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Ceci Martín, recepcionista del centro Nazaret de Los Realejos: "Tengo una huella imborrable. Estudié, trabajé y hasta me casé en ese colegio"

Se jubila tras 35 años de trayectoria profesional y un vínculo emocional inquebrantable

La que fuera recepcionista del colegio Nazaret de Los Realejos durante 35 años, Ceci Martín

La que fuera recepcionista del colegio Nazaret de Los Realejos durante 35 años, Ceci Martín / El Día

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Para hacerse una idea de lo que supone Ceci Martín para el colegio Nazaret de Los Realejos basta con ver el vídeo de su despedida por su jubilación. Alumnado, profesorado y otras personas del centro realizaron un pasillo enorme para decir adiós a su recepcionista. La que prácticamente entregó su vida al Nazaret. "Pedí, por favor, que no me hicieran una despedida como esta. Sabía que decirle adiós a los niños del colegio iba a ser muy duro para mí. Pero allí nadie me hizo caso", confiesa humildemente sobre el gran acto de despedida que desarrolló el colegio.

La recepcionista del centro educativo se jubila después de 35 años de trayectoria profesional y un vínculo emocional inquebrantable. Fue una despedida oficial, pero sabe que "no va a ser un adiós para siempre. Cada vez que me necesiten, aquí estaré. Además, vivo muy cerca. Subo una escalera y ya estoy", explica. Martín estudió, trabajó e incluso se casó en el colegio. Los lazos del destino quisieron que cuando decidió darle el sí quiero a su marido, la iglesia de Santiago Apóstol de Los Realejos se encontrara en obras. "Le comenté a Don Antonio, el sacerdote de ese entonces, que me iba a casar. Pero claro, la iglesia estaba cerrada y muchas otras parejas lo hacían en otras parroquias. Él me preguntó que si me gustaría casarme en la capilla del 'cole' y yo le dije que qué mejor opción que esa", cuenta. En el Nazaret guarda sus recuerdos de infancia y "lo quiero con locura. Las monjas no pusieron ningún impedimento y ahí me casé", añade.

Más que una recepcionista

La labor de Martín en la escuela realejera iba más allá de una recepcionista. Era la primera cara que se encontraban los niños y adolescentes al entrar a su jornada lectiva todos los días. "Yo abría las puertas a las 8:00 de la mañana cuando entraba el alumnado de Secundaria y luego, a las 9:00, para los de Primaria. También me encargaba de las salidas", explica emocionada. Luego atendía al teléfono, a los padres y "todo lo que se ofrecía pasaba primero por donde estaba yo".

Después de su etapa como alumna en el Nazaret, vino la de madre: "Mis dos hijos también estudiaron allí y comencé como miembro de la asociación de madres y padres. En seguida empecé a trabajar en la recepción", narra. En más de 30 años de profesión, no es capaz de hacer un recuento del número de alumnos que vio pasar. La escuela acoge a alumnado que va desde infantil hasta el último curso de la ESO. "Deben de ser cientos y cientos o miles, pero de lo que sí estoy segura es de que ya empezaron a venir alumnos que ahora son padres y matricularon a sus hijos en el colegio también. Así que, he visto varias generaciones de realejeros y es algo que realmente me emociona", declara.

Para Ceci Martín el Nazaret es su segunda casa. "Siempre he estado ahí. En horas laborales, como no. Si necesitan cualquier cosa en la que yo pueda echar una mano, yo estoy ahí". Dentro de esta entrega, está la reflexión: "Ahora, es cierto que empieza una etapa en la que tengo que dejar un espacio para mí y para que ellos también sigan a su manera". Asegura llevar muy bien la jubilación, muy tranquila.

Una huella imborrable

La huella del Nazaret ya estaba en Ceci cuando empezó a trabajar. "Es algo que se siente, pero luego a nivel laboral me gusta que la gente se sienta ayudada y acompañada", sostiene. Enfatiza en el ritmo estresante de la vida actual de las familias. "Me gustaba que los padres se sintieran seguros dejando a sus hijos en el colegio y que pudieran seguir con quehaceres. Siempre les decía que se marcharan tranquilos que los niños aquí iban a estar cuidados y acogidos", apostilla. Los brazos de Martín siempre estaban "abiertos humildemente. Yo siempre quise ir más allá de la nómina y de mi papel de recepcionista", destaca. Precisamente por esto, la huella de Ceci nunca se marchará del colegio Nazaret.

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