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Padilla Alta en Tegueste: un eco familiar

En una calle sin salida, pasando por Guamasa previamente, se encuentra este barrio teguestero que cuenta con unos 80 habitantes. No quedan niños porque ya crecieron. Pero permanece el hogar y la buena vecindad

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

El debate está servido: ¿de quién es ese gallo blanco que campa a sus anchas por la única calle de Padilla Alta? Las hipótesis no son demasiadas porque allí casi todos se conocen. En el barrio de Tegueste hasta el eco de los aviones es familiar. "Aquí vivo yo, debajo vive mi hijo, al lado mi hermana, mi prima, más allá mis tíos...", sitúa Kiko Hernández Reyes. El vecino camina con orgullo por el lugar que lo vio crecer y en el que residen unas 80 personas. Su cara adelanta su carácter amable y transigente. Es cercano.

Llama a su hermana, Mari Cruz, y también a su prima, Nieves Martín Reyes. Ambas salen y se inicia el paseo cómplice por una calle sin salida. Aunque es término municipal de Tegueste, para salir del núcleo hay que pasar obligatoriamente por La Laguna, por el barrio de Guamasa. De hecho, al inicio de la vía que entra a Padilla Alta, de un lado se está en un municipio y al contrario, en otro. Esto hace que algunos servicios se compartan por comodidad o por la dirección postal que se tenga en el DNI. "Mi hermana paga el rodaje del coche en La Laguna", explica Hernández Reyes.

Sin niños

Los niños también van al colegio a Guamasa. Cuando quedaban en Padilla Alta, porque ya no hay. "Los últimos niños fueron nuestros hijos. También fueron al instituto a La Laguna", afirma. Asume este hecho con cierta tristeza, pero remonta al explicar que muchos de esos jóvenes deciden quedarse a vivir allí. "Uno de mis hijos volvió, pero porque tenía disponible la casa de mi madre", cuenta Nieves sonriente. La crisis habitacional está llenando lugares como Padilla Alta. Es algo de lo que todos están convencidos e incluso piensan que vive más gente que hace unos tres años.

Hasta Padilla Alta no llega ningún tipo de transporte público. Esta es la única pega que le pone Nieves a vivir allí. "Aquí, si no tienes coche sí que es complicado hacer vida", confirma. No hay cerca un gran supermercado, solo una pequeña tienda de frutas y verduras. Antes había varias ventas que desaparecieron con el paso de los años. La vecina recuerda caminar de madrugada hasta la carretera general por encima de Guamasa para coger la guagua. La misma operación que hacían sus hijos para ir al instituto o la universidad.

Padilla Alta ofrece vistas privilegiadas hacia Tegueste, Tejina y El Portezuelo. El verde inunda la vista que se salpica de diversos colores por las viviendas que llenan el valle. Algunos cables de la luz garabatean el horizonte, pero no es dificultad para admirar el paisaje. "Aquí se vive muy tranquilo. El hecho de ser una calle sin salida nos da muchísima tranquilidad", confirma Kiko, quien también recuerda, junto a Mari Cruz, que existió un proyecto para conectar esa vía y bajar hasta Tegueste. Por suerte para ellos, no fue así.

"Tenemos buenos vecinos", presume Nieves. Muestra la misma cercanía que sus primos y sus ojos, grandes y marrones, destilan vida. Cuando la conversación retrocede a la infancia de los tres primos de Padilla Alta, la mirada de Nieves brilla todavía más y su boca se ensancha dejando ver su sonrisa perfecta. Comienzan a rememorar batallas de la infancia y señalan su patio de recreo en todas las huertas próximas al barrio.

Eso también les recuerda el abandono que sufre el campo. "Todo aquello era viña. Hasta arriba", indica la prima de Kiko y Mari Cruz. Los bancales y las terrazas son verdes, pero no por el cultivo, sino por la maleza que surge del olvido de la agricultura. Kiko sí reconoce que plantaba papas con su padre, pero se fue dejando de lado. "Los mayores se van y los hijos no continúan con esa labor. Así se pierde", razona.

Los primos de Padilla Alta no tienen demandas importantes. "Cada vez que nos falta algo, vamos allá abajo -refiriéndose al Ayuntamiento de Tegueste- y nos lo suelen resolver rápido", explica Kiko. La única queja importante que sacan a la luz tiene que ver con el alcantarillado. Según cuenta el vecino, la gestión de la red de saneamiento le corresponde al Cabildo de Tenerife y también incluye a la zona de El Portezuelo. En una ocasión, por las fuertes lluvias, varias fosas sépticas se desbordaron, pero vinieron a recogerlo en cuanto les avisaron.

Cierre del enlace de la TF-5

Viven muy cerca de la zona metropolitana. Están en el campo, pero muy al lado de la ciudad. Es una ambivalencia placentera en algunos sentidos. Una de las pocas dificultades, pero señalada por esta peculiaridad, es el tráfico cuando se dirigen hacia la zona metropolitana. Son víctimas de las colas de la TF-5. Pero no es demasiado preocupante, "hasta que alguien tuvo la maravillosa idea de cerrar el enlace de Guamasa un día. Ahí sí que tuvimos bastantes problemas", dice contundente el primo. Pone su experiencia de ejemplo: "Me pasé desde la entrada a El Portezuelo hasta el puente de Los Rodeos 35 minutos para cruzar 600 metros", describe. Los tres están seguros de que, aunque construyan el tercer carril, como está proyectado, seguirán las colas en la autopista del Norte.

La vista se pierde en el paisaje de manera involuntaria, pero cada cinco minutos, más o menos, el vuelo y, sobre todo, el ruido de un avión la sacude y la devuelve a la realidad urbanita. "Nosotros ya estamos más que acostumbrados. Sabemos cuando hace mal tiempo sin salir de casa, porque no se escuchan", apunta Kiko y le secundan su hermana y su prima entre risas cómplices.

Padilla Alta, en Tegueste, será, probablemente, un lugar desconocido para la gran mayoría de la población de Tenerife. Pero para Kiko, Mari Cruz y Nieves es un refugio. Es el hogar. Más allá del eco de un avión siempre perdurará el sonido de la familia. Ese que llama desde la calle para cualquier asunto. Bien sea nimio o importante. Es familia.

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