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La universidad de mayores de Tenerife multiplica por cinco su alumnado en apenas dos décadas

Las formaciones para seniors mayores de 45 años ofertadas por las dos universidades públicas de Canarias pueden presumir de tener en sus aulas a estudiantes cada vez más preparados

Una clase en la universidad de mayores de la ULL

Una clase en la universidad de mayores de la ULL / Arturo Jiménez

Santa Cruz de Tenerife

Los Estudios Universitarios para Personas Adultas y Mayores de la Universidad de La Laguna (ULL) han experimentado un boom de matrículas en los últimos años que va muy en la línea de la tendencia nacional. Entre los seniors de todo el país, ir a la universidad está cada vez más de moda. El programa tinerfeño, en concreto, arrancó hace 27 años con tan solo un puñado de alumnos.

En 2008, ejercicio en el que se incorporó la actual directora, Inma Fernández, apenas llegaban a ser 70. Hoy en día, hay un total de 318 alumnos inscritos, sin contar a los que acuden módulos extras de competencias digitales o bienestar emocional, que pueden ser otras 70 personas. Estas cifras, por tanto, evidencian que en menos de veinte años la matrícula ha crecido en torno a un 454% o, lo que es lo mismo, los estudiantes se han multiplicado por cinco. «Se nota muchísimo, basta con echar la vista atrás una década», asegura la responsable.

Algo similar ha ocurrido en la Formación Sénior de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) donde ya son 1.530 estudiantes. Se trata de una cifra récord de matrículas, nunca antes registrada en los 25 años de trayectoria que tienen estos programas. De hecho, solo en este curso son casi 300 estudiantes más que en el anterior.

'Boom' de inscritos

Fernández asegura que la demanda ha aumentado «de manera exponencial». En todos estos años solo hubo un pequeño parón: la pandemia. «Las clases en línea o semipresenciales con un público que buscaba, sobre todo, poder relacionarse con otras personas no iban a funcionar, pero no nos costó nada retomar ese número creciente», recuerda.

No solo han aumentado en cantidad, sino que también, en cierto modo, han subido la calidad y la exigencia. Cada vez es más habitual que las aulas estén llenas de titulados universitarios. Los profesores –muchos ya jubilados– son los que más abundan, aunque en las sillas de la Pirámide de la ULL –donde se imparte por las mañanas el Grado en Periodismo– también se sientan juristas, sanitarios, administrativos e ingenieros. «Nosotros, como institución, tenemos que tener nivel suficiente para satisfacer las necesidades de un público tan formado», destaca.

Una ley que dio resultados

Para la directora, este es el fruto de la conocida como Ley General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa de 1970. Esta norma modernizó el sistema español y estableció la Educación General Básica (EGB) obligatoria y gratuita hasta los 14 años, estructuró la Formación Profesional (FP) y sentó las bases para el acceso universitario. «Por ese entonces, se criticó porque no buscaba la excelencia, pero ahora podemos ver sus buenos resultados en estas generaciones», resalta.

En las aulas, ellas son las protagonistas o, al menos, las que más sitios ocupan. Siete de cada diez son mujeres y el resto, hombres. «Llegamos a tener aulas con cuarenta mujeres y solo dos hombres, aunque es cierto que ellos se han animado en los últimos años», sostiene. Los usuarios pueden matricularse desde que cumplen los 45 años. Sin embargo, lo más frecuente es que tengan unos 70. En estos momentos, el alumno más veterano supera los 85.

Alumnado muy diverso

A la responsable del programa le resulta imposible describir la identidad del alumnado en un único perfil porque, según defiende, lo que más les caracteriza es la diversidad. En lo que sí suelen coincidir estos estudiantes es en sus preferencias: les apasiona el arte. «Están en el momento perfecto para disfrutarlo; es más, su interés por esta materia nos motivó a incluirla en un módulo», detalla.

La universidad de mayores no funciona a la carta, pero sus planes de estudio son bastante dinámicos. Esta peculiaridad es la que ha permitido a muchos alumnos estar matriculados incluso por más de una década. Este curso, por ejemplo, hay dos módulos multidisciplinares, cada uno con diez asignaturas. También se oferta un ciclo de formación destinado al desarrollo de la competencia digital y otro, que nació este mismo año, más centrado en el bienestar emocional de los mayores.

¿Cuánto cuesta?

Aquellos que quieran comenzar a ser universitarios después del medio siglo pueden inscribirse en el programa de la ULL a través de su plataforma digital o en las oficinas de la calle Viana 50. Cada asignatura cuesta unos 27 euros, por lo que si alguno decidiera matricularse en todas rondaría los 250 euros. Eso sí, la directora recuerda que los jubilados tienen un descuento del 50%.

Para la vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria, Isabel Karely Pérez, estos estudios son una de las grandes fortalezas de la institución académica. «La potencial clientela de esta formación son los mayores, que ahora mismo conforman la base de nuestra pirámide poblacional, creo que ese dato cuantitativo es suficiente por sí solo, pero además estos alumnos traen consigo mucho conocimiento y experiencia», celebra.

¿Qué podría mejorar?

En esta línea, confiesa que estos estudios no han ido a más por cuestión de espacio, pero que cada año la demanda es más alta y mucha gente se queda con ganas de incorporarse. Es más, en determinadas asignaturas han hecho una ampliación del plan de estudio. «Todos los que participan se caracterizan por tener una inquietud y una sed de conocimiento tremenda, no solo han demandado cuestiones como tener una rama específica para el arte, sino que también nos piden que hagamos algo con mucha calidad porque son muy críticos y a nosotros no nos queda otro remedio que crecer y atender sus peticiones», reconoce.

En esta formación, dirigida a adultos y mayores, el envejecimiento activo es una prioridad. Asimismo, la vicerrectora confiesa que una de las asignaturas pendientes es reforzar las relaciones intergeneracionales, es decir, intentar que cada vez haya más trato con los estudiantes jóvenes. «Los seniors son un caldo de cultivo maravilloso al que hay que mirar mucho más».

¿Qué opinan los docentes?

Esta última idea la comparten profesores como Israel Pérez, del departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal. Él llegó a la uni de mayores atraído por la curiosidad de dar clase ante un público más experimentado. En los últimos años ha dado asignaturas como Conservación del Patrimonio Natural, Plantas Medicinales o Introducción a la Genética. Este curso imparte Botánica Canaria y uno de los aspectos más curiosos de su materia es que, como en cualquier grado, tienen prácticas en laboratorio.

Yago Viso es otro de los docentes que se ha sumado a dar clases en estos estudios. En su asignatura enseña historia del arte, centrándose tanto en la parte de patrimonio como en la arquitectura, entre otras cuestiones. «Siempre llevándolo un poco más allá porque muchos han sido maestros o tienen otras carreras y vienen muy formados», revela.

En sus clases, además, ha notado que muestran «un montón de interés» y que vienen «con muchísimas ganas de aprender». Por ello, es muy habitual que tras su explicación se formen debates en los que él apenas tiene que intervenir. «A ellos les gusta preguntar, con una simple diapositiva podemos pasarnos la hora entera charlando; en general, todos aprueban con muy buena nota», afirma.

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