Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La Orotava convierte la romería de San Isidro y Santa María de la Cabeza en un ritual de respeto a la tradición en Tenerife

Más de 30.000 personas disfrutan de la cita villera que honra al paseo romero iniciado en 1936

Romería de La Orotava en honor de San Isidro y Santa María de la Cabeza

Arturo Jiménez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

La romería en honor a San Isidro y Santa María de la Cabeza en la Villa de La Orotava es todo un ritual. Una auténtica demostración de respeto a la tradición que inició César Hernández Martínez en 1936 y que, hoy en día, sigue viva en las más de 30.000 personas que se concentraron este domingo en otra edición. Fue un día nublado, pero bochornoso, en el que solo hubo tiempo para la alegría y la emoción.

Aunque la romería salió a las 13:30 horas desde San Francisco, el rito romero de la jornada arranca antes. Ver salir a San Isidro y Santa María de la Cabeza, acompañados de los labradores y la fanfarria, desde la iglesia de La Concepción es un momento especial y solemne. "Es el arranque de la romería. Es la emoción de verlo salir, de ver a los labradores con las varas engalanadas. Es el momento en el que empieza el cosquilleo, las mariposas en el estómago y ya sabes que va a empezar lo bueno", dice Conchi Díaz a la puerta del templo mariano. Va con un grupo de amigos, perfectamente ataviados porque no les falta ni un solo detalle: ellos muy cumplidores con las polainas de cuero y ellas todavía más con su pañuelo amarillo a la cabeza, sombrero y capa verde en el hombro derecho. "Es un traje típico. No estamos en carnavales y no vienes a presumir tampoco. Creo que nos llenamos la boca con la palabra canariedad, pero a la hora de la verdad la dejamos atrás porque no nos interesa", critica.

Entonces, suenan las campanas y asoman las cintas y las varas. Terminó la misa. Santa María de la Cabeza y San Isidro salen rodeados de la compañía de los fieles romeros que gritan en su honor. Se dirigen hasta la casa de los balcones y reposan allí hasta que termine de pasar la romería. Unas 70 carretas desfilaron por las empinadas y adoquinadas calles del casco histórico hasta llegar a El Calvario. Una vez pasen, las dos imágenes irán detrás, cerrando el paseo romero, y brindando la posibilidad de que los más devotos, como Conchi, hagan el recorrido a la inversa solo para acompañarlos junto a la fanfarria y disfrutar de la romería por partida doble. "Mínimo la hacemos dos veces", reconoce entre risas.

Ahora sí, empieza la romería. Las carretas salen desde San Francisco desafiando a la gravedad de las pendientes orotavenses. Pero ni para las yuntas, ni para las parrandas supone un desafío. No hay tiempo para pensar en lo inclinado del camino, sino en lo que se vive durante el mismo. Los grupos folclóricos se oyen alto y claro, sin salirse del repertorio canario ni un ápice. Los bailadores enhebran figuras sin soltarse las manos y marcando un compás perfecto con los pies. Los romeros reparten los manjares de la tierra a los que miran desde fuera porque eso también forma parte del sentir de una de las romerías más antiguas de Tenerife.

"Toda la semana a tope"

Una carreta con forma de lagar se acerca hacia la carrera del Escultor Estévez, la calle del Ayuntamiento. Su aspecto cuidado destaca junto al cariño puesto en ataviarse con el traje típico de La Orotava. Yurena del Valle González Delgado fue romera mayor de las fiestas de la Villa en 2009 y reconoce que "yo no vivo solo este día con emoción. Estoy toda la semana a tope". Llevan más de 30 años sacando este lagar a las calles adoquinadas y pendientes del municipio sin importarles el desnivel o el calor. Lo que sí les preocupa es ir bien vestidos. "Nosotros a eso sí que le damos mucha importancia", declara y se manifiesta en nombre de todos los componentes de la carreta que viven la romería con la misma intensidad año a año.

Obviamente, el paso del tiempo significa evolución y, aunque los más puristas se tapen los ojos para no ver los cambios que algunos aplican a la manera de vestirse de mago, está ahí. ¿El límite? "Respetar la tradición", sitúan un grupo de chicas de 26 años que portan el traje típico, pero su estética en el resto de su apariencia habla de cierta transgresión. Piercings, tatuajes y un maquillaje en el que destaca un profundo delineado en los ojos crean cierto asombro por el contraste creado con la vestimenta tradicional. "Cada uno mantiene su propia personalidad al vestirse de maga. La diversidad canaria también está en las romerías", definen al unísono. "Está bien seguir con tus raíces, pero viviendo a tu manera. Al final la vida evoluciona", sentencian.

En ese equilibrio reside la esencia de la romería de La Orotava: en reconocer que las tradiciones se mantienen con la vista puesta en el futuro y sin olvidar nunca lo que alguien dejó como legado. En ver cómo las carretas y las yuntas se funden con un patrimonio arquitectónico único y solariego, que se reconoce sin temor en el espejo del siglo XXI.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents