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Educación

El instituto de Tenerife donde nadie sufre en silencio: el IES Benito Pérez Armas recibe un premio por su innovador modelo de convivencia

El centro ha conseguido que sus más de 600 alumnos confíen en su red de apoyo y acudan a ella cuando atraviesan alguna dificultad

Las alumnas ayudantes Natacha Abreu y Tiziana Nicola ayudan a un estudiante en apuros.

Las alumnas ayudantes Natacha Abreu y Tiziana Nicola ayudan a un estudiante en apuros. / Andrés Gutiérrez

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Clara Santamaría

Clara Santamaría

Santa Cruz de Tenerife

"No nos diferenciamos por ser un centro en el que no haya problemas, todo lo contrario". Estas son las palabras con las que la directora del IES Benito Pérez Armas, Esther Alonso, describe a su propio centro. A priori cuesta imaginar que un espacio como este acabe de recibir un premio de la Consejería de Educación por su modelo de Convivencia, Bienestar y Protección. De hecho, el equipo viajó este martes hasta La Gomera para recoger estos Distintivos de Excelencia 2025, que también fueron otorgados a otros diez centros del Archipiélago por la calidad de sus proyectos. Sin embargo, este galardón no es fruto de un milagro, ni tampoco de ningún truco de magia. Lo que de verdad diferencia a esta comunidad educativa de otros institutos del Archipiélago es su compromiso con el bienestar del alumnado.

"Hemos creado una estructura tanto organizativa como de recursos con la que intentamos anticiparnos a los problemas y acompañar a los estudiantes que sufren alguna situación de este tipo", explica Alonso. Y es precisamente esa red de apoyo la que les ha hecho ganarse la confianza del alumnado. Gracias a ella, situaciones que antes no siempre salían a la luz ahora encuentran un espacio seguro donde ser escuchadas y atendidas. "Lo cierto es que tenemos bastantes problemas de convivencia, de situaciones de vulnerabilidad, sufrimiento y problemas personales, pero cada caso es diferente y por eso intentamos dar respuestas individualizadas", señala. Al final, son 620 alumnos los que componen la parte estudiantil de este centro.

La coordinación, la clave del éxito

En este sentido, el centro no espera a que los problemas estallen. Poco a poco, el equipo se ha encargado de crear un sistema eficaz para la detección precoz y derivar cada caso al recurso más adecuado. Y para ello, la coordinación ha sido una pieza fundamental. En el centro existe una estructura integrada por docentes de distintos perfiles. Todos conocen en profundidad los recursos a disposición del centro, tanto internos como externos.

Además, cada nivel educativo cuenta con un profesor referente encargado de centralizar la información sobre el alumnado. Y es que cuando un estudiante muestra señales de malestar o atraviesa alguna dificultad, cualquier miembro de la comunidad educativa —ya sean compañeros, docentes, familias o personal no docente— puede activar el protocolo mediante una ficha de derivación. Posteriormente, el caso se analiza de forma conjunta para determinar qué recursos y apoyos son los más adecuados para atender sus necesidades.

Recursos del centro

En cuanto a los recursos internos del instituto, existen numerosas figuras que dan vida a este gran esqueleto auxiliar. Por un lado, están los tutores efectivos, es decir, aquellos docentes que se encargan de realizar un seguimiento individualizado a determinados alumnos —que van más allá de la tutoría ordinaria—. Por otro, el tutor individual, para los estudiantes con necesidades específicas. Además, el centro cuenta con varios programas que permiten a los docentes habilitar horas de trabajo para estos cometidos.

Otro aspecto característico del centro son sus recreos activos, que no es otra cosa que actividades organizadas durante los descansos para favorecer la participación y reducir conflictos. Además, diversas oenegés colaboran con el instituto y ofrecen atención psicológica en horario lectivo. Incluso algunas como Aldeas Infantiles se han involucrado tanto que han desarrollado trabajo conjunto entre sus educadores sociales y esta comunidad educativa. A través de Educando el Talento, estos profesionales intervienen con grupos que presentan conflictos y realizan seguimiento a alumnado derivado por el centro. Aunque lo más llamativo es su labor con los estudiantes sancionados o expulsados temporalmente, a quienes les brindan apoyo para que no pierdan el ritmo académico y superen los problemas de convivencia.

Los ángeles de la guarda del Benito Pérez Armas

Pero lo mejor para el final. En general, el recinto está repleto de espacios de escucha que les sirven a los pequeños del instituto, y a los no tan pequeños, para ponerse en contacto con sus ángeles de la guarda: los alumnos ayudantes. Ellos son las figuras estrellas de todo el centro. Estos estudiantes representan la primera toma de contacto para quienes están en apuros y se les reconoce fácilmente por los pasillos o las canchas del instituto. O bien llevan su característica tarjeta identificativa, que les permite mostrar su título de protectores, o van uniformados con una camiseta gris que les permite identificarlos a metros de distancia.

Tres de ellas son Erika González, Natacha Abreu y Tiziana Nicola. Todas de cuarto de la ESO. Y aunque apenas se cumple un año del comienzo de esta iniciativa, ellas ya tienen una reputación consolidada. Pues todo el mundo las conoce en el centro. Su labor de escucha no se reduce solo a los problemas de convivencia, también ayudan académicamente a quienes las necesitan. "Ya cuando nosotros no podemos gestionar la situación porque el problema es grave nos encargamos de derivarlo a la orientadora", detalla González. Y como nadie nace aprendido, estas tres estudiantes reciben formaciones trimestrales para pulir sus destrezas y habilidades.

Casi una treintena de alumnos dispuestos a ayudar

Pero ellas no son las únicas. En realidad, 27 estudiantes forman parte de esta bonita tarea. Y ha sido tan grande el éxito de esta figura que ya hay una gran fila de alumnos que desean incorporarse al equipo el próximo año. Aunque por como lo describe Abreu, no debe extrañar que todos se quieran sumar a este club. "Al final tienes esa sensación de bienestar contigo mismo, no solo vienes a cumplir tu función de estudiar, sino que también ayudas a gente que te necesita", confiesa.

Todo esto no sería posible sin la coordinadora de Bienestar del centro, Ruth Rodríguez. "Me encargo de vigilar o acompañar los casos de acoso, activar los protocolos de prevención de conducta suicida y acompañar al alumnado con los problemas que planteen, sobre todo en los relacionados con el bienestar y la convivencia", menciona. Y es que este equipo de profesionales ha conseguido establecer una cultura de escucha y cuidado al alumnado. "Antes, el profesorado desconocía los problemas que había y cuando los escuchaba no sabía muy bien qué hacer con eso", explica. Pero ahora ya saben con certeza que detrás va a haber una respuesta y un equipo apoyándoles.

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