Superación
Miguel Ángel Romero, el catalán afincado en Tenerife que escribió un libro como terapia tras un ictus: "Quiero que sirva de ejemplo"
La vida del abogado Miguel Ángel Romero se paró a los 49 años por culpa de una caída tonta que terminó provocándole un accidente cerebrovascular. Lejos de rendirse, ha optado por redirigir su vida hacia la literatura, un nuevo hobby que le ha ayudado a recuperarse y le ha motivado a escribir dos libros

Andrés Gutiérrez

La vida de Miguel Ángel Romero, un abogado catalán que llegó a Tenerife cuando era adolescente, cambió por completo por una caída tonta. En 2019, a las puertas del medio siglo de vida, salió a dar un paseo por el monte con sus perros. Tras dos horas corriendo en Mesa Mota (San Cristóbal de La Laguna), tropezó con una acera y resbaló. Lo que parecía un accidente sin mayor relevancia, quince días más tarde terminó provocándole un ictus. "Ni siquiera los médicos entendían, fue un diagnóstico por eliminación del resto de factores; no tenía ni colesterol, ni hipertensión, pesaba unos 90 kilos, tenía 49 años y hacía mucho deporte", detalla.
Romero, como él mismo reconoce, no es de esas personas que se rinden a la primera de cambio. En octubre de 2019 salió del hospital en silla de ruedas y, casi siete años después de ese accidente cerebrovascular, no solo ha recuperado buena parte de la movilidad, sino que también ha encontrado un hobby que llena de "ilusión y motivación" su nueva rutina: la escritura.
De hecho, ya ha publicado su primera obra, El viaje de Pablo, y se encuentra terminando la segunda. Todo esto, subraya, ha sido posible gracias a un gran golpe de suerte: "Sigo aquí con vida porque se dio la casualidad de que mi mujer, que es médico y siempre tiene guardias o turnos largos, estaba en casa cuando sufrí el ictus, ella se dio cuenta enseguida de lo que me pasaba y me llevó a Urgencias".
¿Por qué escritor?
Aunque es consciente de que no se curará del todo, ha emprendido una lucha incansable por adaptarse a esta nueva realidad y por lograr una mejor calidad de vida. Más allá de la rehabilitación reglamentaria -que incluye logopedia, fisioterapia, terapia ocupacional y muchas visitas al neurólogo-, el médico le recomendó que empezara a escribir para entrenar la concentración y la atención. "Es una terapia, un entrenamiento para mi discapacidad y un ejercicio de recuperación, sin ninguna pretensión literaria", explica.
'El viaje de Pablo'
Bajo esa premisa nació El viaje de Pablo, una historia que "roza lo autobiográfico" y que prácticamente podría leerse en un trayecto en avión entre Tenerife y La Palma, ya que tiene poco más de cien páginas. En ellas cuenta cómo fue el proceso psicológico que atravesó el joven Pablo cuando cambió de residencia, pero también muestra una sociedad futurista donde la tecnología y la inteligencia artificial juegan un papel decisivo en la vida cotidiana.

Miguel Ángel Romero con su libro 'El viaje de Pablo' / Andrés Gutiérrez
Aunque el abogado sea el autor del libro y aparezca como tal en su portada, lo cierto es que él no lo ha escrito. "Se lo he narrado a Google, así que, más que escritor, tendría que considerarme narrador", subraya. Al carecer de motricidad en la mano izquierda no puede teclear, por lo que ha tenido que contarle la historia a un asistente virtual para poder construir el relato.
Secuelas
Esa no es la única secuela que arrastra. "Al dañarme el lóbulo derecho, no tengo sensibilidad en la izquierda; si coges una foto mía y haces una raya perfectamente vertical con la regla obtienes mi afectación, es una línea exacta", resalta. También sufre desconexiones, fatiga crónica y tiene problemas para controlar sus emociones. Aun así, considera que ha salido "muy bien" porque sabe que muchos otros pacientes no han tenido la misma suerte.
Carencias en la sanidad pública
Para que el daño sea el menor posible, es fundamental que la recuperación empiece cuanto antes y que sea transversal, es decir, que involucre a distintos especialistas. Para Romero, la neuropsicología fue una parte muy necesaria, ya que rehabilita los déficits cognitivos, emocionales y conductuales derivados del daño cerebral. Sin embargo, denuncia que no todo el mundo puede acceder a este tratamiento porque no se contempla en el sistema sanitario público. "En mi familia tenemos un mínimo de recursos y pude buscar ayuda en otros centros privados, pero no se puede estar pagando toda la vida", critica.
Pese a sus esfuerzos por recuperarse, el ictus le obligó a jubilarse de manera anticipada. "Estaba en un momento profesional muy bueno, estaba cómodo, yo creía que iba a ser un cincuentón sano y... ¡sorpresa!", confiesa. Al ser deportista y llevar una vida saludable, su entorno más cercano le decía que era el que menos número de lotería tenía, pero le terminó tocando.
Una jubilación anticipada
Entonces, tuvo que dejar el trabajo porque, aunque en el día a día se defienda bien, la falta de control de las emociones y la fatiga crónica le impiden realizar cualquier actividad profesional. En su caso, le reconocieron la incapacidad total para ejercer como abogado porque no puede mantenerse de pie durante mucho tiempo y tiene dificultades para aguantar relaciones interpersonales conflictivas. "En mi profesión estamos todos los días cabreados", bromea.
La escritura, más allá de ayudarle a recuperar parte de la concentración, también le ha sacado de su zona de confort y le ha motivado a seguir. "Un amigo me dijo que aunque no fuera escritor podía servir de ejemplo para mucha gente que estuviera en una situación similar y ahí fue cuando me lancé a la aventura sin miedo", recuerda. Siete años después de ese accidente que le cambió la vida, está cada vez más cerca de poner el punto final a su segundo libro, en el que hablará sobre el Sahara Occidental para que los jóvenes conozcan su lucha. "Para mí ha sido una terapia y espero que, si lo lee alguien que haya pasado por un proceso similar, le sirva de ejemplo, para que no se depriman ni se rindan", destaca.
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