La Orotava se viste de flores para su fiesta más especial y emblemática: "Es el día de todos los villeros"
El brezo y las flores tiñen de color y aroma las calles del casco histórico, donde 36 agrupaciones y familias crean tapices efímeros que atraen a miles de visitantes

Arturo Jiménez

A las siete en punto, cuando todavía el casco histórico parece soñar con la tradicional romería, el habitual repique de las campanas de la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción rompe el silencio y anuncia que no es un jueves cualquiera. Es el día en el que el olor del brezo y las flores inunda la Villa de La Orotava. El día en que las calles, con sus característicos adoquines, se convierten en el lienzo perfecto para los alfombristas. “Hoy es el día grande de las fiestas”, exclama unos de los curiosos a primera hora de la mañana.
El origen de las alfombras de flores proviene de Italia y hace alusión al término ‘infiorata’, que significa ‘decorado con flores’. Pero en en el municipio villero la tradición no tardó en adquirir una personalidad propia. Fue Leonor del Castillo, nacida en el año 1800 y esposa de Antonio de Monteverde, la que realizó, frente a su casa, la primera alfombra artística de flores de La Orotava, en la Casa Monteverde. Obtuvo tanta popularidad en el municipio, que dicha tradición no se ha interrumpido prácticamente desde su creación, en 1847. “Para nosotros es una tradición, una ilusión muy grande, un sentimiento que vivimos desde pequeños”, sostiene Luis Hernández, uno de los capataces de una de las alfombras ya típicas en este día.
Su tapiz, diseñado desde 1993, ocupa una superficie de 42 metros de largo por casi cuatro de ancho. Su estilo se corresponde con el de zaragata o corrido y se desarrolla a lo largo de toda la calle frente a la plaza del Ayuntamiento. “Es algo familiar. Aquí nos reunimos amigos, hijos, nietos… no recuerdo un año sin ilusión”, admite el alfombrista tras más de 40 años vinculado a los sucesores de Adolfo Herreros, quien inicio la tradición.
Alfombras que reúnen familia y amigos
Con el paso de los años, familias como la de Luis Hernández han terminado por convertir en costumbre lo que comenzó hace dos siglos atrás. Hay quienes trabajan la alfombra desde hace 50 años y quienes participan como novatos. Su boceto de este año simboliza motivos muy ligados a sus fiestas, bordados clásicos del traje típico, junto a la bella y famosa vara de San Isidro con sus cintas de colores rematadas con flores y espigas de trigo.
A pocos metro de allí, donde normalmente se encuentra la Ferretería Orotava, se encuentra el depósito de materiales, organizados por colores y variedades, de dicha familia y amigos. Este año, disponen de 120 cajas de flores. “Este día es para compartir”, cuenta Esteban García, otro de los encargados de dirigir esta alfombra, “es el día de todos los villeros, nuestra más especial festividad”.
A lo largo de la semana, quitan las flores que aportan color a sus obras y queman el brezo, que proporciona su característico aroma y los matices más oscuros. Esta planta se usa de cuatro maneras distintas: natural, para completar espacios entre alfombras; deshojada, por sus tonalidades verdes; quemada, para las áreas marrones y tostadas. Este último se emplea no sólo para enmascarar las zonas oscuras, sino también porque es responsable del olor que inunda las calles de La Orotava.

Esteban García explicando los detalles de su alfombra en la Ferretería Orotava / Arturo Jiménez
"Nos enorgullece ver a las nuevas generaciones sumarse, es un trabajo de días y hacerlo en familia es lo más bonito que hay”, sonríe Esteban García. La elaboración de alfombras es una labor que los mantiene ocupados entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde. Cuando terminan, se van a la comida de confraternización y observan el resto de las alfombras.
Un recorrido histórico por el casco
El recorrido oficial comienza en el Camino Inocencio García Feo, justo frente al portón de la la Iglesia de La Concepción. Desde ahí, el trayecto desciende unos metros por la calle Cólogan hasta enlazar con la plaza Patricio García, donde vuelve a ganar altura por la calle del Colegio. En ese ascenso, el itinerario pasa por la Casa Monteverde, hasta llegar a las inmediaciones de la emblemática Casa de los Balcones.

El arte de los alfombristas / Arturo Jiménez
A partir de ahí, el camino se prolonga por toda la calle Carrera del Escultor Estévez hasta desembocar en el Ayuntamiento, donde se puede contemplar el Magno Tapiz de arenas volcánicas. A lo largo de todo el recorrido, entre subidas y bajadas del casco histórico, hasta 36 agrupaciones y familias dan forma a los tapices. Aunque este es el recorrido oficial, cada visitante es libre de desviarse y descubrir las alfombras a su propio ritmo.
Tradición entre los vecinos
Conchi, vecina de el Mayorazgo, coincide en que es un día en el que florece el sentimiento de pertenencia a la Villa, aunque confiesa que su festividad favorita es el Baile de Magos. Desde los balcones del Ayuntamiento observa con orgullo el diseño principal del ‘Paraiso Canario’ y las alfombras florales que lo rodean. “Es un día precioso, cuando te das cuenta ya es por la tarde”, señala.
Como de costumbre cada año, sale de casa y se dirige hacia el centro. Después de ver las alfombras, desayuna en la famosa cafetería Casa Egon y luego baja por la Iglesia de La Concepción para subir por la otra calle y asegurarse de que no quede ningún lugar sin visitar. Su trayecto es el de muchos villeros. Saludando a los alfombristas, Marcos García también paseaba con sus dos hijos porque esta es una celebración que se enseña a los niños desde su infancia. “No hay un año que faltemos”, explica buscando la aprovación de sus “chiquillos”.

Familia y amigos reunidos en torno a una alfombra / Arturo Jiménez
La primera vuelta la hacen por la mañana, vuelven al mediodía y por la tarde para ver la salida del Corpus. Para él es un día conmovedor y no puede describir lo que se siente durante los días grandes de las fiestas patronales. “Dime un día en el que La Orotava reciba a tanta gente. Hay ambiente, hay ilusión y, sobre todo, hay sentimiento por nuestras costumbres”, concluye antes de seguir observando otros tapices.
Desde 1980, la Octava del Corpus Christi de La Orotava ostenta la distinción de Fiesta de Interés Turístico Nacional y, desde 2007, sus alfombras están reconocidas como Bien de Interés Cultural. Dos reconocimientos que certifican el enorme valor histórico, artístico y patrimonial de una tradición única, transmitida de generación en generación y convertida en uno de los mayores símbolos de identidad del municipio que, por un día, atrae a todas las miradas.
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