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Medio Natural

Los guardas rurales se defienden: "Sin nosotros no habría control en el Teide"

El presidente de la asociación de estos guardianes que refuerzan la vigilancia del parque nacional niega que sustituyan a los agentes públicos de medio ambiente

Un guarda rural ejerce labores de control en el Parque Nacional del Teide.

Un guarda rural ejerce labores de control en el Parque Nacional del Teide. / Arturo Jiménez

Santa Cruz de Tenerife

Víctor Villalobos, director de Seguridad y presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales, defiende la incorporación de estos guardianes a las labores de vigilancia del Teide y rechaza que su presencia pueda interpretarse como una privatización de funciones públicas. "Sin nosotros no habría control en el parque nacional", remarca. A su juicio, las críticas lanzadas en los últimos días por el PSOE de Tenerife "parten de una idea equivocada sobre el papel que desempeñan los guardas rurales" y responden, en gran medida, al "desconocimiento" de una figura que, según recuerda, está recogida y regulada por la Ley 5/2014 de Seguridad Privada.

Villalobos sostiene que la existencia de los guardas rurales no responde ni a un capricho ni a una externalización encubierta, sino a una necesidad concreta: reforzar la vigilancia en aquellos espacios donde los recursos públicos, por sí solos, no son suficientes para cubrir todas las necesidades de control y prevención. En este sentido, subraya que "un guarda rural no sustituye en ningún caso a un agente de medio ambiente ni invade competencias ajenas, sino que actúa como un recurso complementario que contribuye a ampliar la capacidad de vigilancia sobre el terreno".

Según explica, la función de estos profesionales está estrechamente ligada a la presencia diaria, a la prevención y a la capacidad de reacción temprana ante posibles incidencias. En su opinión, su trabajo no se mueve en el terreno de lo teórico, sino en la realidad cotidiana del campo y de los espacios naturales, donde pueden detectar infracciones, prevenir conductas lesivas para el entorno, alertar de posibles daños y colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando la situación lo requiere.

Para Villalobos, esa labor convierte a los guardas rurales en "una primera línea de defensa del medio rural y del patrimonio natural". El presidente de la Asociación Hermandad Española de Guardas Rurales plantea, además, que el debate debería abordarse desde "una perspectiva práctica y no ideológica".

Víctor Villalobos cree que cuestionar a los guardas implica desconocimiento y advierte del riesgo de reducir su presencia

En ese marco, compara la situación con lo que ocurriría si desaparecieran los vigilantes de seguridad en infraestructuras y espacios de uso cotidiano como centros comerciales, aeropuertos, estaciones de metro, autobuses o servicios ferroviarios. En su análisis, la consecuencia lógica sería un escenario de mayor descontrol, inseguridad y deterioro, por lo que ve incoherente que esa misma necesidad de vigilancia se cuestione precisamente en enclaves naturales de alto valor ecológico.

Villalobos advierte de que cuando no existe una presencia suficiente sobre el terreno, la protección del entorno queda debilitada y se abre la puerta a problemas graves. Entre ellos cita la expoliación del patrimonio natural, los daños irreversibles sobre la fauna y la flora, el aumento de actividades ilegales y una creciente sensación de impunidad. Defiende que este no es un debate menor ni una discusión meramente política, sino una cuestión directamente relacionada con la gestión responsable del territorio y con la capacidad real de preservar espacios especialmente sensibles.

Asimismo, considera que convertir la protección del medio natural en un enfrentamiento ideológico o en un «titular simplista» solo contribuye a distorsionar el problema de fondo. Hace referencia directa a la petición del Grupo Socialista en el Cabildo de Tenerife –en el reciente pleno de marzo y durante la comparencia de la presidenta, Rosa Dávila – en el sentido de frenar a licitación del contrato para el despliegue de 16 guardas rurales en el Parque Nacional del Teide durante este mismo mes.

En opinión de Víctor Villalobos, la conservación de estos espacios exige conocimiento técnico, experiencia, coordinación entre distintos actores y una clara voluntad de garantizar vigilancia permanente allí donde sea necesaria. Desde esa premisa, juzga "injusto" cuestionar la figura del guarda rural sin comprender antes cuál es su función y qué papel desempeña en la práctica. Alerta asimismo de que desacreditar esta figura transmite un "mensaje peligroso", al sugerir que la presencia física sobre el terreno puede considerarse prescindible. Asegura que la experiencia demuestra justamente lo contrario: donde existe vigilancia hay más capacidad de control, prevención y respuesta, mientras que allí donde esa presencia desaparece aumentan los problemas y se multiplica el riesgo de deterioro.

Insiste su portavoz en que los guardas rurales no llegan para desplazar a nadie, sino para cubrir carencias y reforzar la protección en aquellos ámbitos donde hacen falta más medios. En el medio natural, en concreto, remarca que nunca debería entenderse la vigilancia como un elemento accesorio, sino como una herramienta esencial para garantizar la conservación, el control del territorio y la defensa efectiva de espacios de enorme valor ambiental.

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