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Puertito de Armeñime en Adeje: pasado aborigen y de sal

En una de las calas más bellas y vírgenes del Suroeste viven, de manera permanente, menos de diez personas. El alquiler vacacional es casi parte de su ADN y la pesca pervive a modo de recuerdo

Puertito de Armeñime, en Adeje

María Pisaca

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

Un idilio marinero. Esa es la imagen que se graba en la vista al llegar a la costa del Puertito de Armeñime, en Adeje. Valdría la pena llegar hasta ese punto con los ojos vendados y los oídos tapados. Al quitar las barreras sensoriales, el azul inunda la vista. Se oyen muchos idiomas y ruido de maquinaria. Un conjunto de casas blancas, apiñadas y atravesadas por un paseo estrecho y coqueto, se recogen en una cala costera virgen y bella. La gran mayoría son de alquiler vacacional, porque en el Puertito de Armeñime "apenas viven seis o siete personas de manera permanente", explica una de las pocas personas que conoce el lugar y no quiere revelar su identidad.

Tampoco quiere hacerlo uno de los camareros del único bar del Puertito. De origen italiano, al preguntarle por el número de habitantes del núcleo costero lanza una pregunta: «¿Del Puertito o de las chabolas?". En los alrededores hay varios asentamientos de viviendas ilegales que hacen que el joven, que apenas lleva algo más de un año trabajando allí, se plantee quiénes viven realmente allí. Sabe muy bien que todos los clientes que tiene en la terraza son extranjeros. Sí que hay una mesa de locales que, con recelo y vestidos de anonimato, hablan del Puertito de Armeñime. Uno de ellos ya no vive allí, pero "me crié aquí. La infancia aquí fue mejor que la que tienen los niños ahora", presume.

Vieja empaquetadora de tomates

Habla de que antes el Puertito de Armeñime vivía de la pesca, un dato indudable a simple vista, y del campo. "Ese edificio que ves ahí era una empaquetadora de tomates", señala a su espalda a una nave industrial antigua, pero erguida. El hombre es moreno, algo que denota su carácter sureño. Asegura que la gente se fue marchando hacia arriba "hasta Armeñime. La gente compró casas o solares ahí y se fueron para estar más cerca de todo". El núcleo al que se refiere está a escasos diez minutos en coche y actualmente cuenta con más de 2.000 habitantes, según el censo municipal. Tienen todos los servicios que no hay en el Puertito.

No hay supermercado, ni farmacia, ni servicio médico, ni tampoco transporte público. Es un decorado, es superficial. Pero caminar por el estrecho camino que lleva hasta la punta de la cala descubre el auténtico halo del núcleo marinero. Casas cueva, barcos que adornan el paseo, muchos elementos decorativos que recuerdan un pasado tan salado como el salitre o buganvillas espontáneas que dan un toque cromático más allá del azul. Tuvo alma y hubo gente que nació, creció y vivió allí.

Pesca inerte

La pesca, principal actividad económica del barrio, inunda cada uno de sus rincones. Pero no está viva. Está inerte: anclas, pequeñas chalanas, boyas o redes. Todo está presente, pero no se siente. Es más, la pequeña rampa que lleva los barcos hacia el mar tiene un pequeño escalón que imposibilita que la embarcación suba a tierra o baje hasta el mar. "Con la última tormenta, se rompió el puente aquel y todavía no han venido a arreglarlo", denuncia este vecino que, aunque ya no vive en el Puertito de Armeñime, se muestra ofendido por la dejadez que experimenta el lugar. "Lo que quieren es que todo el mundo se marche de aquí. Para arriba, nos echan para arriba", dice con indignación.

Es ineludible y también es negar la mayor si no menciona el paisaje que el visitante se encuentra hasta llegar al Puertito de Adeje. Si el pasado reciente del núcleo costero fue de sal y marinero, su presente se llama Cuna del Alma. La obra antecede la llegada a la costa. Lo llena todo:la vista, con los movimientos de palas, picadoras, tierras y piedras de un lado para otro; el oído, con el traqueteo constante y mecánico que libra una lucha incesante con el vaivén de las olas; y hasta el olfato, con el olor a tierra, a obra, a carburante.

"Toda la gente de aquí está en contra de esa obra. Nadie quiere eso", sentencia con enfado. Comparte mesa con un hombre y una mujer que tímidamente asienten ante este discurso. Lo ayudaron a hacer el recuento inicial de vecinos, pero no se atreven a hablar. El camarero opina lo mismo: "No hay un día en el que los vecinos no hablen de Cuna del Alma. No quieren que se haga el proyecto".

En la lista roja

El Puertito de Armeñime está en la lista roja del portal especializado en patrimonio cultural y natural Hispania Nostra. Este listado incluye a lugares, edificios u otros elementos que se encuentran en peligro tras la valoración de un comité científico. Los expertos destacan al núcleo costero como principal puerto de la Casa Fuerte y del Marquesado de Adeje. Fue el punto más importante del litoral del suroeste después de la conquista.

No obstante, la historia del Puertito de Armeñime se remonta al asentamiento de aborígenes durante el siglo XV que pertenecían al menceyato de Adexe. Según la web especializada en patrimonio, en este entorno se hallaron restos de piedras, cerámicas, moluscos y prácticas de vida cotidiana correspondientes a la etapa prehispánica. Incluso, hablan de la existencia de una cabaña de esa época con la posterior delimitación de cuatro yacimientos arqueológicos. Mucho más tarde, el cultivo de tomates y plátanos también transformó el paisaje para sobrevivir. El terreno se amoldó a la agricultura en forma de bancales y terrazas con la propia tierra de la zona.

Mirar hacia el mar en el Puertito de Adeje o Armeñime tranquiliza. Todo es azul. Darse la vuelta y asomarse hacia la montaña perturba. Todo es ocre o gris. El carácter local de este enclave marinero no existe aparentemente. Aunque surge la esperanza cuando un matrimonio llega con las bolsas de un supermercado. Son canarios. Sacan las llaves y abren la puerta de su casa, justo al lado del bar. Parecen ser los únicos que viven allí de verdad. Ellos también son el presente del lugar. El futuro todavía es muy incierto.

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