Los Abreu apuestan por el café en San Juan de la Rambla para diversificar la agricultura
Los hermanos cultivan alrededor de 2.000 plantas situadas entre los 150 y 300 metros de altitud, clave para obtener una buena cosecha

Los hermanos Abreu, productores de café en San Juan de la Rambla / Arturo Jiménez

Para llegar a las cuatro parcelas donde se cultiva el café de los hermanos Abreu Rodríguez hay que subir por el «camino al microclima». Así definen a la gran pendiente que lleva hasta los bancales donde tienen unas 2.000 plantas de café en San Juan de la Rambla, en el noroeste de Tenerife. La plantación de cafetal oscila entre los 150 y 300 metros de altitud, un hecho fundamental que imprime el carácter necesario en el producto final. Un café de calidad hecho en Tenerife.
Suena raro. Y más que raro, parece exótico que se dé el café en Tenerife. Antonio Abreu Rodríguez explica que «normalmente, obtener un grano de calidad se asocia a la altitud. En el caso de Canarias, el clima subtropical no obliga a subir tanto como en Colombia o Kenia, por ejemplo». La ubicación fue clave en el arranque del proyecto. Mapearon el tiempo y su comportamiento junto a ingenieros de Nicaragua durante un año y ellos también les facilitaron esta variedad de cafetos. Hace ocho años plantaron en vivero, pasaron a tierra y este 2026 es el segundo año productivo para los Abreu. Comercialmente, solo llevan un año y para adquirir su café vale con buscarles en Instagram, donde además informan de todas las novedades del cultivo. También trabajan en la construcción de la página web que estará disponible muy pronto. «Estamos cerrando acuerdos para colocar el producto en sitios específicos», apunta.
Más allá del producto de calidad, los hermanos Abreu Rodríguez se mueven en torno a la creación de valor en su pueblo natal. «Se puede crear valor en los municipios rurales como San Juan de la Rambla, de menos de 5.000 habitantes, de donde los jóvenes tenemos que salir a buscarnos la vida. Hacerlo es una manera de devolverle al pueblo algo de lo que nos dio. Le debíamos esto», sentencia convencido Antonio. El carácter emprendedor de esta pareja de hermanos hace que financien con fondos propios este proyecto. «De momento, cada uno tiene su trabajo por cuenta ajena e invertimos y reinvertimos nuestros ahorros aquí», aclaran.
Figura paternal
La figura del padre de Antonio y Javier es crucial para el nacimiento de Oceánico, su marca. «Siempre nos hizo entender la importancia de estar vinculados al medio ambiente», sentencia Javier. Lo definen como un apasionado de la cultura canaria y destacan su férrea vinculación al sector agrario. Esto puso la semilla. Más tarde, que uno de los hermanos se dedicara a la hostelería de alto nivel y recibiera una formación muy básica en café regó la inquietud. «Se me encendió la bombilla. Luego viajaba mucho a Alemania y veía que en las cafeterías de especialidad se trataba al producto como si fuera el plato de un chef», describe.
La práctica del surf y el conocimiento del territorio fue fundamental para tener éxito. «Nos dimos cuenta de que los vientos predominantes son los del noreste, estamos protegidos por el flanco este con una barrera natural. Cuando hay temporal, siempre nos pasa por encima y en el lado oeste tenemos un barranco que permite la circulación de aire, por lo que aquí siempre vamos a estar a dos o tres grados de diferencia por debajo del resto. Si estuviéramos hablando en la jerga del vino, esto sería un pago», desarrolla.
No todo fueron facilidades
Aunque no todo fue fácil. El camino para que el microclima de San Juan de la Rambla diera los frutos óptimos tuvo bastantes complicaciones: «Comenzamos a plantar en los años más duros de la sequía. Eso nos hizo perder un 70% de la cosecha. Se unió también una calima muy agresiva y un período de mucho viento. Nos puso al límite y casi abandonamos el proyecto», comenta Javier. Pero no lo hicieron. En 2025 recogieron 300 kilos de «café oro», que es como se denomina al producto antes de tostarlo. Este año pretenden recolectar 800 ó 1.000 kilos, casi cuatro veces más. Para hacer un kilo de café oro se necesitan siete de café en cerezo.

Detalle de una planta de café. / Arturo Jiménez
El fruto es muy parecido a una cereza. Esa es la manera en la que se encuentra ahora mismo en la planta, que cuenta con una altura considerable. Los hermanos Abreu Rodríguez las tienen cubiertas con unas mallas para que el sol no las queme. Experimentaron que hacía mucho daño a la planta, al igual que la salinidad del mar. La luminosidad se relaciona directamente con la cafeína del grano, aunque hablan en todo momento de taza: «Al final, la creación de cafeína no viene a ser sino una reacción química que tiene la planta ante el estrés», definen.
Ver la planta del cafeto por primera vez, tocar el fruto, abrirlo y comerlo trastoca el momento del sorbo amargo de una taza de café. Algunos toques frutales se mezclan y al igual que en una cata de vino, un novato empieza a notar los matices si Antonio o Javier los indica. La implicación de los hermanos rambleros en el producto es total y no les importa demasiado si hay más producciones de café en Tenerife, algo singular. «Estamos enfocados en obtener una taza de calidad. No nos basta con concentrarnos en el exotismo del origen. Eso creemos que tiene un recorrido muy corto», argumentan. Por este motivo, comenzaron a estudiar los procesos de fermentación que dan perfiles de tazas diferentes en su primer año comercial. «Lanzamos cinco variedades de café procedentes del mismo grano y este año estaremos entre 10 ó 12», vaticinan.
El proceso de fermentación
Después de todo lo relativo a la plantación viene la fermentación. Un proceso que también realizan ellos y que produce las variedades. «En Canarias, lo poco que hay es el café natural. Se coge la cereza, se estira al sol y se va deshidratando. Es café bueno y cotizado. Pero nosotros vamos más allá», anuncia. Los Abreu Rodríguez buscan las tendencias en el consumo de café y se adentran en la terminología específica, mucho más allá del barraquito, el cortado o el condensada. «Cuando empiezas a desmembrar qué hay detrás del sector del café, te das cuenta de que es mucho más profundo y de que nosotros todavía estamos a medio camino», dicen.
La fermentación del grano la llevan a cabo en el patio de la casa de su padre, el que sembró la semilla y la ancló con contundencia a la tierra de San Juan de la Rambla. Tienen maquinaria específica para eso y aseguran que en algún momento dudaron de si lo que estaban haciendo les daría el resultado esperado. «Ahora, estamos hacia el camino de la semiindustrialización. De cara a la próxima campaña, queremos dejar de hacerlo todo tan artesanal», confiesan.
Guardan el máximo respeto por el trabajo agrícola que están haciendo y tienen información comercial para saber que, de momento, el mercado acepta un café de calidad producido en San Juan de la Rambla, en el noroeste de Tenerife, por dos hermanos, Antonio y Javier Abreu Rodríguez, que quieren devolverle a su pueblo todo lo que hizo por ellos
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