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Santa Cruz de Tenerife brinda por el Día de Canarias

En vísperas del 30 de mayo, la capital reunió a vecinos y a visitantes de muchos municipios en una celebración marcada por la gastronomía y la música tradicional

Varios amigos brindando

Varios amigos brindando / Andrés Gutiérrez

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Santa Cruz de Tenerife

«No sé lo que tiene mayo en Canarias… serán las verbenas o que comienza el veranito, pero a uno ya le entran ganas de buscar calle». Lo decía María Jesús, una vecina de Santa Cruz de Tenerife mientras se terminaba de beber al vacilón una dorada con «los colegas». Y es que pocas cosas marcan tanto la identidad de un territorio como sus fiestas y su cocina, y es que eso, en la capital, lo saben hacer muy bien.

En vísperas del día de todos los canarios, la calle La Noria –con sus fachadas decoradas de blanco, azul y amarillo–, olían a tinto y a brebajes de notas tostadas, a la vez que el atardecer se amenizaba al son de ritmos folclóricos. Así es como la ciudad chicharrera disfrutaba del buen tiempo y de algo rico que echarse a la boca, con una feria del vino al más puro estilo isleño: catas, talleres y muchos productos de denominación de origen protegida.

¿Quesadillas o cheesecake?

Uno podía probar desde las clásicas quesadillas herreñas hasta ‘inventos’ más modernos como las tartas de queso. Eso sí, algunos de los llamados cheesecake, cremosos como natillas, eran de merienda canaria –plátano escachado y gofio­– o de maracuyá de la tierra. El resultado es una mezcla entre lo tradicional y el atrevimiento de las nuevas tendencias isleñas.

La calle La Noria repleta de gente

La calle La Noria repleta de gente / Andrés Gutiérrez

Al paso que se acercaba la noche, las colas frente a algunos puestos comenzaban a crecer, pero parecía no importar demasiado. Nadie parecía tener prisa. Mientras unos debatían sobre cuál era el mejor vino de la muestra, otros aprovechaban para refugiarse en la sombra y compartir mesa con desconocidos. Al final, como suele ocurrir en Canarias, bastaban un par de saludos para descubrir amigos en común y convertir una conversación improvisada en una sobremesa.

Algunos, además, aprovechaban la situación, que lo merecía, para celebrar y, por qué no, la vida. «¡Por nosotros y por Canarias!», brindaba un grupo de amigos con una selección de las Bodegas El Sitio. «Nos animamos a bajar porque sabíamos que habría un buen ambiente. Te das una vuelta, pruebas alguna cosita, hablas con unos y con otros y se te va la tarde sin darte cuenta», admite Lucía, una realejera que bajaba del Valle con su pareja «para chascar y aprovechar el tenderete».

Copas de vino y enyesques canarios

Desde las 18.00 horas, entrando el fresquito del alisio oriental, ya se veían manos llenas con copitas de malvasía afrutada y enyesques de croquetas, cochino frito y carne cabra. Pero la tarde no comenzó ahí, desde el mediodía la plaza de España ya estaba preparada para recibir a curiosos acerca de las más profundas costumbres sobre gastronomía y artesanía de las afortunadas.

Allí, entre puestos de calados, queso y mieles de kilometro cero, muchos turistas también aprovechaban para preguntar por los productos típicos y llevarse un pedacito de Canarias a casa. Al mismo tiempo, los más pequeños, aún vestidos con el atavío tradicional tras la salida del colegio, correteaban por las calles, ajenos al calor que se hacía notar y, mientras, sus padres disfrutaban de una caña bien fresquita.

Amigos probando una selección de vinos

Amigos probando una selección de vinos / Andrés Gutiérrez

«¡Mi niño, te pongo una!», gritaban desde uno de los puestos de cerveza tradicional, que entre el bullicio y jolgorio ni uno mismo escuchaba sus pensamientos. Y es que, «estas fechas», admitía Tatiana, una artesana recién llegada de la isla vecina, «también sirven para dar a conocer lo de aquí a la gente joven y, así, preservar la identidad y las tradiciones que nos definen».

Música en vivo

Pero eso no era todo. A medida que iba oscureciendo, y después de que un apagón dejara a oscuras durante unos minutos la calle La Noria –se repetiría de forma internitente–, la plaza de la Constitución también se sumaba al festejo y a algún que otro espectáculo pirotécnico que iluminaba la noche chicharrera. Allí, Los Cantadores, con 18 años de experiencia, timple y bandurria en mano más un sinfín de instrumentos, daban la bienvenida a las estrellas con un repertorio de música popular canaria. Incluso horas antes del espectáculo, en el ensayo, ya se podían ver a cientos de personas bailoteando en los aledaños del escenario.

La elección de Los Cantadores tampoco era casual. La formación, que este año celebra más de tres quinquenios de trayectoria, se ha convertido en uno de los grupos más reconocibles del sonido canario. Liderados por Darío Cabrera, Elvis Sanfiel, Idaira Trujillo y José Alberto Hernández, los músicos acumulan cinco discos publicados y más de 700 conciertos por todo el Archipiélago. Una carrera construida a golpe de escenario y de canciones que han sabido conectar con varias generaciones de isleños, hasta convertirse, para muchos, «en una de las voces contemporáneas de la canariedad».

«¿Quiénes son los que cantan hoy?», preguntaba un señor al momento de encontrase a su amiga danzando. «¡Coño, Manolo, por dios!», le respondía ella. «Son Los Cantadores, tu ya los has visto». El ambiente, sin duda, invitaba a quedarse en Santa Cruz de Tenerife. «Música, comida y mucha fiesta…, esto es lo bueno pibe», añadía la pareja de Lucía, la realejera, con una sonrisa amplia y la lengua ya algo más suelta tras varias copas de vino.

Fin de semana canario

Y todavía queda lo mejor. Lo vivido durante la víspera no fue más que un aperitivo de lo que llega hoy. Las calles y plazas del centro volverán a llenarse de folclore, deportes autóctonos, gastronomía, artesanía y música en directo, con actividades repartidas por distintos rincones de la capital. Desde la continuación de la feria hasta los conciertos en la plaza de La Candelaria, pasando por los concursos populares y las exhibiciones de Juego del Palo, lucha canaria o salto del pastor. Santa Cruz se prepara para una celebración marcada por la identidad, el arraigo y el orgullo de pertenencia a unas Islas que, como merecen en su día, se mostrarán en todo su esplendor.

Amigos brindando en la feria del vino

Amigos brindando en la feria del vino / Andrés Gutiérrez

Tanto ambiente se respiraba por las calles de la capital tinerfeña ayer –bajando por la calle Castillo, rodeando la Alameda del Duque de Santa Elena o subiendo hacia la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción– que, por momentos, parecía haberse adelantado el propio Día de Canarias. Entre música, comida y risas que iban y venían, la ciudad se entregó a una celebración en la que nadie aparentaba tener prisa por marcharse, porque cuando la ocasión lo amerita, cualquier excusa es buena para quedarse a un vacilón.

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