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Estrella Ortega y José Luis Saorín, la octogenaria y el joven que demuestran que el conocimiento no tiene edad en la ULL

Seis décadas de distancia separan al mejor expediente de la Universidad de La Laguna y a una alumna que cursa su quinto grado, aunque se unen ahora al compartir el mismo centro de estudios

José Luis Saorín y Estrella Ortega, en el Campus Guajara de la Universidad de La Laguna.

José Luis Saorín y Estrella Ortega, en el Campus Guajara de la Universidad de La Laguna. / Andrés Gutiérrez

La Laguna

En uno de los pasillos del Aulario de Campus Guajara, en la Universidad de La Laguna (ULL), conversan José Luis Saorín y Estrella Ortega, dos estudiantes con trayectorias académicas brillantes. Ambos cursan grados de Humanidades y se encuentran en el tercer año de sus respectivas carreras. Pero el centro de estudios y su notable capacidad para el aprendizaje no son los únicos rasgos que comparten. Coinciden en la manera de tomarse la vida como una lección constante. E incluso se podría decir que su inquietud por la educación es la misma. Sin embargo, esta es la primera vez que se encuentran. Y de no ser por la imagen que reposa sobre estas líneas, apenas habría indicios de la que es su principal diferencia: la edad.

Saorín tiene solo 21 años, cursa el grado de Español: Lengua y Literatura y cuenta con el mejor expediente académico de la institución. En el otro extremo, Ortega, con casi 80 años, acumula ya cuatro titulaciones —Geografía, Historia, Filosofía y Periodismo— y está a punto de finalizar la quinta, Estudios Francófonos Aplicados. Siempre ampliando sus conocimientos.

Distinto punto de partida

Acudieron a clase por distintos motivos. Saorín comenzó la universidad con la idea de trabajar sobre lo que estudia y, aunque mantiene ese pensamiento, su principal objetivo es, en realidad, encontrar a personas afines a su personalidad. «Me parece muy importante compartir la vida con personas que entienden el mundo desde las Letras», indica.

Ortega, en cambio, en esta quinta experiencia, sostiene el mismo pensamiento con el que inició sus anteriores carreras. Tiene claro que el cerebro hace falta ejercitarlo. «Hay que llevarlo al gimnasio y la única forma de hacerlo es obligándote a aprender, a entender y a hablar con gente que no es de tu círculo más próximo», explica. En este sentido, aboga por abrir círculos y salir de la zona de confort.

Al contrario de lo que parece, las seis décadas que separan a estos dos estudiantes no marcan diferencias en su forma de concebir la etapa universitaria. De hecho, ninguno de ellos afrontó este periodo con miedos o incertidumbre. Y es que los dos tienen en alta estima el valor del conocimiento.

Un espacio para compartir intereses

«Siempre he disfrutado de aprender y creo que la ULL es un espacio para compartir intereses, objetivos, e ideas con la gente», detalla Saorín. Y añade que gracias a la universidad ha descubierto un océano repleto de oportunidades. «Veo que hay tantas formas de ver el mundo y estoy descubriendo tanto, que eso es lo que más aprecio con diferencia», sostiene.

Para Ortega también es fundamental sentirse parte de la vida universitaria. «Me encanta sentarme con gente que piensa diferente y que me ayuda a retroalimentarme», explica. E insiste en que el intercambio de ideas es uno de los principales motores de su paso por la universidad. De hecho, su presencia en las aulas responde, precisamente, a esa motivación. «Mis cartas son muy sencillas y mi intención no es sacarme un título con el que poder ejercer», aclara. Y es que en su caso, el objetivo va más allá de lo académico.

Otros hobbies

No obstante, la carrera no es lo único que ocupa lugar en la vida de estos dos estudiantes. Ambos están independizados y dedican tiempo a otros ámbitos fuera de la universidad. Ortega, por ejemplo, está jubilada y da clases voluntarias a jóvenes de una zona vulnerable de Tenerife. «También voy a algunos eventos u actividades de ocio y hago críticas de música», explica.

Saorín, por su parte, también mantiene una rutina ocupada. Compagina la universidad con un trabajo de informática. Y presta especial atención a sus relaciones sociales. «Pongo las quedadas con amigos por encima de cualquier obligación porque para lo otro siempre voy a encontrar tiempo, pero las relaciones hay que cuidarlas», apunta. Un punto de vista que comparte Ortega. «Me dejo llevar por las necesidades del momento y si una amiga me llama para tomar café voy», destaca.

Métodos de estudio

La conversación entre ellos se da de manera fluida y entre recomendaciones de libros o autores llegan a los métodos de estudios que emplean. Ambos consideran que la mejor forma de comprender un tema es «empaparse» en literatura. «Yo, por ejemplo, no estudio», revela Saorín. Y añade que ni siquiera coge apuntes en clase. Lo que sí que hace es leer «concienzudamente» toda la bibliografía propuesta por los profesores. «Me ayuda a entender de una manera más global y holística lo que damos en clase y creo que ese es el objetivo de los test, demostrar lo aprendido», agrega. Así, argumenta, es mucho más fácil defender un tema.

«Sí estudias, pero lo haces al contrario de cómo lo hace mucha gente», suelta Ortega asombrada ante su capacidad. Y confiesa que está completamente de acuerdo con sus métodos. «Aunque curiosamente la gente no suele pensar de esta manera», sentencia. Y es que la octogenaria está realmente sorprendida de coincidir tanto con alguien tan joven y de menor edad. «Ojalá mis estudiantes fueran como tú y tuvieran esa inquietud», confiesa.

Puede que entre Ortega y Saorín existan 60 años de distancia, pero los dos coinciden en que esa diferencia apenas se nota. Tienen las mismas ganas, pasión y energía para seguir ampliando su conocimiento y crecer como personas. Salvo por un aspecto importante, la experiencia. «Estoy convencido de que hay cosas que yo no puedo entender porque soy demasiado joven», insiste Saorín. Y añade que ese valor solo se le va a revelar cuando hayan pasando los años. A lo que Ortega le anima: «tienes la base y es esa inquietud que demuestras y que posees la que va a ser el farol que alumbre tu vida».

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