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El reto de tres mayores de Tenerife matriculados en la Universidad: «Venimos a formarnos, no es ningún club para jubilados»

José Luis Marrero, Liria Bello y José Luis Hernández son tres tinerfeños que siguen acudiendo a clase después de retirarse porque creen que siempre se puede aprender algo nuevo

De izquierda a derecha: Liria Bello, José Luis Hernández y José Luis Marrero.

De izquierda a derecha: Liria Bello, José Luis Hernández y José Luis Marrero. / Arturo Jiménez

Santa Cruz de Tenerife

Los nietos de José Luis Marrero, un tinerfeño de 75 años, pueden presumir en el colegio de que su abuelo va a la universidad. No solo eso, también pueden alardear de que estudia Astronomía, Microbiología, Matemáticas y Botánica, entre otras muchas asignaturas. En la última década, este ingeniero industrial ya jubilado ha participado en prácticamente todos los módulos que ha ofertado la Universidad de La Laguna (ULL) en su programa de estudios para adultos y mayores. «Nosotros venimos aquí a formarnos, no me lo tomo como un club para jubilados en el que pasar el rato, lo que queremos es aprender», sentencia.

En su clase, destaca, hay alumnos muy bien formados, con décadas de experiencia en distintos sectores: «El profesorado, cuando se sube al estrado, nos mira y se da cuenta de que delante de él tiene a alumnos que suman más sabiduría que la que él mismo tiene». Aun así, confiesa que «ha aprendido muchísimo» durante estos años.

Todos los que, como él, se sientan de lunes a miércoles en los pupitres –o, más bien, sillas con reposabrazos– de la conocida como Pirámide de la ULL comparten una característica común: unas ganas incansables de formarse y de aprender algo nuevo cada día, incluso después de la jubilación. «A mí, por ejemplo, en mi escuela me siguen pidiendo que corrija algunos proyectos, no he perdido el contacto con la cultura ni con el conocimiento», advierte.

Aprendizaje mutuo

El aprendizaje en estas clases nunca es unidireccional; los profesores también aprenden de ellos e, incluso, entre los propios estudiantes se crean muchos debates que, como comenta Marrero, dan pie a «conocer otras cuestiones que no dominamos». Su tocayo y compañero de clase, José Luis Hernández, es otro de los tinerfeños que se ha dejado sorprender por la universidad de mayores.

Antes de jubilarse nunca había pisado la universidad. Trabajó toda su vida como contable y, al concluir su etapa activa, optó por matricularse porque sabía que tenía que hacer algo más que gimnasia. «Yo pensaba que aquí la gente estaría igual que yo, que esta iniciativa estaba proyectada para personas que no habían hecho estudios superiores, pero cuando llegué lo que me encontré fueron médicos, profesores y, en general, compañeros muy formados», recuerda este alumno de 68 años.

Salidas extraescolares

Él, en concreto, se apunta a unas cuatro asignaturas al año y participa en todas las actividades extraescolares, ya que es miembro de la asociación estudiantil que han creado. Así, en los pocos ratos que tienen libres, organizan salidas a las bibliotecas de La Laguna o a Icod de los Vinos, donde compartirán una comida «todos los amigos». Como durante toda su trayectoria se enfocó en la ciencia y los números, ahora se decanta más por la Historia o la Geografía. «Cuando empecé apenas se podía escoger, pero conforme han ido pasando los cursos han puesto más opciones, como la Botánica», detalla.

Para Liria Bello, una tinerfeña de 71 años, la asignatura de Fotografía ha sido, de lejos, la más interesante. «De no saber sacar una foto a cogerle el gusto, esa misma profesora también nos dio teatro y me encantó», desvela. Entre sus grandes pasiones también está la Historia.

Un gran reto

Tal es así que hace unas dos décadas se matriculó a la licenciatura que, por ese entonces, ofrecía la ULL. Durante la mayor parte de su vida fue ama de casa, solo se empleó de manera esporádica. En 2010 se licenció y trabajó en el área de Patrimonio de un ayuntamiento de la Isla. «Después estuve un tiempo de relax y, en 2021, cuando todavía teníamos que llevar mascarilla, decidí apuntarme de nuevo a la universidad, esta vez, a la de mayores», subraya. Para ella, esta formación es un reto personal. «Ya estoy acostumbrada, si me lo quitan me sentiría vacía», confiesa.

De izquierda a derecha: Liria Bello, José Luis Hernández, Inma Fernández (directora del programa) y José Luis Marrero.

De izquierda a derecha: Liria Bello, José Luis Hernández, Inma Fernández (directora del programa) y José Luis Marrero. / Arturo Jiménez

Eso sí, la licenciatura le obligó a sacrificar muchos planes, por lo que ahora solo coge unas tres asignaturas al año porque también le gusta mucho viajar y no quiere saturarse. Entre tanta formación también ha aprendido a manejarse con la tecnología y, sobre todo, con las plataformas y la web de la institución académica. «He aprendido sola, el otro día entré al Portal y estuve mirando mi expediente y todo sobresaliente, así que estoy muy contenta», asegura.

Beneficios

Estos tres alumnos de momento no han convencido a ningún colega para que se apunte en la universidad, pero todos coinciden en que cuentan con el apoyo de su entorno. «Mis hijos cuando estaba en historia se lo contaban a sus amigos», rememora Bello. Hernández, por su parte, resalta que su hija, que es médico, hasta se vacila de él. «Me dice que si estoy loco, pero no, yo se lo recomiendo a todo el mundo porque es una actividad muy buena para evitar el deterioro cognitivo», apunta.

Como en cualquier grado o máster universitario, en estos cursos hay que currarse el aprobado. En este caso, les evalúan a través de trabajos finales. «Es un placer venir a estudiar, en ese proyecto nos explayamos de la mejor manera posible, para nosotros mismos es una satisfacción cuando te ponen la nota y ves que tienes un diez, que no lo sacaba ni en la carrera; yo se lo enseño a mis nietos y les digo que tienen que espabilar», defiende Marrero.

Para este ingeniero retirado, las clases son una forma de estar entretenido y una oportunidad para mantener la mente en forma: «En lugar de estar en el parque, jugando al dominó, estoy aquí». Sobre todas las cosas, lo que más le gusta –declara– es la iniciativa que ha tenido la Universidad, así como el empeño del profesorado, que califica como excelente. «Ellos se quedan asombrados al ver que les prestamos tanta atención, nos explican cosas que no dan ni siquiera en los grados», afirma.

Quieren un Erasmus

Entre las propuestas para próximos cursos, estos estudiantes han solicitado un programa de Erasmus para ver, por ejemplo, el Renacimiento en Florencia. De hecho, años atrás ya organizaron un intercambio con los alumnos de Santiago, en Galicia.

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