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La inteligencia artificial se cuela entre las cepas y el vino de Tenerife

Bodegas Viñátigo implementa esta tecnología en sus cultivos desde hace más de cuatro años, cuando hablar de ello era "ciencia ficción"

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

La inteligencia artificial se cuela en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Incluso entre las cepas y el vino. Un claro ejemplo de esto se encuentra en la bodega Viñátigo de La Guancha, en el norte de Tenerife. El propietario de una de las producciones vitivinícolas más importantes de Canarias, Juan Jesús Méndez Siverio, continúa con su carácter innovador y pionero al usar esta herramienta para optimizar su cosecha.

Hace más de cuatro años, cuando hablar de inteligencia artificial era aún "ciencia ficción", Viñátigo ya implementaba esta tecnología. Es más, desde hace dos décadas trabajan con sensores que les reportaron un histórico de datos que ahora les sirve para alimentar a la IA. Un aspecto fundamental porque trabaja "con toda esa base de datos. Si no tienes un Big Data, no sirve", destaca Méndez Siverio. Desde aquel entonces, crean algoritmos mecanicistas que son mucho más simples porque "toman decisiones en base a inputs, recursos y datos. Este conjunto de información de varias décadas entrena a la inteligencia artificial", explica. Ahora, lo combinan todo con diferentes modelos de predicción meteorológica. Es un 'potaje' que les ayuda a ser más eficientes y más respetuosos con el medio ambiente.

Más allá de la agricultura ecológica

Este último carácter es fundamental para el impulsor vitivinícola: "Practicamos la agricultura regenerativa. Es un paso más allá de lo ecológico", define. El desarrollo de este modelo agrícola es más fácil gracias a la inteligencia artificial, ya que ayuda a predecir posibles problemas. De esta manera, actúan con productos preventivos y menos agresivos para el entorno. "La IA es una herramienta muy importante para la transición hacia modelos sostenibles y ecológicos", sostiene. "Nos permite ahorrar agua, no tirar productos químicos al ecosistema, mantenemos y protegemos la biodiversidad y podemos ser más cuidadosos con la salud de las personas que consumen nuestro vino. Es muy positivo y acorde a lo que deben ser las tendencias en agricultura", declara.

Todo ventajas con un solo pero: tiene un consumo energético muy alto. Viñátigo lo compensa con cubiertas vegetales en los viñedos que son "auténticos sumideros de dióxido de carbono. Nuestra huella de carbono es negativa", confiesa. Además, la bodega de Viñátigo funciona al 100% con energía solar y regeneran el agua con una depuradora. Se le suma que la aplicación de agentes artificiales, aunque aún es incipiente por su corto recorrido, es capaz de "predecir con muchísima exactitud los niveles de enfermedades fúngicas, como el oidio o el mildio, y la necesidad de riego", apunta. Esto ayuda a ahorrar en agua y en la aplicación de productos.

La inteligencia artificial es todo ventajas con un solo pero. Tiene un alto consumo energético

Señala que ahora se encuentran trabajando en parámetros para otro tipo de enfermedades y plagas, la predicción de producción, momento de vendimia y condiciones climatológicas del año. "Esto va a ser muy útil. Es una herramienta muy potente para planificar la recogida de la uva, organizar el mercado y gestionar todo lo que concierne al sector", verbaliza el director de la bodega. Una vez más, pone por delante la amplitud de datos: "Tenemos 30 años de historia de Viñátigo para la previsión de datos enológicos y la producción. Además, le sumamos el histórico del Consejo Regulador, por lo que el rango de información es muchísimo más grande".

Todo para recopilar el máximo de información

Méndez Siverio expone entusiasmado toda la serie de aparatos que recopilan la información necesaria hasta su base de datos. Dirección y fuerza del viento, telemetría, humedad ambiental, radiación solar -fundamental para indicar el grado de fotosíntesis-, nivel de humectación dentro de la planta -clave para conocer el desarrollo de hongos-, e información sobre la temperatura y humedad en distintas alturas del suelo. Estos sensores trasladan los datos a los servidores y de ahí se entra a la bodega para comprobar, en una pantalla de ordenador, qué está pasando en la viña situada en el exterior.

Allí espera Jorge Méndez, enólogo y nueva generación de viticultores de Viñátigo. Gestiona el cuaderno de campo. Pero no es una libreta física, llena de tierra o sucia por los cultivos. Es una aplicación que puede llevarse en el móvil o que tiene abierta en el ordenador. "Paso más tiempo aquí que en Instagram", asegura entre risas. El cuaderno de campo digital tiene, mediante gráficas, la información que la IA recopiló. Las parcelas de la bodega están todas representadas y mediante una especie de globos, que varían de color, saben cuál es el estado de cada una. "Puedes geolocalizar los cultivos por la categoría que quieras: riegos, variedades o bancales. A partir de ahí, sacas tus unidades productivas. En este caso, cada uno de los globos está relacionado con cada una de las variedades que existe en la parcela", va señalando en pantalla.

Globos de colores

"Debajo del globo tenemos un dibujito. Son las necesidades de riego", aclara. Este dato se obtiene gracias a los sensores enterrados en la tierra que les dicen "cuál es la infiltración real del agua de riego y de lluvia o cuál es la evaporación, por ejemplo". Es pura magia. También les avisan de los riesgos de enfermedades mediante "diamantitos de diferentes colores. Si es verde, no hay riesgo. En rojo, sí lo hay. Si es naranja, es que no hay riesgo pero has hecho un tratamiento, por lo que tienes la parcela cubierta", desarrolla. Cambia el interfaz en función al tiempo que se quiere visualizar: una semana, 15 ó 21 días. Todo esto va mutando en función de "la predicción meteorológica", destaca. Lo realmente interesante es "tener una herramienta de disciplina para el técnico o para el agricultor, algo visual que te facilite el trabajo".

El enólogo ahora se va a Sencrop, otra herramienta que se basa en estaciones meteorológicas para predecir el tiempo. Tiene más de 38.000 en toda Europa. Viñátigo diseñó una API, un puente entre aplicaciones, para conectar la predicción con el cuaderno de campo digital que enseñaron en primera instancia. Pone un ejemplo: "En caso de que me aparezca un globo en rojo en el cuaderno de campo, que significa riesgo, luego me voy al programa de predicción meteorológica y en el apartado de agronomía me pone pulverización, que supone tratamiento. Este viñedo está en un sitio concreto y sé, gracias a las aplicaciones, que en ese lugar entre las 18:00 y las 21:00 es cuando puedo tratar. De resto no, porque estará lloviendo o hace mucho viento. Te dice cuándo debes hacer los trabajos".

Viñátigo es el claro ejemplo de que la actividad agrícola no está reñida con la tecnología. Que no es necesario seguir trabajando como lo hacían los abuelos de Méndez Siverio, ni siquiera como los de su hijo. La vida del campo puede ser más fácil si además de sembrar viña se 'riega' con impronta digital y carácter pionero.

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