palabras aisladas. Y desde el minuto uno, tanto él como su madre tuvieron claro que este rasgo debía materializarse en el libro. De hecho, al principio la impresión que da la obra de Comín es de poemario, por la brevedad de los párrafos.

¿Qué esconden los trazos?

Son muchas las anécdotas de su día a día que están reflejadas en esta historia. Por ejemplo, uno de sus capítulos está dedicado exclusivamente a su percepción del ruido. "Era algo que atravesaba mi cuerpo, no sabía decir que me molestaba y huía", recuerda Comín en el libro. Su madre lo veía salir de la cocina o de cualquier otra habitación en busca de distancia. Y luego, desde la calma, dibujaba. Era su manera de convertir aquel sonido caótico en algo que pudiera ver: "Era la forma que tenía de ordenarlo, atraparlo y dejarlo quieto en el papel". Otros dibujos, en cambio, son el fiel retrato de ese intercambio de perspectivas que han hecho madre e hijo ahora, después de tanto tiempo. Y algunos incluso demuestran etapas dolorosas de su vida.

Una de las páginas de 'El patrón perfecto'.

Una de las páginas de 'El patrón perfecto'. / Andrés Gutiérrez

Este proceso creativo –que ha durado más de un año entre la recopilación de dibujos, su limpieza a través de herramientas digitales y la escritura de la obra– le ha servido a Comín para conocerse también a través de las valoraciones de los profesionales que lo acompañaron durante su vida. "Él ha comprendido muchas cosas ahora e incluso me ha dicho: realmente fue difícil y costoso para ti, no sé cómo me quieres todavía", cuenta Pérez. Y es así como ambos se han reencontrado con una historia que vivieron desde lugares distintos. Por eso, la publicación de Comín está dedicada especialmente a la persona que guardó durante años aquello que ni él podía explicar: su madre.

"Trátelo con cuidado, es mi voz antes de las palabras". Con esta frase arranca la obra. Y, como buen lector, conviene seguir la advertencia. Porque entre sus páginas no solo hay dibujos: también están los doce años de vida que madre e hijo han conseguido recuperar juntos.

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