Un ejército de voluntarios se ponen manos a la obra para ayudar a los asistentes a los actos del papa León en Tenerife
Casi dos mil colaboradores serán clave en la acogida de 4.000 personas en la plaza del Cristo y de 40.000 en el puerto, donde se celebrará la misa principal

Andrés Gutiérrez

Más de trescientos voluntarios se han puesto manos a la obra en el primero de los tres turnos convocados por la organización para preparar la visita del papa León XIV a Tenerife el viernes 12 de junio.
El diácono permanente Víctor González —delegado de Educación, casado, padre de dos hijos y vecino de Candelaria— dio la bienvenida a los participantes, de todas las edades y profesiones: desde el secretario de un ayuntamiento hasta propietarias de un colegio de Santa Cruz de Tenerife, personal del servicio de limpieza o desempleados; de 18 años en adelante. Y hasta quienes tienen ocupaciones el día de la llegada del pontífice se ‘pelearon’ por ayudar en las jornadas previas. Sin remilgos. Donde haga falta.
Dos actos multitudinarios
Los voluntarios estarán en dos actos del papa: el encuentro con migrantes en la plaza del Cristo, donde se reunirán 4.000 personas y se movilizará a sesenta colaboradores, y la misa con León XIV en el puerto, que movilizará a 40.000 personas y al grueso de voluntarios.
La visita al centro de Las Raíces se realizará con dispositivo de seguridad y también los agentes del orden controlarán el paseo del papa por las calles Viana y San Agustín hasta el Obispado. «Hemos pasado del tutti, tutti, tutti de Francisco al gracias, gracias, gracias».
Así lo expresó Víctor González antes de dar la palabra al ‘factótum’ de los dos mil colaboradores, Pedro López, médico de profesión y voluntario de vocación. Ya estuvo al frente de las dos últimas visitas de la Virgen de Candelaria. Entonces coordinó a trescientos voluntarios, cifra que ahora se multiplica por seis: 1.600 al servicio de la organización y otros trescientos ministros extraordinarios para repartir la comunión en el puerto.
Pedro mostró los planos de la plaza del Cristo y del recinto portuario: el altar del papa, de novecientos metros cuadrados, parecía diluido entre sectores y sillas. Se dejó sentir el vértigo y la emoción.
Cómo funcionará el operativo
Los voluntarios se distribuirán en grupos de veinte, con un responsable. Siete son las misiones en las que se organizan: facilitar el acceso al recinto desde la periferia —última parada del tranvía, aparcamiento para personas con movilidad reducida en el Auditorio y entradas desde la zona de Presidencia o Hacienda—.
Ese será el primer filtro: la llegada al recinto. Ahí se distribuirán siete u ocho arcos de seguridad. El control lo realizarán efectivos del orden y habrá voluntarios que, una vez superado el filtro, guiarán al feligrés hasta su asiento; dentro se desviará a cada asistente a uno de los cuatro accesos, según la cercanía de su silla.
Todos permanecerán sentados y se repartirán abanicos, gorras y agua; no se permitirán recipientes de aluminio ni sillas portátiles.
Voluntarios para todo
Los voluntarios también acompañarán a personas con movilidad reducida; otros estarán en la carpa de información o atenderán una tienda de merchandising. Otros, tantos como ministros extraordinarios, irán con paraguas para facilitar la identificación durante el reparto de la comunión; algunos repartirán agua e incluso un amplio equipo de asistencia sanitaria se encargará de la atención temprana. También habrá colaboradores al servicio de prensa.
Y todos perfectamente identificados con un polo que llevará estampada una banda cruzada por delante, a modo de estola de diácono, y por detrás con la información del servicio encomendado: rojo para el staff, naranja para identificar a la mayoría de voluntarios, verde para información y comunicación, azul para accesibilidad y cualquier tipo de discapacidad además de atender a personas con movilidad reducida y salmón para los voluntarios sanitarios, con una cruz roja detrás.
Cuenta atrás para la visita del papa
Pedro López explicó que en la plaza del Cristo se movilizarán unos sesenta voluntarios, mientras el resto estará en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Otra premisa que vale para el público en general: quien esté en el acto de La Laguna no llegará a tiempo para la misa en la capital.
Junto a los planos de ambos enclaves, el responsable de los colaboradores adelantó que están citados a las seis de la mañana, una hora antes de que abra el recinto, que cerrará sus puertas cuarenta y cinco minutos antes de la llegada del papa y volverá a abrirlas dos horas después, al finalizar la misa.
Después de una tanda de preguntas domésticas, el diácono permanente invitó a pasar de la teología a la “teolovida” en una primera reunión de trabajo que contagió emoción y acercó la visita de León XIV, mientras no faltaba quien advertía de la relevancia del acontecimiento. «Hasta dentro de mil años no volverá a pasar un papa por aquí».
Comienza la cuenta atrás cuando ya restan 29 días.
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