Estudiar en la Universidad de La Laguna: la escasez de pisos y las residencias públicas limitan el futuro de los universitarios
La apertura de la convocatoria de plazas en abril será crucial para los estudiantes de la Universidad de La Laguna, que buscan un techo ante la falta de opciones asequibles en el mercado

Fachada del Colegio Mayor San Fernando. / María Pisaca / MARIA PISACA
Laura Artiles
La crisis habitacional en La Laguna es también una barrera académica. Para muchos estudiantes de la Universidad de La Laguna (ULL), el derecho a la educación superior depende hoy más del mercado inmobiliario que de sus expedientes. Es el caso de Ariana Machado, natural de Lanzarote, quien hace dos años comenzó sus estudios en el grado de Pedagogía, pero los tuvo que abandonar porque "era insostenible vivir en Tenerife".
La realidad es que existe una gran brecha entre la oferta pública de alojamiento y la demanda. La ULL cuenta con cuatro centros: los Colegios Mayores San Agustín, Santa María y San Fernando, y la Residencia Universitaria Parque de las Islas. Mientras que en la universidad estudian 22.000 alumnos, la oferta de plazas en esos centros públicos es de unas 550.
Esto significa que la universidad solo puede cubrir un 2,5% de la demanda. Por lo que el resto de los estudiantes tienen que buscar piso en un mercado privado asfixiante.
En unas semanas, a principios de abril, se abrirá la Convocatoria Ordinaria de Plazas en los Centros de Alojamiento de la institución académica. Lo que se convertirá en un momento crítico para aquellos jóvenes que solo se puedan permitir pagar la oferta pública, cuyos precios se dividen según el nivel de renta familiar y el tipo de servicio.
En los Colegios Mayores, que incluyen servicio de comedor, los precios oscilan entre los 270 euros mensuales para las familias con menos recursos y los 750 euros para quienes no cuentan con bonificación. En la Residencia Universitaria, al solo ofrecer alojamiento, las cuotas son más reducidas, partiendo de los 135 euros hasta un máximo de 300 euros al mes. Aunque para el próximo curso, el Consejo Social de la ULL aprobó este lunes una subida de un 2,8% en los precios de los centros de alojamiento.
Así, para cientos de alumnos de la Universidad de La Laguna, el examen más difícil del próximo curso será el de encontrar un techo. La Laguna, pese a superar los 150.000 habitantes y ser un municipio universitario, destaca por su escasa oferta en el mercado convencional. Y la poca que hay es muy cara.
Idealista, el principal portal inmobiliario, ofrece actualmente 20 pisos en alquiler, el más barato de ellos un estudio de 30 metros cuadrados por 750 euros al mes en Avenida Leonardo Torriani. La alternativa más común, el piso compartido, tampoco da tregua. Con una oferta de 59 viviendas compartidas entre 2 y 6 personas, el precio medio por habitación ronda los 450 euros.
La suma de la escasa oferta en centros de alojamientos públicos y el precio del alquiler, ha generado una presión creciente sobre el estudiantado, especialmente el procedente de otras islas. Tal es la situación que hay jóvenes que han tenido que desistir a comenzar sus estudios universitarios porque no se lo pueden permitir.
Desplazamiento forzado
También los hay que han tenido que abandonarlos por la presión económica. La familia de Ariana Machado es autónoma, por lo que, además de no recibir becas económicas, alojarse en una residencia le costaba unos 800 euros al mes. Es por eso que decidió buscar piso.
Ariana asegura que le fue un "mundo" conseguir un sitio donde dormir. Cuenta que los alquileres rondaban los 700 euros al mes y, además, no incluían los gastos. "Me pedían requisitos que no podía cumplir. Por ejemplo, empezar a pagar en julio cuando yo entraba en septiembre", recuerda.
Por lo que decidió irse a vivir con un amigo en la zona de Finca España, cerca del Campus Guajara. "Pagaba 380 euros por la habitación con gastos incluidos", explica. Al sumarle la compra y medicinas, el coste total rondaba los "625 al mes". Tal era la situación que incluso tuvo que buscar una fuente de ingresos. "Trabajaba cuidando a niños para poder mantenerme y conseguir unos pequeños ahorros", comenta.
Además del esfuerzo económico que hacía su familia, le fue difícil adaptarse a la isla por lo que tuvo que irse. Hoy continúa sus estudios de Pedagogía en la Universidad Nacional de Estudios a Distancia (UNED).
"Fue muy frustrante, ya había dejado mi anterior piso y si no conseguía plaza no sabía que iba a pasar"
Para quienes logran optar a una plaza pública, el proceso tampoco es fácil. "Estuve en lista de espera hasta la tercera adjudicación", cuenta Eva Rosell, estudiante de Farmacia y residente en el Colegio Mayor San Fernando, "hasta agosto no supe si me aceptarían o no".
Además, explica que al haber tanta competencia "no sabía si finalmente entraría". "Fue muy frustrante, ya había dejado mi anterior piso y si no conseguía plaza no sabía que iba a pasar", declara.
Esa misma suerte no la tuvo Meritxell García, quien comenzó sus estudios de Periodismo este curso. Es de Gran Canaria y estuvo en lista durante meses. En su caso no logró entrar a ninguno de los centros de alojamiento. "Mes y medio antes de empezar las clases tuve que buscar alojamiento porque no quería no poder cursar la carrera al no tener donde quedarme", confiesa.
La sorpresa vino cuando empezó a mirar las ofertas: "Había habitaciones desde 600 euros". También comenta que había algunas más baratas, desde 200, pero ese precio se veía reflejado en la ubicación y en las comodidades. "Tenías que compartir casa con ocho personas, con un solo baño y una cocina", explica.
Actualmente está compartiendo casa con una amiga. "La casa es para tres, pero la estamos pagando entre las dos", declara. Para el próximo curso tiene claro lo que hará: "Seguiré en un piso porque no quiero volver a pasar por el proceso de los trámites".
Futura nueva residencia
Frente a la demanda habitacional, la ULL y el Ayuntamiento de La Laguna planean construir una nueva residencia universitaria pública en el Campus de Guajara. Estará en la parcela situada en la Avenida César Manrique, dentro del Sistema General Docente de este Campus Universitario.
El informe urbanístico publicado este febrero confirma que la parcela se encuentra en Suelo Urbano Consolidado, permitiendo edificaciones de hasta cuatro plantas destinadas a usos docentes y dotacionales. Este edificio dispondrá de al menos medio centenar de plazas residenciales nuevas.
Este nuevo centro aliviará la presión sobre el mercado de alquiler en el municipio, pero no en un futuro próximo. El proyecto aún tiene que pasar trámites como el informe de AESA, que se encarga de garantizar la seguridad y la continuidad de las operaciones aéreas, o la autorización del Consejo Insular de Aguas por la presencia del barranquillo El Charcón, ambos habituales e integrables en el diseño del proyecto.
Cuando los precios de La Laguna son inalcanzables, la alternativa es buscar en otros municipios, aunque eso implique sacrificar tiempo y movilidad. Es el caso de Maryam Yaakoubi, quien vivió durante su primer curso en La Esperanza, en el Rosario.
Allí pagaba un alquiler de 240 euros. Aunque la ubicación no era de su agrado le parecía una "locura" pagar 400 euros por una habitación y, además, tener que coger dos guaguas para ir a estudiar.
En cuanto al trayecto de ida y vuelta en transporte público asegura que "era adecuado", pero que los problemas surgían cuando el horario no le coincidía. "Tenía que estar pendiente todo el rato porque si perdía la guagua tenía que esperar 40 minutos a la siguiente", cuenta. Además, comenta que si perdía la última guagua, que salía a las 21.30, se veía "obligada a coger un taxi", es decir, pagar unos 15 euros por volver a casa.
Sin embargo, ahora vive en La Laguna y considera que "es mucho más cómodo". "Antes dependía de una guagua, ahora puedo ir caminando a cualquier lado", expresa.
Esa comodidad de la que ahora disfruta Maryam es precisamente lo que estará en juego el próximo mes de abril. Con la apertura de la nueva Convocatoria de Plazas, cientos de estudiantes volverán a enfrentarse a la brecha entre una oferta pública mínima y un mercado privado excluyente.
Mientras el proyecto de la nueva residencia continúa en proceso, la realidad para el próximo curso seguirá siendo la misma: para muchos, la posibilidad de cursar una carrera dependerá de la suerte de encontrar un piso que no les obligue a elegir entre estudiar o pagar el alquiler.
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