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Preparativos de la visita del pontífice a Canarias

Manos canarias hacen realidad los elementos singulares diseñados por Alejandro Beautell para la visita del papa León XIV

Ebanista, herreros, jardineros, técnicos y arquitectos hicieron posible en tiempo récord los espacios que acogerán al pontífice

José Antonio Hernandez, que heredó de su padre el arte de trabajar la madera.

José Antonio Hernandez, que heredó de su padre el arte de trabajar la madera. / Albero www.BeTenerife.com

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Cuando miles de personas contemplen los espacios preparados para la visita del papa León XIV a Tenerife, probablemente fijarán su mirada en el altar, en la gran cubierta levantada en el puerto de Santa Cruz o en la sede desde la que presidirá las celebraciones. Sin embargo, detrás de cada uno de esos elementos existe una historia menos visible: la de los artesanos, operarios y pequeñas empresas canarias que han hecho posible una obra ejecutada contra reloj y marcada por una enorme carga simbólica.

Porque toda gran arquitectura tiene nombres propios. Algunos aparecen en los planos; otros, en cambio, permanecen en los talleres, sobre los andamios o al pie de las máquinas. Son las manos que convierten una idea en realidad.

Una obra colectiva

El arquitecto Alejandro Beautell, responsable del diseño de los dos grandes espacios vinculados a la visita papal —la plaza del Cristo, en La Laguna, y la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife—, lo tiene claro: la arquitectura nunca es una labor individual.

Equipo de trabajo del arquitecto Alejandro Beautell que se ha encargado de traducir a la vida real los planos.

Equipo de trabajo del arquitecto Alejandro Beautell que se ha encargado de traducir a la vida real los planos. / El Día

"La arquitectura es una labor colectiva. Un arquitecto piensa y proyecta, pero son otras manos las que levantan lo que uno imagina", explica al término de una de las jornadas de trabajo más intensas de las últimas semanas.

La reciente colocación de la gran cubierta metálica del recinto portuario, una estructura de 28 metros de luz y más de 30 toneladas de acero, simboliza precisamente esa realidad. Tras ella se esconde el esfuerzo coordinado de profesionales de distintos ámbitos que han trabajado durante semanas para llegar a tiempo a una de las citas más relevantes que ha vivido Canarias en las últimas décadas.

Beautell destaca especialmente el trabajo de su reducido equipo de estudio. Flavio, Théo, Federico, Javier y Patrycja —su esposa— han compartido el proceso desde el primer momento.

"Lo tomaron como algo propio. Y eso lo cambia todo", resume.

El carpintero del papa

Pero si existe una figura que simboliza especialmente ese carácter artesanal del proyecto es la del ebanista José Antonio Hernandez González, natural de Los Realejos.

En su taller se han fabricado algunas de las piezas más significativas de la visita pontificia. Doce elementos únicos realizados en madera de fresno y diseñados por el estudio de Beautell forman parte ya de la escenografía que acompañará al Pontífice durante su estancia en Canarias.

Entre ellos destacan la sede de León XIV, las sillas destinadas a los obispos concelebrantes, el gran altar de 3,20 metros por 1,40 metros y el ambón desde el que se proclamará la Palabra.

Artesanía frente al reloj

La ejecución de estas piezas se desarrolló en un tiempo extraordinariamente reducido.

Las continuas visitas entre el taller de Los Realejos y el estudio de arquitectura situado en El Toscal permitieron ajustar diseños, resolver detalles y acelerar los procesos de fabricación.

Para Beautell, el resultado demuestra que la artesanía sigue siendo capaz de responder a los grandes desafíos contemporáneos.

"Lo han conseguido en un tiempo que en condiciones normales sería imposible, y pienso que el resultado está a la altura de lo que este momento exige", señala.

La elección de trabajar con talleres locales no fue casual. El arquitecto reconoce que apostó deliberadamente por pequeñas empresas y profesionales canarios, convencido de que el conocimiento artesanal sigue siendo uno de los grandes valores del Archipiélago.

Una cubierta de treinta toneladas

Junto a la madera, el acero se ha convertido en otro de los protagonistas del proyecto.

La empresa Soldavi, liderada por Aquilino Dorta, asumió el desafío de construir la enorme cubierta que presidirá uno de los principales escenarios de la visita papal.

La estructura, de dimensiones excepcionales, fue levantada en apenas dos semanas, un plazo que muchos consideraban prácticamente imposible.

Entre los nombres que Beautell cita con especial admiración aparece también Piko Zárate, a quien define como una de esas personas capaces de encontrar energía cuando el cansancio parece imponerse.

Junto a él trabajaron profesionales como Jony, Jaime, Sergio o Alberto, integrados en un equipo que convirtió la dificultad técnica en una demostración de oficio y compromiso.

Mucho más que una obra

La lista de agradecimientos se extiende también a pintores, jardineros, transportistas, técnicos de seguridad y responsables logísticos.

Ahí aparecen nombres como Paco, encargado del suministro de picón y rocalla; Manuel Asensio y su equipo de seguridad; Fran Vera, vinculado a los trabajos desarrollados en la dársena; además de Espectáculos Tenerife, la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, el Cabildo de Tenerife, voluntarios y numerosos colaboradores anónimos.

Todos ellos forman parte de una obra que trasciende el hecho arquitectónico para convertirse en un proyecto colectivo de isla.

Arquitectura hecha a mano

Quizá la clave para entender esta historia se encuentre en la propia manera de trabajar de Alejandro Beautell.

El arquitecto reivindica una forma de ejercer la profesión cada vez menos frecuente: dibujar a mano, construir maquetas, visitar constantemente la obra y tomar decisiones directamente sobre el terreno.

"Entiendo el oficio de arquitecto como un trabajo artesanal", afirma.

Esa filosofía explica la conexión que mantiene con carpinteros, herreros, soldadores y demás oficios tradicionales. Todos comparten una misma manera de entender el trabajo: la atención al detalle, el cuidado de los materiales y la convicción de que las cosas importantes se construyen paso a paso.

Cuando León XIV ocupe su sede o celebre la eucaristía sobre el altar levantado para la ocasión, muchos verán únicamente el resultado final. Pero detrás de cada pieza permanecerá la huella de quienes la hicieron posible.

Porque esta también es una historia sobre la visita del papa. Una historia de ebanistas, soldadores, jardineros, técnicos y voluntarios. La historia de los auténticos artesanos del papa, las manos canarias que han convertido un proyecto en realidad.

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