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Patrimonio histórico

El cañón descubierto quedó sepultado en la muralla donde se alzó el Cabildo de Tenerife

La pieza estaría junto a los restos de la fortificación de piedra frente a la Caleta de Blas Díaz, lugar en el que se levantó el actual Palacio Insular en 1940

Lope Afonso y José Carlos Achajunto al cañón descubierto en las obras de ampliación del Cabildo, ayer.

Lope Afonso y José Carlos Achajunto al cañón descubierto en las obras de ampliación del Cabildo, ayer. / El Día

Santa Cruz de Tenerife

El cañón hallado en las obras de ampliación del Cabildo de Tenerife quedó sepultado en el entorno de la antigua muralla sobre la que, décadas después, se levantó el actual Palacio Insular en 1940. La pieza apareció en la zona donde estaba parte de esa fortificación de piedra ubicada frente a la llamada Caleta de Blas Díaz, un enclave de gran valor histórico para entender el pasado defensivo como plaza fuerte de la ciudad de Santa Cruz, así como su raigambre marinera.

El hallazgo afloró en el transcurso de las obras de rehabilitación que se llevan a cabo en el edifico anexo al principal. Corresponde a una pieza de artillería que, según los expertos de Museos de Tenerife, podría datar de la época de Felipe II. En concreto, entre 1570 y 1580, lo que la vincula a una etapa clave en la consolidación del sistema defensivo con una red de baterías que caracterizó a la capital tinerfeña.

Las primeras hipótesis apuntan, además, a que el cañón podría formar parte de una descarga no completada. Es decir, de un cargamento de piezas que estaba destinado probablemente a reforzar la batería defensiva situada en ese entorno y del que, al menos, una de las piezas habría quedado enterrada en el perímetro de la antigua muralla o muro de la zona de la Caleta.

Antiguo frente marítimo

El lugar del hallazgo resulta significativo por su proximidad al antiguo frente marítimo de la ciudad y al castillo de San Cristóbal, donde hoy se encuentra el centro de interpretación de la defensa de Tenerife. En ese espacio se exhibe el célebre cañón Tigre, clave en el rechazo de la invasión inglesa a finales del siglo XVIII y, previsiblemente, también acabará incorporándose esta nueva pieza, una vez concluyan los trabajos de estudio, conservación y documentación.

La aparición del cañón permite profundizar aún más en la historia defensiva, militar y también social de Tenerife, de forma particular en la de Santa Cruz al aportar una nueva evidencia material sobre la importancia estratégica de este enclave costero durante la segunda mitad del siglo XVI. Aunque todavía está pendiente la confirmación definitiva de su datación y de su contexto exacto, los primeros indicios apuntan a que se trata de una pieza de excepcional valor histórico. Su estudio puede aportar nuevas claves sobre el refuerzo de las defensas de la ciudad y sobre los movimientos de artillería que se produjeron en este punto del litoral en la época.

En 1502 el Adelantado Alonso Fernández de Lugo concedía la licencia de construcción de un primer muelle en Santa Cruz a cambio del cobro en la carga y descarga. Como ubicación, se elige la laja que formaba la caleta de Fernando Castro, al norte de la playa de la Carnicería. En el año 1600 tuvo lugar la destrucción del primitivo muelle y el traslado de las operaciones portuarias a la caleta de Blas Díaz, posteriormente conocida como la caleta de La Aduana.

En cuanto al edificio del Cabildo, es obra del arquitecto del Mando Económico tras la Guerra Civil, Enrique Marrero Regalado, y su construcción se desarrolló durante cinco años (1935-1940).

El vicepresidente del Cabildo, Lope Afonso, destacó ayer la relevancia del hallazgo, mientras que el consejero de Cultura, José Carlos Acha, puso el acento en la necesidad de garantizar la conservación de la pieza y en su futura incorporación al Centro de Interpretación para su exposición al público.

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