El ninguneo «colonial» de Madrid en la evacuación del Hondius en Tenerife pone las relaciones con Canarias al borde del abismo
El Estado arrebata por primera vez una competencia autonómica a las Islas y Clavijo se prepara para romper relaciones con la Moncloa

Andrés Gutiérrez

El ninguneo «colonial» y «caciquil» a las Islas –en palabras del presidente canario, Fernando Clavijo–, la falta de transparencia, la invasión de competencias y los errores del operativo Hondius tendrán serias consecuencias políticas e institucionales.
La crisis sanitaria del crucero con hantavirus, que permanece fondeado en el puerto tinerfeño de Granadilla desde la madrugada de este domingo 10 de mayo de 2026 mientras se evacua a los pasajeros, hace añicos la confianza del Gobierno de Canarias con el Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Pero las secuelas de esta emergencia internacional, que ha puesto a Tenerife en el centro del foco mediático mundial, no se van a quedar ahí. CC, que gobierna en pacto con el PP, baraja retirar su apoyo al Gobierno estatal, el mismo que permitió que Pedro Sánchez fuera investido presidente en 2023.
La laxitud observada durante un dispositivo tan extremo y exigente, con riesgos para la población tinerfeña, es la gota que colma el vaso de la desaprobación canaria. Un psiquiatra que se baja sin mascarilla ni EPI –equipo de protección personal– de una de las guaguas de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en las que están siendo trasladados los pasajeros al aeropuerto Tenerife Sur, uno de estos pasajeros que aparece en el transporte burbuja sin mascarilla, la sensación de relajación generalizada al ver a los evacuados sacándose fotos hasta en la misma escalerilla del avión... Además, uno de los cinco pasajeros franceses repatriados a Francia presentó síntomas durante el vuelo de regreso, según confirmó el Gobierno de Macron.
Ni ninguno de los pasajeros se había librado del virus, como aseguró el Gobierno central repetidas veces, ni el despliegue sanitario se realizó con el celo debido. Fernando Clavijo ya había insistido en la letalidad del hantavirus, avalada por los estudios científicos. No pareció, sin embargo, que el plan de evacuación, ni algunas medidas adoptadas anteriormente, hayan estado a la altura de semejante desafío.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), de hecho, sigue rastreando a una treintena de pasajeros que abandonaron sin control el crucero en la isla de Santa Elena, el 24 de abril. Y aunque el temor manifestado por Clavijo a que algún roedor infectado saliera del barco generara mofa, uno de los protocolos remitidos a las autoridades canarias habla claramente de la necesidad de desratizar el Hondius, un paso que no se podrá dar hasta que se complete la evacuación en Países Bajos.
Esta relajación, en cualquier caso, ha sido un agravante –un serio agravante– para un Gobierno canario estupefacto. Porque la fe ya estaba rota. La situación pareció relajarse el jueves tras la llamada de Sánchez a Clavijo. Pero volvió a resquebrajarse tras la decisión del Gobierno central, adoptada la misma madrugada del domingo, de retirar las competencias sanitarias al Gobierno de Canarias e imponer el fondeo en Granadilla, inédita por el nivel de confrontación institucional que esto conlleva con una comunidad autónoma y el uso de la autoridad estatal para imponer una medida contra la voluntad expresada por el presidente canario.
Desde que las competencias sanitarias empezaron a transferirse a las regiones a partir de 1981 y el Archipiélago las recibe en 1994, no había ocurrido una situación como la provocada por el barco del hantavirus, procedente de la Patagonia argentina y en el que un brote de hantavirus ha provocado la muerte de tres pasajeros y el contagio de otras ocho personas, un virus que tiene una capacidad de propagación mucho menor que el covid-19 pero una letalidad muy superior.
La imposición del fondeo por parte de Madrid se producía a pesar de que Canarias tiene un largo historial de gestión eficiente de crisis sanitarias internacionales, como ocurrió con el primer caso de covid registrado en España en 2020, un turista de nacionalidad alemana que se encontraba de vacaciones en Hermigua, en la isla de La Gomera.
No hay precedentes en la historia. Solo hay otro episodio en el que el Estado pasó por encima de la descentralización autonómica, aunque hay muchas diferencias con lo ocurrido con el crucero: la aplicación entre 2017 y 2018 del artículo 155 de la Constitución española, que permite al Gobierno central tomar el mando de una región. Fue en Cataluña por el referéndum independentista. La comunidad catalana permaneció intervenida 208 días.
La orden del Estado de asumir el pleno control sanitario llegó la madrugada del domingo después de que Clavijo, al filo de la medianoche, lo prohibiera. El Gobierno de Sánchez le acababa de anunciar que el fondeo y la evacuación de los pasajeros se iba a extender hasta este lunes por el retraso en la llegada de dos de los aviones movilizados.
Clavijo alega que el Ejecutivo estatal ha actuado en toda esta crisis «de manera unilateral» y sin compartir los informes y protocolos que el Ejecutivo autonómico lleva días reclamando. Incluso, propuso una solución para que el fondeo durase el menor tiempo posible y se redujera la exposición al riesgo sanitario. Entre las medidas planteadas, el mandatario canario propuso que los pasajeros pendientes de traslado fueran evacuados en un avión del Gobierno de los Países Bajos o en una aeronave del Gobierno de España, que contaban con plazas disponibles para hacer los traslados en condiciones de seguridad.
La respuesta del Gobierno central, ya con tres ministros (Mónica García, de Sanidad; Fernando Grande-Marlaska, de Interior; y Ángel Víctor Torres, Política Territorial) y el director general de la OMS (Tedros Ghebreyesus) en la Isla, no tardó una hora. La directora general de la Marina Mercante, Ana Núñez, firmaba una resolución administrativa que anulaba de facto el veto canario al fondeo de la embarcación en Granadilla e imponía la acogida del barco.
De forma pública, el gabinete de Sánchez se ha esmerado en no responder a las críticas del Gobierno canario, aunque ayer sin citarlo dijo el presidente español en clara alusión a Clavijo durante un mitin: «La política no sirve para alarmar si no para dar soluciones». Declaraciones como esta y las de la ministra Mónica García, cuando ayer exigió a Clavijo que les dejara trabajar, desnudan sin embargo unas grietas que van a ser difíciles de recomponer de aquí al final de la legislatura. Sobre todo después de ver también cómo los tres ministros excluyeron a Clavijo y otros cargos isleños, como la presidente del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, de las comparecencias ante los medios a pie de muelle y cómo menospreciaron sus posturas.
Pedro Sánchez lanza en un mitin que la política «no sirve para alarmar si no para dar soluciones» y Mónica García se queja de que no los dejan trabajar
Deteriorado el diálogo, la respuesta de Madrid fue la imposición, con argumentos como los de «una necesidad de asistencia sanitaria a bordo, con limitaciones operativas para mantener a las personas en el buque durante más tiempo» y «un eventual deterioro meteorológico».
El escrito de la directora general de la Marina Mercante, que ordenó el fondeo pese a la negativa de Canarias, detalla que «desde un punto de vista sanitario, las autoridades españolas, en coordinación con las de otros países, han organizado un operativo especial para el desembarco controlado en frente al puerto de Granadilla».
En este dispositivo, se lee en la orden, «se han coordinado distintos organismos, como son la Capitanía Marítima de Tenerife, Sanidad Exterior, Autoridad Portuaria y Protección Civil». «En este sentido, las autoridades competentes han determinado que el control sanitario es más eficaz en un puerto preparado que manteniendo indefinidamente el buque en alta mar», matiza el escrito.
Madrid se ampara en su competencia exclusiva en Sanidad Exterior, la cual entiende que tiene prioridad jerárquica sobre las facultades de gestión ordinaria de las comunidades autónomas. Bajo este prisma, Canarias mantiene sus competencias para gestionar la red hospitalaria y la atención primaria, pero en este escenario queda supeditada a los mandatos estatales, como ha ocurrido ahora con el Hondius.
Fernando Clavijo rechaza este fondeo tal y como se está haciendo y se queja de la «falta de información técnica». Su estrategia se centró desde poco antes de la llegada del crucero en exigir que el tiempo de permanencia en la Isla fuera el mínimo posible, condicionando el desembarco a que los aviones de evacuación estuvieran ya en la pista del aeropuerto Tenerife Sur, que se encuentra a unos 10 minutos en vehículo del muelle granadillero. Lo que iban a ser unas horas, sin embargo, se convirtió en más de un día. Sin consulta previa, sin consenso. La política de hechos consumados. Una sumisión que al presidente canario le recuerda a un trato colonial por parte de la metrópoli.
El cisma se va a percibir de inmediato y muy probablemente llegará al Congreso de los Diputados, con la retirada del apoyo por parte de CC. Es un solo voto, pero decisivo para un Gobierno central mantenido por equilibrios cada vez más frágiles a medida que se acerca el final de la legislatura.
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