El Cabildo de Tenerife quiere 'bañar' de oro a Vázquez-Figueroa, el "Julio Verne del barrio de Salamanca"
Propuesta del Partido Popular para conceder la máxima distinción de la Isla al escritor santacrucero, una moción que ha sido remitida al Consejo de Gobierno y tendrá que ser sometida a votación en el pleno de este mes

Alberto Vázquez-Figueroa Rial, en un acto de presentación de una de sus novelas. / E.D.

El Consejo de Gobierno del Cabildo de Tenerife tiene sobre la mesa una propuesta del Partido Popular para iniciar los trámites de la concesión de la Medalla de Oro de la Isla al periodista, escritor e inventor santacrucero Alberto Vázquez-Figueroa Rial. El área que gestiona el popular José Carlos Acha la llevará al pleno de final de mes para otorgar este honor a uno de los contadores de historias más destacados que ha dado Canarias. Sí. Más que escritor, él prefiere ser presentado como «un contador de historias».
Alberto Vázquez-Figueroa nació en 1936 [«Mal año para venir al mundo», matiza.] en una calle muy larga localizada en las inmediaciones de la Plaza de Toros. «Un día me llamaron por teléfono para contarme que querían ponerle mi nombre... Les respondí que ni locos, que esa calle no había hecho nada malo», revive desde su pequeño apartamento madrileño. Muy cerca de él está su mujer, Ighe [María Francisca, pero la llaman así porque de pequeña su nariz tenía forma de boliche] pendiente de todo lo que cuenta. «Los tabiques no son finos, pero tiene un oído tísico, una sensibilidad auditiva excepcional... Ella sabe que he sido un poco golfo, pero me ha cuidado muy bien [la conoció cuando sólo tenía 14 años, entonces «tirarle los tejos» no era lo más apropiado y volvieron a cruzar sus vidas más tarde.], ya llevamos más de seis décadas arrejuntados», calcula con una sonrisa que se fractura con un ataque de tos por sorpresa. «¡Perdón, espere!», pide...
Nieto del dramaturgo andaluz JoséAntonio Rial, un buen escritor que llegó a estar al frente del diario caraqueño El Universal, de pequeño pasó «más hambre que el perro de un ciego». De hecho, su tío deambulaba de noche por las calles del barrio de Salamanca en busca de gatos. A mi hermano [José Antonio, cuatro años mayor que él] lo engañaban cuando mi madre ya estaba embarazada de mí... Le quitaban la piel [empieza a reír a carcajadas] para que no se diera cuenta y creyera que era un conejo. Yo también me comí más de un gato», recupera de una infancia que sufrió un giro de 180 grados al cumplir los nueve. Su tío se lo llevó a África cuando murió su madre para residir en el Protectorado español localizado en Marruecos. Allí aprendió a «querer» al continente negro, escenario de decenas de aventuras literarias.
«Golfo y un poco mujeriego»
Alberto sigue en sus trece cuando apunta que «el 80% de mis libros son malos o regulares» [ya les digo yo que no son tantos], que ha sido un «sinvergüenza, un poco golfo y muy mujeriego», que alguna vez le plantearon ganar el Planeta porque hubo un tiempo en el que vendía libros como churros. «El viejo Lara se acercó una noche y me dijo, ¿Alberto, cuándo arreglamos esto?... No recuerdo muy bien lo que le dije, pero fue algo así como ¡José Manuel, no me jodas la vida!», reproduce en un claro ataque de sinceridad. «A él no le gustó demasiado mi respuesta y volvió a la carga. «¿Cómo que no te joda la vida?», me reprochó elevando el tono. Sí, que no me jodas la vida por 100.000 euros [puso como ejemplo] porque en cuanto me den el dinero Hacienda se queda con la mitad, me vas a tener un año dando vueltas como un trompo por México, Cuenca o Argentina y encima los lectores van a decir que es el peor libro de Vázquez-Figueroa... Si lo gano voy a estar mucho tiempo sin escribir y sin hacer lo que me da la gana. Así, que mejor no me lo das», zanjó.
«El viejo Lara se acercó una noche y me dijo, ¿Alberto, cuándo arreglamos esto?... No recuerdo muy bien lo que le dije, pero fue algo así como ¡José Manuel, no me jodas la vida!», dice sobre cuando le propusieron ganar del Premio Planeta de Novela
Hijo de un telegrafista, Alberto Vázquez-Figueroa Rial ha aprendido a mirar a Canarias desde la distancia. «Mis hijos viven en Lanzarote, pero aquello ya no es cómo lo dejó César Manrique [comió con él un día antes del accidente de tráfico mortal y le advirtió que no era bueno conducir porque lo acababan de operar de la vista]. Ahora todo es especulación urbanística, una auténtica mierda», critica sin renunciar a la idea de que «Canarias continúa siendo un sitio donde se vive muy bien, pero se la están cargando con tantos turistas», remarca el hijo de una madre que nació en Lobos [hija del farero] y que conoció los sabores de un exilio al crecer en una familia con una ideología republicana socialista. Se hizo mayor leyendo novelas de Herman Melville, Joseph Conrad y Julio Verne.

Alberto Vázquez-Figueroa Rial (Santa Cruz de Tenerife, 1936), en su residencia de Madrid. / E.D.
Un respeto para don Julio
Y es que en más de una ocasión han llegado a rebautizarlo como el Julio Verne del barrio de Salamanca. «Ya quisiera yo atarle los cordones de las botas a don Julio», cuenta de manera socarrona un periodista de trincheras; de los que siempre tenía el morral preparado y aguardaba la orden para ir a cubrir una guerra como reportero de La Vanguardia o Televisión Española. «Una de las más complicadas se daba cada pocos meses en Bolivia [fue hasta en cuatro ocasiones] porque era un vuelo con escalas, aterrizabas en La Paz a más de cuatro mil metros de altura y recuerdo una vez que un compañero cayó muerto junto a las escalerillas del avión... Nos hospedábamos en el Copacabana y subir los cuatro escalones que te conducían a la recepción te dejaba asfixiado», rescata antes de desvelar un diálogo con de la Quadra-Salcedo.
«Ya quisiera yo atarle los cordones de las botas a don Julio Verne»
Compañero de guerrillas de Miguel de la Quadra-Salcedo
Alberto y Miguel compartieron guerras en África [«La del Chad fue una de las más sanguinarias».] Los dos corriendo delante de soldados armados hasta los dientes que disparaban a diestro y siniestro. «Menos mal que tenían poca puntería, pero recuerdo una última conversación con él que me dejó helado. Me dijo: Albertito, mira que las hemos pasado putas en lugares complicados, pero verme tumbado sobre una camilla al lado de un tipo armado con un bisturí que está dispuesto a abrirme en canal para ver qué coño pasa en mi corazón me tiene acojonado. Aquella fue una de las últimas veces que hablamos». El PP ha puesto la pelota sobre el tejado del próximo pleno insular. Ahora, sólo es necesario que los políticos avalen su moción.
"Un día me cogió Miguel de la Quadra-Salcedo y me dijo: 'Albertito, mira que las hemos pasado putas en lugares complicados, pero verme tumbado sobre una camilla al lado de un tipo armado con un bisturí que está dispuesto a abrirme en canal para ver qué coño pasa en mi corazón me tiene acojonado'. Aquella fue una de las últimas veces que hablamos»

Preguntas y respuestas
¿Dónde escribió sus primeros artículos?
En el periódico ELDÍA. Sólo tenía 16 años y acababa de regresar del Sáhara tras vivir durante más de medio lustro con su tío en Cabo Juby. Sus textos llamaron la atención a la dirección del rotativo que ocupaba Leoncio Rodríguez González y le facilitaron los medios para que se fuera a estudiar a la Escuela de Periodismo de Madrid.
¿Cuántas guerras ha cubierto?
Nueve son los conflictos bélicos que ha vivido en directo Vázquez-Figueroa como enviado especial. En Bolivia, por ejemplo, ha estado en varias ocasiones y otras pocas en el continente africano. Alguna de esas guerras le sirvió de inspiración para sus novelas y en muchas coincidió con su gran amigo Miguel de la Quadra-Salcedo.
¿Cuál es el libro del que se siente más orgulloso?
Su producción literaria abarca 104 novelas –la mitad de ellas se han llevado al cine, a la televisión o han derivado en algún documental–, pero el autor santacrucero reconoce cierta debilidad por Ébano, Manaos o Toareg. Ahora escribe una versión femenina de Robinson Crusoe; con una protagonista que naufraga en la Polinesia.
¿Qué opina de la inteligencia artificial?
Que la IA le pilla muy mayor, que ya está viejo [casi 90 años] y sin capacidad para entenderla. Dice que es tan revolucionaria como cuando le tocó cambiar la máquina de escribir por el ordenador para armar sus novelas, pero que si «casi no tengo una inteligencia natural [ríe], cómo voy a estar pensando en adquirir una artificial».
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