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La técnica del cultivo de la viña en cordón trenzado de La Orotava ya es Bien de Interés Cultural

El Gobierno de Canarias protege como patrimonio inmaterial una técnica tradicional de cultivo de la viña que se mantiene viva en el norte de Tenerife desde hace siglos

La técnica del cordón trenzado en bodegas Tajinaste, La Orotava

La técnica del cordón trenzado en bodegas Tajinaste, La Orotava / Arturo Jiménez

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Elena Morales

Elena Morales

Santa Cruz de Tenerife

El Gobierno de Canarias ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) inmaterial la técnica del cultivo de la viña en cordón trenzado del Valle de La Orotava, una práctica agrícola tradicional que forma parte del paisaje y de la identidad vitivinícola del norte de Tenerife.

La declaración reconoce el valor de un sistema de conducción de la vid transmitido durante generaciones por agricultores y viticultores de la comarca. Esta forma de cultivo, característica del Valle de La Orotava, se ha convertido en uno de los elementos más singulares de la cultura del vino en Canarias.

El expediente ya había sido incoado en 2024 como Bien de Interés Cultural inmaterial, con la categoría de Técnica Artesanal Tradicional, a favor de la técnica de conducción del cultivo de la viña en cordón trenzado, según publicó entonces el Boletín Oficial de Canarias.

¿Qué es el cordón trenzado?

El cordón trenzado es un sistema de cultivo en el que los sarmientos de distintas añadas se entrelazan hasta formar largas parras elevadas del suelo. Estas estructuras se sostienen con horquetas de madera o hierro y se atan con fibras vegetales o sintéticas.

La tarea más característica se realiza tras la poda, cuando las varas se atan y arquean para mantener la forma de la planta. Ese trabajo manual es el que da a las viñas su aspecto reconocible, con largos cordones que discurren paralelos al terreno.

Un paisaje agrícola protegido

La protección acordada por el Ejecutivo autonómico busca reforzar la conservación de una técnica que sigue viva, pero que se enfrenta a la competencia de métodos menos laboriosos. El cordón trenzado exige tiempo, conocimiento y mano de obra especializada, factores que explican su valor cultural más allá de la producción de uva.

Entre los elementos que sustentan la declaración figuran su probable origen en el siglo XVI, su continuidad hasta la actualidad, la participación de la comunidad que lo ha mantenido y su valor etnográfico. No se trata solo de una forma de cultivar, sino de una expresión de la relación entre las personas, el territorio y el paisaje.

El sistema continúa siendo mayoritario en el Valle de La Orotava, donde se emplea en más del 70% de las viñas en explotación, de acuerdo con la información facilitada por el Gobierno canario. Esa presencia explica que el cordón trenzado siga siendo una imagen habitual en la comarca y uno de sus rasgos agrícolas más reconocibles.

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