Marcos Quintero Lima, divulgador científico y botánico: "Una planta a punto de la extinción no conmueve tanto como un animal"
La afición por el mundo vegetal le viene de su abuela y su madre y más tarde decidió estudiar Biología gracias a una profesora

El biólogo Marcos Quintero Lima en Rambla de Castro (Los Realejos) / Arturo Jiménez

A pesar de ser tímido, Marcos Quintero Lima se lanzó a divulgar en redes sociales porque no encontraba el contenido que buscaba. También es docente de Biología de alumnos de Secundaria y, aunque las plantas son consideradas como aburridas por la gran parte de la población, a él le fascinan.
-¿Por qué se decantó por la Biología y, en concreto, por la botánica?
Fue un poco por casualidad y también por influencia de una buena profesora que tuve. Cuando terminé la PAU no tenía muy claro qué estudiar, pero la Biología era lo que más me gustaba. Además, siempre he sido mucho de monte, así que me lancé. A veces pienso que, si hubiese sabido cómo iba a ser todo, quizá no lo habría estudiado, pero viendo cómo han ido las cosas estoy contento. En cuanto a la botánica, creo que viene un poco de mi abuela y de mi madre, a las que les encantaban las plantas. Recuerdo que en la carrera los nombres científicos de animales no se me quedaban, pero las plantas sí. Fui tirando por ese camino y encontré un mundo que me fascina.
-Las plantas y la botánica tienen la fama de ser aburridas. O al menos a la gente les atraen menos, ¿por qué?
Porque las plantas no se mueven y la gente las pasa por alto. Pero cuando descubres sus usos medicinales, o que una planta concreta solo crece en un lugar como Canarias y en ningún otro sitio del mundo, entonces la gente empieza a conectar. A priori es un mundo que suele resultar aburrido, pero cuando lo conoces ves que detrás hay muchísimo.
-¿Cree que la sociedad se sensibiliza menos cuando la especie amenazada es una planta y no un animal?
Sí, totalmente. Si se habla de un ave o de un mamífero en peligro, la reacción suele ser mucho más intensa. Con las plantas no ocurre lo mismo. Y, aun así, creo que en general también estamos bastante desensibilizados: muchas veces leemos un titular, lo compartimos ese día y luego nos olvidamos.
-Repite mucho la idea de que se necesita apostar por flora autóctona en jardines y espacios públicos. ¿Por qué le parece tan importante?
Porque sería una forma muy sencilla de contribuir a la conservación y también de reforzar la identidad del territorio. Vas por muchas calles y rotondas de Canarias y ves flora exótica, pero muy poca flora nativa. Eso genera desconexión, porque la gente acaba conociendo plantas de fuera y no las de aquí. Además, desde el punto de vista de la gestión tiene mucho sentido. Una planta nativa está adaptada a las condiciones climáticas y ecológicas de Canarias: necesita menos agua, menos cuidados y resiste mejor. En cambio, si traes plantas de fuera, muchas veces requieren riego, tratamientos y más mantenimiento. Si de verdad queremos proteger la biodiversidad y adaptarnos al cambio climático, deberíamos empezar por llenar los espacios públicos de flora canaria. Mi patio está lleno de flora canaria que compro en La Tahonilla, el vivero insular. De alguna manera, contribuyo a que el ecosistema tire para adelante. Si vives cerca de un entorno natural, incluso ayudas a aves e insectos que interactúan con esas plantas. Es una pequeña manera de aportar. Ahora, por ejemplo, se llenó la pasarela de padre Anchieta de palmeras de fuera, ¿por qué? Encima, hay muchos ejemplares que se hibridan y nuestra palmera pierde su genética. Tenemos una de las mejores palmeras en el mundo, es súper resistente y por eso se exporta a muchísimos países. Deberíamos empezar por ahí porque no creo que a cualquier ayuntamiento de Tenerife le vaya a suponer mucho esfuerzo plantar flora autóctona en sus espacios verdes.
-Una de sus principales vertientes es la divulgación en redes sociales. ¿Por qué se lanzó a esto?
Era consumidor de redes y me daba cuenta de que no encontraba un perfil como el mío. Había mucha gente divulgando sobre biodiversidad y muy buena, pero casi siempre desde la rama animal. La parte vegetal estaba bastante abandonada. Y quienes la trataban, muchas veces lo hacían con imágenes y descripciones largas que mucha gente no lee. Ahí vi un hueco y pensé: si no existe ese divulgador que estoy buscando, tendré que ser yo. Además, en Canarias hay muchísima gente que desconoce lo que tiene a su alrededor. Me pareció importante poner eso en valor, sobre todo en un momento en el que las Islas viven una situación complicada a nivel de biodiversidad y de degradación de ecosistemas. Me costó bastante dar el paso. Siempre fui tímido y a nivel social me costó llegar hasta aquí. Pero también es verdad que uno sale un poco de su entorno y se va soltando. Me llevó tiempo, pero al final me animé.
-En varias ocasiones habla de una situación preocupante para la biodiversidad en Canarias. ¿Por qué lo afirma?
Porque tenemos un modelo muy depredador, sobre todo ligado al turismo de masas y a determinadas actuaciones que deterioran el territorio. Vemos proyectos que afectan al paisaje, a los ecosistemas y a espacios muy sensibles. Muchas veces se prioriza el modelo económico por encima de la biodiversidad y creo que podríamos tener un turismo de más calidad, con menos presión y que generara un mayor valor económico, y que ese beneficio se reinvirtiera en la conservación de los ecosistemas. Pero eso no está ocurriendo como debería. Hay un desgaste enorme del territorio y muchas veces no se entiende por qué no se actúa de otra manera.
-¿Cree que existe coherencia entre el modelo turístico actual y la conservación de la biodiversidad?
A nivel general, no. Es verdad que hay empresas privadas que hacen turismo responsable, con grupos pequeños, fomentando el consumo local y el respeto por el entorno. Pero a nivel político y de modelo global no ocurre así. Lo que se busca es aumentar el número de visitantes con la idea de que vivimos del turismo, pero luego seguimos siendo una de las comunidades autónomas más pobres, así que algo no cuadra. Además, la mayoría del turismo que viene no consume biodiversidad como tal. Hay excepciones, claro: personas que vienen, respetan el monte, consumen local y disfrutan del entorno con sensibilidad. Pero la realidad general no es esa. Muchas veces es un turismo rápido, poco conectado con el territorio y que no deja un valor proporcional al impacto que genera.
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