Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La petición de una migrante en Las Raíces a León XIV en Tenerife: “No nos miren como números, sino como personas con historias y familias”

El pontífice da la bienvenida a las islas occidentales en el centro de acogida más grande de Canarias

El papa León XIV ya se encuentra en Las Raíces

Andrés Gutiérrez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Clara Santamaría

Clara Santamaría

La Laguna

En el camino Rodeo Alto, a solo siete kilómetros del aeropuerto Tenerife Norte, se esconde un refugio de la migración en Tenerife. Probablemente, uno de los lugares de la Isla en los que en vez de amanecer con el canto de un gallo o el sonido del despertador se hace con el rugir de los aviones. Aunque, por desgracia, quienes pasan la noche aquí no llegaron a Tenerife por este medio, sino en cayuco o patera.

Nada más entrar al antiguo cuartel militar, ahora centro de acogida dependiente del Ministerio Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, llama la atención la cantidad de carpas blancas regadas por el recinto. Además del parque de calistenia en el que los jóvenes matan el tiempo. Pero hoy la mirada se dirigía rápidamente a los más de cien bancos de color naranja que ocupaban gran parte del espacio central. Allí unos 200 migrantes esperaban pacientemente, pese a que la mayoría son musulmanes, la llegada del papa León XIV al que es, por el momento, su hogar: el centro de acogida de Las Raíces.

Quienes están en este centro de acogida son personas que llegan a las costas de Canarias en busca de nuevas oportunidades, procedentes de países como Senegal, Gambia, Mali o Guinea Conraky. Y aun con la expectación por la llegada del pontífice, la banda sonora de la mañana seguía siendo la de siempre. El ruido del aeropuerto, la brisa característica de la zona y las conversaciones en wolof, bámbara y poular —las lenguas que resuenan a diario entre los módulos de Las Raíces y que convivían hoy con el italiano y al acento canario—. Eso sí, con un esfuerzo claro por parte de los presentes de chapurrear el español y darse a conocer.

Las Raíces, primera parada del papa León XIV en Tenerife

Después de una mañana llevadera, con algo de frío y varias nubes que apenas dejaban ver el color azul del cielo, aparecieron los primeros rayos de sol. Y con Lorenzo, también llegó el papa León XIV a su primera parada en Tenerife, un acto a puerta cerrada. Primero lo hicieron sus guardianes. Pues a las 09:45 horas, quince minutos más tarde de lo esperado, aparecían los coches de la policía que escoltaban al santo padre. Todo el recorrido por la rampa de tierra que conduce hacia la entrada del recinto, que habitualmente está llena de coches de trabajadores, pero que hoy, con motivo de su visita, lucía despejada para el pontífice.

Cinco minutos después, ahora sí, Su Santidad entraba por la característica puerta verde del centro de migrantes de Las Raíces —el único símbolo que pueden llegar a ver los curiosos que se acercan hasta aquí para echar un ojo a su interior—. Y entonces, una marea de aplausos le dio la bienvenida. La variedad entre el público era infinita. Desde jóvenes adultos como Mustafá, originario de Gambia y usuario del centro de acogida, que admtía conocer al papa por los vídeos de TikTok, hasta niños y mujeres del CAED Casa de Madres, en Santa Cruz de Tenerife. Entre ellos, el pequeño Aminata que no paraba quieto y Fatomauta, su madre

Las Raíces ha llegado a acoger a más de 4.000 migrantes

Ya todos en sus puestos, el primero en romper el hielo fue el obispo de Tenerife, Eloy Santiago, quien aprovechó para dar la bienvenida a León XIV a las Islas occidentales. Y recordó brevemente la historia del centro. Gestionado por la organización sin ánimo de lucro Accem, fue diseñado por el Gobierno español para dar respuesta a la situación de emergencia producida a finales del año 2020, ante la llegada masiva de cayucos y pateras a las costas canarias. Antes que centro de acogida, el recinto funcionó como campamento militar. Y, en realidad, su vinculación con la migración se remonta a años atrás de convertirse en uno de los seis centros del Plan Canarias —cuyo objetivo fue habilitar recursos de acogida humanitaria digna y evitar el colapso de los servicios esenciales en las Islas—. Pues en 2006 también sirvió como centro de internamiento de migrantes en la conocida crisis de los cayucos.

Desde entonces, el centro se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la crisis migratoria en Canarias. En sus inicios, el complejo llegó incluso a acoger a más de 4.000 personas. Y si bien fue una etapa un tanto polémica, ya que diversas oenegés e incluso los propios migrantes denunciaron condiciones pésimas y carencias en servicios básicos, hoy su modelo de gestión ha mejorado y da cobijo a 753 personas. Un lustro después de su apertura oficial, la ruta canaria no solo continúa siendo una de las principales vías de acceso a Europa para quienes abandonan el continente africano, sino que mantiene el título de ser la más mortífera del mundo. El viaje del pontífice coincide con un momento bastante delicado del recorrido atlántico, en el que al menos una de cada cinco personas no completa la travesía con vida. Y solo en lo que va de año, 635 migrantes han fallecido. Y es que pese al menor número de llegadas, la probabilidad de morir en el trayecto ha aumentado de forma significativa.

El acto continuó con unas palabras de Elma Saiz, ministra de Migraciones. "Todos hemos sido nuevos en algún lugar a lo largo de la vida, lo somos al nacer y también lo son quienes cruzan fronteras en busca de una mejor vida”, señaló. Y aprovechó para explicar cómo los españoles, que hoy residentes de un país que ella misma califica de acogida, también tuvieron que marcharse de su tierra.

¿Cuál es la labor que se desempeña en el centro?

Por su parte, el director del centro, Ernesto Mayoral aprovechó para recordar algunos datos importantes a destacar. "Desde la apertura del recinto hemos acogido a más de 70.000 personas, para darles una vida digna y cubrir sus necesidades”, apuntó. No sin antes agradecer al equipo de profesionales que hacen posible que este recinto no solo sea un recurso sobre el papel, sino que de verdad cumpla su función como centro de acogida.

El recurso nació con el propósito de ofrecer acogida de emergencia, garantizando alojamiento, manutención y atención humanitaria durante su estancia. Pero su labor va más allá de cubrir las necesidades básicas. El centro también presta apoyo jurídico, sanitario, social y psicosocial, con especial atención a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad. Todo ello con un objetivo claro: acompañar a los residentes en una etapa marcada por la incertidumbre y dotarlos de herramientas que faciliten su futura integración.  

El sueño de trabajar y poder cuidar de sus familias

Pero la parte más emotiva e interesante llegó cuando intervinieron los representantes de la población migrante en este acto. El primero fue Taiwo Oluwatobi, un joven de Nigeria de 27 años que apenas lleva dos meses en Tenerife. Su participación fue breve, pero contundente. Su discurso tenía una intención clara: evidenciar que sus sueños, como los de cualquier otro, son sencillos. “Venimos con objetivos fáciles como trabajar, cuidar a nuestra familia y vivir con dignidad”, mencionó.

Para Oluwatobi, el papa es una persona que mira a los migrantes con respeto y cariño. Por eso intentó transmitirle la realidad que vive la mayoría de las personas que abandona su país. "El camino es difícil y hay miedo, tristeza y soledad", comentó. Pese a ello, recordó que las palabras del pontífice brindan fuerza y esperanza a la comunidad migrante para salir adelante. "Gracias por recordarle al mundo que todos somos personas y por escuchar a quienes dejaron su país y empezaron una nueva vida", concluyó.

El testimonio de una migrante víctima de trata

A esa emotiva postal se unió el testimonio de una joven migrante víctima de trata, cuyo nombre no se reveló por seguridad. “Gracias por estar en esta tierra que para nosotros es un lugar de esperanza, después de mucho sufrimiento”, reveló. Hoy ella habló en nombre de todos los migrantes que buscan paz y dignidad. “Venimos de países donde la guerra, la persecución y la falta de oportunidades nos obligan a partir”, apuntó. Y aseguró que emprende esa travesía si no es por necesidad.

El camino hasta llegar aquí no fue fácil. Dolor, miedo e incertidumbre fueron las palabras que usó para describir su experiencia. “Sobre todo en el océano Atlántico, que nos obliga a enfrentarnos a la muerte y es donde muchos hermanos pierden la vida”, mencionó. Todo ello para formular una petición sencilla y profundamente humana: "que las fronteras no se conviertan en muros infranqueables y que quienes las cruzan sean vistos como personas con historias, familias y proyectos de vida, y no únicamente como cifras". En este sentido, reivindicó su condición humana por encima de cualquier consideración legal. "No pedimos dinero, pedimos educación y la oportunidad de vivir con dignidad", subrayó.

El papa León XIV habla en francés para los migrantes de Las Raíces

El final del acto llegó con la intervención del pontífice y un francés muy logrado. De hecho, que el santo padre pronunciase su discurso en este idioma permitió que el encuentro adquiera un grado más de intimidad si aún cabía. La escena se convirtió en un diálogo entre los migrantes y el pontífice —además de los pocos presentes que manejaba también la lengua—. León XIV explicó que Francisco recurría con frecuencia a la imagen de las raíces para recordar la importancia de no olvidar los propios orígenes, mantenerse unidos y confiar en el Señor. "Le gustaba utilizar esta metáfora para expresar la necesidad de permanecer firmes en aquello que nos sostiene y nos da identidad", aseguró.

“El amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”, pronunció. E invitó a los presentes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda.

Por último, solo el santo padre tuvo el privilegio de entrar a conocer las instalaciones del recinto. El resto, periodistas en su mayoría, tuvieron que conformarse con el pequeño espacio habilitado. Durante esta pequeña visita, el pontífice, ya conocido como el papa de los niños —por la cantidad de menores que ha bendecido en su viaje a España— se adentró a conocer las carpas blancas y las literas con sábanas azules que se esconden en ella, además de el resto de espacios de alojamiento. Tras su marcha, el sonido habitual volvió a imperar. Solo quedó el constante ir y venir de aviones sobre Las Raíces, un contraste difícil de ignorar: quienes sobrevuelan Tenerife en cuestión de minutos y quienes llegaron hasta aquí arriesgando su vida en el Atlántico.

Tracking Pixel Contents