Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La crisis de la vivienda sitúa a Santa Cruz en el principal foco de exclusión residencial extrema de Tenerife

Mientras el Ayuntamiento consolida el mayor despliegue de ayudas sociales de su historia, la falta de políticas públicas en varios sectores concentra, en la capital, a un tercio de las personas en situación de sinhogarismo de toda la isla

Una persona sin hogar en Santa Cruz

Una persona sin hogar en Santa Cruz / Andrés Gutiérrez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Santa Cruz de Tenerife

Tras una larga jornada, hay quienes ansían llegar a casa, prepararse una cena, ducharse con agua caliente y descansar. Lamentablemente, para algunos, estas acciones aparentemente cotidianas son un lujo cada vez más inaccesible, sobre todo en Santa Cruz. Según un estudio de Cáritas, la capital tinerfeña concentra el 35% de las personas en situación de exclusión residencial extrema de toda la isla.

Eva (nombre ficticio para mantener el anonimato, bajo su petición), de 52 años, es una de ellas. "Se me juntaron varias cosas. Me separé de mi pareja y el trabajo me fue faltando poco a poco. Unos meses había, otros no. Después vino el alquiler, que subía y subía. Yo sola no podía. Y claro, cuando te vas quedando atrás con los pagos, ya empiezan los problemas. Te llaman, te presionan, te dicen que tienes que salir… y tú intentas arreglarlo, pero llega un momento que no llegas. Fue como ir resbalando poco a poco", cuenta la señora, que ya lleva seis meses viviendo en la calle.

Un tercio de todas las personas sin hogar en Tenerife

En Tenerife 2.853 personas carecen de un hogar digno y seguro, según datos del 2025. El municipio más afectado es Santa Cruz, con 998 personas (un tercio del total). Le siguen La Laguna, Puerto de la Cruz, Arona y Adeje (1.296 personas entre los cuatro municipios).

El motivo por el que la capital abarca a un gran número de estas personas, sostienen desde el Sindicato de Inquilinas, es que la ciudad centraliza "la mayor parte de los servicios y recursos de atención". No obstante, critican que la respuesta institucional haya derivado en la “criminalización y aporofobia” hacia las personas sin hogar y denuncian un aumento del “señalamiento y la persecución policial". Todo ello, añaden, mientras siguen sin impulsarse “soluciones reales al problema habitacional en una ciudad con un parque público de vivienda menor al 3% y que aún no ha sido declarada zona tensionada".

Las causas de este fenómeno son variadas. En primer lugar, la carencia de una red de apoyo se sitúa como un factor determinante para más del 53% de los casos de exclusión residencial extrema. La historia de Eva es un claro ejemplo de esta situación. Ella se separó de su pareja y no tiene familia cercana con la que alojarse. Sus dos hijos, residentes desde hace unos años en la península, desconocen su situación. "Ambos viven fuera de Canarias. Saben que no estoy bien, pero desconocen que estoy en la calle. Me da mucha vergüenza. No quiero que me vean así, ni que se preocupen más de la cuenta", admite.

Miedo a ser juzgada

Pese a su situación, Eva no se plantea contárselo a sus familiares. "Una madre", prosigue, "siempre quiere parecer fuerte, aunque por dentro esté hecha polvo". "Yo no quiero que me vean como una fracasada ni como una pobrecita. Bastante culpa tengo yo ya. Ellos tienen su vida, su trabajo, sus cosas… No quiero cargarles con esto ni darles más disgustos, me da vergüenza", lamenta apenada.

A este sentimiento, se suma la actual crisis de la vivienda. El precio promedio del alquiler en Santa Cruz, de 13 euros por metro cuadrado, ha alcanzado niveles récord, lo que representa un incremento de más del 5% en comparación con el año anterior, según el sitio web Idealista. En otras palabras, el alquiler mensual de un inmueble de 60 metros cuadrados ya ronda los 780 euros, y el de una casa de 80 metros cuadrados sobrepasa fácilmente los mil euros. "El encarecimiento continuado del alquiler está expulsando a sectores cada vez más amplios de la clase trabajadora, que ya no puede asumir el coste ni siquiera destinando gran parte de sus ingresos a ello. La vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de empobrecimiento de la población", afirman desde el Sindicato.

Las consecuencias se cronifican

Las consecuencias para quienes viven en esta situación resultan, en el peor de los casos, devastadoras. Casi el 40% de las personas percibe que su salud ha empeorado desde que está en situación de calle. "Sufro de ansiedad, dolores, mucho cansancio y el sueño fatal... Y también me he puesto mala por la humedad y por dormir mal. Cuando una no descansa, todo se junta", admite Eva. Además, avanza, "para ir al médico, si estás desorganizada, con pocas cosas y sin saber dónde vas a dormir, todo cuesta el doble. No es solo pedir cita. Es llegar, esperar, aguantar, volver".

Ahora bien, gran parte de estas personas carece de acceso para cubrir sus necesidades básicas. Solo el 22% tiene alcance al agua potable y únicamente el 20% a alimentos en buenas condiciones de seguridad. Durante el día, Eva busca donde alcanzar algo de comida y asearse; cuando se acerca la noche, en cambio, un lugar donde resguardarse. "No es vida. Una duerme poco, mal y siempre con un ojo abierto. El cuerpo no descansa nunca. Desde que sale la luz, busco donde poder ir al baño, donde lavarme, buscar algo para echarme a la boca y, mientras tanto, ver de donde sacar dinero. Si hace calor, mal. Si hace frío, peor. Y si llueve, ya ni te cuento. Todo el día estás pensando en dónde vas a estar por la noche", cuenta describiendo su situación.

"El problema ya es permanente", advierten desde el Sindicato de Inquilinas, "siendo su punto final la situación de sinhogarismo". La propia Eva, entre bancos y portales, ya lleva poco más de seis meses bajo el cielo de la capital tinerfeña. Desafortunadamente, la exclusión residencial en Tenerife es, mayoritariamente, crónica. Casi el 55 % de las personas lleva más de un año en esta situación; el resto, superan los 13 meses.

Récord histórico de prestaciones sociales en Santa Cruz

Aunque las competencias en materia de vivienda recaen, principalmente, en las comunidades autónomas, son los servicios sociales municipales los que terminan atendiendo las situaciones más urgentes. En este contexto, el Ayuntamiento de Santa Cruz cerró 2025 con más de 75.000 euros en prestaciones y una inversión superior a los 14 millones de euros, la cifra más alta registrada hasta la fecha en respaldo social.

Entre las ayudas que más han crecido en la última década resaltan las de alimentación y subsistencia, cuya inversión roza los nueve millones anuales, así como las vinculadas a alquileres y vivienda, que rondan actualmente los cuatro millones de euros. Dentro del ámbito de la atención social, el consistorio capitalino desarrolla recursos residenciales temporales para personas vulnerables. Entre ellos destacan dos pisos de emergencia para familias monoparentales lideradas por mujeres, tres viviendas de alojamiento temporal para familias y un programa de mediación que facilita alrededor de 40 pisos de alquiler asequible.

Asimismo, cuentan con dos pisos de acogida para jóvenes sin hogar mayores de 18 años y con el programa Housing First/Housing Led, que dispone de diez pisos unipersonales y una vivienda adicional. También ofrecen plazas en pensiones para situaciones de urgencia y una red pública de atención, formada por centros de acogida, pisos de autonomía y recursos temporales.

Los servicios sociales cerca de saturarse

"Santa Cruz", destaca el alcalde, José Manuel Bermúdez, "cuenta con el sistema municipal de ayudas más amplio, sólido y completo de su historia, fruto de una apuesta clara por reforzar la atención ciudadana y garantizar que ninguna familia quede atrás”. Sin embargo, el número de personas que se deriva a los servicios sociales han aumentado enormemente en los últimos años y, pese a que el municipio ha incrementado las prestaciones en esta materia, el conjunto de factores de exclusión tensiona los organismos de asistencia, que, en algunos casos, son insuficientes.

Desde el Área de Asuntos Sociales del Ayuntamiento aseguran que la situación de la vivienda en el municipio es de “gran preocupación”, debido a la "escasez de oferta y al elevado precio de compra y alquiler". Una realidad que está provocando que “muchas familias entren en una situación de vulnerabilidad” e, incluso, de "exclusión social". Además, alertan de que las ayudas públicas y las prestaciones municipales, si no se resuelven las competencias correspondientes, “empezarán a ser insuficientes” para garantizar el bienestar de la población.

Por su parte, el Sindicato denuncia que "la inexistencia de políticas para que las familias puedan procurarse su propio sustento convierten a las ayudas sociales en un simple parche". Por ello, "inciden en la necesidad de declarar las zonas tensionadas, la ampliación del parque público de vivienda, la puesta efectiva de recuperación de inmuebles vacíos, la limitación de la compra de segundas residencias y fijar un tope al alquiler". Porque mientras Santa Cruz se apaga cada noche, personas como Eva siguen buscando algo tan simple, y tan inalcanzable, como un lugar al que llamar hogar.

El género afecta a las personas en situación de exclusión residencial

La exclusión residencial afecta de manera desigual a mujeres y a hombres a lo largo de la vida. En numerosos contextos, ellas parten de una posición de mayor vulnerabilidad que la de los varones. En el caso del sinhogarismo, el género también condiciona la experiencia. Según un informe de Cáritas, de las 2.853 personas que carecen de un hogar digno y seguro en Tenerife, el 25% son mujeres que, aunque representan un número inferior al de los hombres, suelen atravesar situaciones más invisibilizadas para evitar la violencia de la calle.

Eva, una señora de 52 que vive desde hace más de seis meses en las calles de Santa Cruz, siente que su figura está "más comprometida" que la de los varones en su misma situación. "Una mujer sola está más expuesta a todo. A comentarios, a amenazas, a que te quieran aprovechar... Los hombres tienen sus problemas, claro, pero una mujer en la calle carga con otras cosas. La vergüenza, el miedo, el peligro, la desconfianza. Y muchas mujeres no están tan visibles porque se esconden más. A veces duermen en casas de conocidos, en sofás, en coches, en sitios que nadie ve", lamenta.

Desde el Sindicato de Inquilinas advierten de que las mujeres en situación de sinhogarismo sufren una mayor exposición a la “desprotección o el abuso”, enfrentándose a "agresiones, explotación o violencia machista". Además, denuncian que esta realidad permanece “invisibilizada institucionalmente debido a la falta de recursos específicos para mujeres, una vulnerabilidad que aumenta aún más en casos de racialización, transexualidad, patologías o adicciones".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents