Sandra Ramos, guía de naturaleza: "Destrozamos el medio natural de Tenerife a pasos agigantados"
La silense desarrolla su proyecto basado en rutas guiadas por el medio natural con un alto componente cultural y de conservación

Sandra Ramos es guía de naturaleza y desempeña su labor fundamentalmente en Tenerife / Arturo Jiménez
Natural de Los Silos, la guía de naturaleza piensa que para conservar el medio hay que conocerlo. Cree que la educación ambiental debería ser obligatoria en los centros educativos y que las medidas de regulación en los espacios naturales son necesarias, pero también hay que vigilar que se cumplan. Disfruta mucho de su labor, que define como una forma de vida.
Su proyecto está íntimamente relacionado con el medio natural, pero desde lo femenino. ¿Es así?
Sí, hay algo de mirada femenina. Cuando empecé a darle forma al proyecto y a buscar un logo, me di cuenta de que un porcentaje muy alto de empresas de turismo activo y de naturaleza en Tenerife, y diría que en Canarias, están lideradas por hombres. Pensé que tenía que haber un cambio. De hecho, utilizo el color violeta en el logo, que es un color asociado a lo femenino.
¿De dónde viene el nombre Navaea?
Viene de una planta. Es un arbusto con una flor muy bonita, endémica de Tenerife, única en su género, que solo crece en Anaga y en la Isla Baja. Está vinculada a mi pueblo. No conviene dar detalles concretos de la ubicación, porque es una especie sensible y no quiero que la gente vaya a buscarla. Quería que el nombre del proyecto fuera algo diferente, algo que se asociara con mis raíces, con algo de aquí, algo único. Me gusta mucho la botánica canaria y quería ponerle al proyecto el nombre de una flor.
¿Qué actividades desarrolla en el medio natural?
Hago senderismo interpretado, algo que recalco siempre, porque mis actividades de senderismo no son caminar y hacer deporte sin más. Tienen un componente de educación ambiental. Yo interpreto el patrimonio natural y también el cultural. Me gusta poner en valor los espacios, los lugares por donde caminamos y, sobre todo, dar a conocer a la gente lo que está viendo y lo que tiene alrededor. También hago rutas etnográficas, tours de observación de aves, talleres medioambientales y estoy desarrollando un proyecto de catas de paisaje.
¿Catas de paisaje?
Sí. Normalmente, cuando haces una cata, hablas del producto: del vino, del sabor, del olor, de sus características. En una cata de paisaje quiero ir más allá. Me interesa hablar de las manos que producen esos productos, de la tierra donde se cultivan o se elaboran, de los paisajes relacionados, de las familias que están detrás y de las historias que existen.
Entonces hay un fuerte componente cultural y tradicional en sus rutas.
Nací y vivo en Los Silos y me interesan mucho las tradiciones y la cultura. Es otro punto importante de mis rutas. Cuando voy a un lugar como Teno Alto, por ejemplo, no quiero que sea un escaparate. Conozco a la gente, tengo relación con ellos, sé cómo trabajan y me interesa su historia. Me gusta el esfuerzo que hay detrás. El paisaje es todo eso unido.

Ramos realiza senderismo interpretativo, dándole importancia al territorio / Arturo Jiménez
¿Siente que tiene algún tipo de responsabilidad con las personas que viven en los lugares donde desarrolla la actividad turística?
Claro. No quiero llegar a los sitios, usarlos como escaparate y marcharme. Me interesa cuidar esos vínculos. También intento diversificar. Si llevo a comer a un grupo, un día voy a un restaurante y otro día a otro. Siempre llevo a los clientes a sitios donde yo como, donde sé que hay gente local, familias, productos de la zona y economía que se queda aquí. Me interesa mucho el kilómetro cero, los restaurantes locales, los proyectos familiares y que el dinero se quede en el territorio.
En las rutas que desarrolla encuentra públicos distintos: turistas de diferentes nacionalidades y también locales. ¿Quién está más concienciado con la conservación el medio natural?
Trabajo con un perfil de turista al que le gusta la naturaleza. Alguien no contrata una actividad conmigo si no le gusta esta vertiente o si no tiene interés por conocer algún aspecto del medio natural de Tenerife. Entonces, en general, son personas concienciadas. Es verdad que la gente de aquí suele interesarse más por las historias, las tradiciones y la cultura. Pero también pasa que, cuando has visto algo toda la vida, a veces no te llama tanto la atención. En cambio, el turista que viene a caminar o a observar aves viene buscando especies que solo existen aquí. Para esa persona, ese puede ser incluso el motivo del viaje. Nos pasa a todos cuando viajamos: investigamos más lo que vamos a ver fuera que lo que tenemos al lado de casa.
Está en los espacios naturales de Tenerife casi a diario. ¿Cómo ve la Isla en ese ámbito ahora mismo?
Intento ir siempre a sitios que no estén tan masificados, porque a veces me da vergüenza mostrar determinados lugares. El cliente que tengo le da mucho valor al medio natural. Cuando vas al Parque Nacional del Teide, por ejemplo, es evidente que quien viene a Tenerife quiere visitarlo. Pero llego allí y muchas veces me cabreo. Me cambia el humor. Estás intentando explicar temas de conservación a tus clientes y, al mismo tiempo, ves a gente haciendo lo que le da la gana. En los últimos años se ha masificado mucho. Ya no puedes caminar tranquila por muchos sitios porque tienes que estar explicando normas o llamando la atención a alguien.
Hablando del Parque Nacional del Teide, ¿qué le parecen las últimas medidas adoptadas por el Cabildo de Tenerife?
Es un tema complicado, pero creo que hay que poner restricciones a algunos espacios porque esto no puede seguir así. Nos estamos cargando el medio natural a pasos agigantados. Tiene que existir control. No puede ser que todo el mundo vaya donde quiera, suba donde quiera y haga lo que quiera. Ahora, por ejemplo, con la floración del tajinaste, a mí me sangra el corazón. Sé que mucha gente se va a salir de los senderos para hacerse fotos al lado de los tajinastes, pisotear todo y no le va a importar. Las medidas me parecen bien para conservar nuestros espacios naturales, hay que poner límites. Lo que no puede ser es lo que ha pasado hasta ahora. En cualquier parque nacional o espacio natural protegido del mundo hay normas y hay que cumplirlas. Pero también tienen que vigilar que se cumplan. Si no hay vigilancia, no sirven de nada. Se trata de aplicar una regulación aunque algunos lo llamen prohibición.
Las medidas me parecen bien para conservar nuestros espacios naturales, hay que poner límites.
Las situaciones que acaba de describir, por ejemplo, con los tajinastes ¿se las encuentra a diario?
Sí, sobre todo en los espacios naturales más masificados o conocidos. La gente viene y quiere ir a lo típico: Parque Nacional del Teide, Anaga… Casi no estoy yendo a trabajar a Anaga por la masificación de coches y de personas. Si hago un tour de observación de aves, ¿a qué sitio voy en Anaga si está todo lleno de gente? Las aves no van a estar donde hay tanta presión humana. Y tampoco me apetece seguir contribuyendo a esa saturación.
Entonces, la masificación turística de los espacios naturales de Tenerife también le afecta laboralmente.
Sí, claro. Por el perfil de mi cliente. Vamos a disfrutar de la naturaleza, a aprender, a observar especies que solo hay aquí. Si llegas a un sitio lleno de gente, con coches mal aparcados y personas caminando por todos lados, la experiencia cambia completamente. De todas maneras, soy bastante positiva y creo que si tomamos medidas, controlamos algunos lugares y acotamos el turismo de masas, todavía estamos a tiempo. Hay esperanza para los espacios naturales de Tenerife.
Se define también como educadora ambiental, ¿parte de esa esperanza que describe está en las nueva generaciones?
Creo que hay que poner mucho enfoque en los centros educativos y que se deberían hacer más actividades de educación ambiental en las aulas. A veces me pasa que voy a algunos colegios y veo que los niños saben más de los animales del Amazonas o del Serengueti que de los que tenemos aquí en Canarias y eso da bastante pena. Si no conocemos lo que tenemos alrededor, difícilmente lo vamos a cuidar. En entornos rurales quizá se trabaja más el medio natural, pero en centros más urbanos, del sur o de la capital, por ejemplo, debería reforzarse mucho. Para mí, la educación ambiental debería ser obligatoria en los centros educativos. Si no conoces, no conservas.
Tiene un perfil aventurero. Hace poco subió el Kilimanjaro con un grupo de mujeres. ¿Es su manera de disfrutar aunque se parezca a su trabajo?
Mucha gente me pregunta cómo puedo irme de vacaciones a hacer lo mismo que hago trabajando. Pero para mí la naturaleza es adictiva. No es solo trabajo, es una forma de vida. Cuando viajo, busco destinos de naturaleza o de montaña. Cuando fui al Kilimanjaro quería caminar y hacer esa montaña, pero ahí no estoy trabajando. Ahí desconecto. En la naturaleza conecto y desconecto al mismo tiempo. Cuando trabajo estoy pendiente del grupo, de la seguridad, de la gente, de mil cosas. A veces se piensa que el trabajo de guía es caminar por la naturaleza sonriendo y feliz, y sí, yo voy feliz porque me gusta lo que hago, pero también tienes una responsabilidad.
Su actividad requiere cierta preparación física. ¿Se prepara de alguna manera?
Hago deporte. Caminar, para mí, ya no es deporte. Es disfrute, es otra cosa. Ahora mismo estoy yendo al gimnasio cuando puedo. Pero también está todo el trabajo que no se ve: planificar, contestar correos, mandar presupuestos, gestionar la agenda, estudiar, buscar formaciones, estar al día de estudios y publicaciones nuevas. Y además soy madre. No llego a casa y me tumbo en el sofá. A veces acuesto a mi hijo y me pongo a estudiar. Aun así, estoy haciendo algo que me llena y me gusta. Estoy contenta y veo que cada mes más gente va conociendo el proyecto.
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