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David el de Afur, el heredero de Goya

Tras el fallecimiento de su madre, Goya Alonso, David asume la responsabilidad de ser la voz de los vecinos del caserío de Afur, en Santa Cruz. No será una labor fácil, ya que le antecede una mujer que lo dio todo por su territorio durante cinco décadas. Pero es valiente y luchará por el núcleo santacrucero

David Amador Alonso se enfrenta a la herencia del liderazgo del caserío de Afur

David Amador Alonso se enfrenta a la herencia del liderazgo del caserío de Afur / Arturo Jiménez

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

David Amador Alonso tiene un gran reto por delante. Es el hijo de Goya Alonso, la 'alcaldesa de Anaga'. El único hijo de una mujer única en Canarias quiere continuar con el legado de su madre en la defensa de su territorio: Afur. El caserío y la práctica totalidad del Parque Rural de Anaga fueron defendidos a ultranza por Goya. Esto le valió la Medalla de Oro de Canarias en 2024. David quiere seguir con la labor de su madre y que "Afur no muera, que no caiga en el olvido, porque mi madre dejó toda su vida por su Afur", declara.

Amador Alonso piensa que hacerse a un lado e ignorar la tarea que su madre realizó durante 50 años "no sería justo. No creo que a ella le gustara eso". Se le pone un nudo en la garganta al hablar de Goya, que falleció el pasado 31 de agosto. Pero la seguridad se manifiesta en su voz al comprometerse con Afur. "Ahora estoy con los trámites para asumir la presidencia de la asociación de vecinos y mi primera tarea es organizar las fiestas este año", cuenta. Se celebran durante la segunda quincena del mes de julio en honor a San Pedro.

Dinastía de líderes vecinales

Más allá de la herencia de su madre, David es parte de una dinastía de líderes vecinales que luchan por la mejoría del caserío de Afur, en particular, y de todo el Parque Rural de Anaga, en general. Su abuelo, Ángel Alonso, fue el último alcalde pedáneo del núcleo. Se dedicó a trabajar en las galerías de agua de Roque Negro, marchó a la guerra y al volver trabajó en la agricultura y la ganadería. Asumió el papel de cabecilla y de maestro, fue quien enseñó a su hija Goya y esta, a David.

Goya entró por las puertas del Ayuntamiento de Santa Cruz en la década de los 70 del siglo XX. Tenía una ventaja respecto a su hijo: ella no trabajaba en la última etapa de su vida. Tenía todo el tiempo del mundo para luchar por las demandas vecinales de Afur y de Anaga. "Gente tan insistente como mi madre, no creo que haya. Ella iba a ver a un concejal determinado, del área que fuese, y avisaban de que estaba allí. A lo mejor le decían que en ese momento no podían atenderla. Se marchaba, se tomaba un cortado y se iba para casa. Al día siguiente estaba allí otra vez", relata David entre sonrisas.

Lo primero, siempre no

La madre de David sabía que "siempre recibiera un no de entrada. Pero ella decía que iba buscando el sí", explica. Explica que el mecanismo era siempre el mismo: "Cuando hacía una petición, daba un margen de tiempo. Si el político en cuestión no atendía las necesidades que planteaba, ya usaba otras herramientas como acudir a los medios de comunicación. Pero, normalmente, mi madre era de dar la cara", afirma.

Por contra, el hijo de Goya tira más del móvil y de Whastapp. Trabaja y eso le ocupa gran parte de su tiempo, pero tiene los contactos necesarios de los políticos para gestionar las demandas de Afur. "Más o menos ya los tengo a todos ubicados y los números de teléfono", enseña su terminal de móvil.

El tiempo del que disponía su madre era un gran aval. Él reconoce que "la lucha vecinal tiene que gustarte un poco. Tienes que sacar tiempo de donde sea. Esto me lo pegó mi madre, lo tengo arraigado y por eso voy a continuar", aclara. En alguna ocasión, David cuenta con el apoyo de su familia. "Normalmente, no te acompañan a las reuniones o porque les da vergüenza o porque tienen que trabajar", alude así a la soledad de las reivindicaciones.

Un arduo camino por delante

Aunque los avances conseguidos por Goya fueron sustanciales, David todavía tiene un arduo camino por delante. Acusa a las administraciones de no haber actualizado el plan rector del Parque Rural de Anaga, que fue aprobado en 1996. "Ese plan tiene que cambiar porque todo ha cambiado. Lo que no se puede pretender es que la gente se tenga que marchar de aquí porque no se modifique el plan. O que yo plante las huertas y siga cargando al hombro, como antes", afirma.

Plantea hacer accesos para llegar a las tierras y "plantar cómodamente mis papas, mis verduras, lo que quiera. Pero debo tener beneficio y que me sea fácil", define como imprescindible para que la gente decida quedarse y cultivar la tierra en Afur. Esta necesidad alude a dos velocidades: la de la vida rutinaria, adaptada a los nuevos tiempos, y la de la Administración pública.

David es el hijo de Goya, su heredero, el responsable de que Afur se escuche y continúe vivo. No es una tarea fácil, pero su madre le demostró que no es imposible.

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