Buenavista del Norte
En guagua por el caos de Masca
La línea 355 de Titsa llega a Santiago del Teide pasando por el caserío. Los conductores lidian todos los días con el colapso de tráfico que se produce en el tramo que va hasta el Sur, sobre todo. Curvas muy cerradas y carreteras estrechas se suman al desconocimiento del trazado por quienes conducen coches de alquiler.

Viaje en guagua a Masca / Arturo Jiménez

Cualquier ciudadano de Tenerife respondería que el mayor caos circulatorio se encuentra a diario en las dos autopistas o alguna de las carreteras de la zona metropolitana. Pero existe un lugar, el segundo más visitado en la Isla, que está en los puestos más altos de la clasificación del colapso del tráfico. Es Masca, en Buenavista del Norte. El viaje en guagua hasta este punto evidencia que el acceso al caserío es un auténtico disparate.
Para ir a Masca se cuenta con dos líneas de Titsa: la 365, con apenas dos frecuencias al día desde Buenavista del Norte; y la 355 que va desde el municipio buenavistero, pasa por Masca y llega a Santiago del Teide. Esta segunda es la que presenta mayores dificultades debido a su ruta hasta el Sur. El tramo que discurre entre el caserío y la otra vertiente de la Isla es una de las vías más complejas: curvas muy cerradas con carreteras extremadamente estrechas junto a conductores inusuales, ciclistas, motos y guaguas. El Cabildo de Tenerife prohibió recientemente el acceso de vehículos de más de 10 metros de longitud a Masca por los tapones que se formaban en esta parte de la vía. No obstante, los chóferes de la compañía pública de transportes consideran que no es una medida acertada, ya que eso permite que sigan accediendo micros de empresas privadas que ocasionan dificultades al tráfico.
Roberto Rodríguez es uno de los conductores habituales de las líneas de Titsa hacia Masca. Son las 12:25 horas y es martes de Semana Santa. Al salir de la estación de Buenavista del Norte no sabe qué se encontrará en el servicio de la 355. «La mañana es muy relajada. A partir de las 10:00, esto es un caos. Subir de Masca hasta Santiago del Teide puede llevarte 45 minutos o una hora. Es la parte más complicada», asume. El micro tiene capacidad para 22 personas. Va lleno y algunos vecinos lo usan para quedarse en lugares como El Palmar o Las Portelas. Una vez pasado este punto, comienza lo peor.
El trayecto de Masca a Santiago del Teide dura 45 minutos o incluso una hora por el colapso
Los apartaderos alivian el denso tráfico de la estrecha carretera que da a un acantilado, pero están ocupados por coches de alquiler. Lo mismo ocurre con un grupo de moteros que deciden que estos espacios son los mejores sitios para realizar una parada. Los ciclistas campan a sus anchas en una vía en la que es imposible dejar la distancia de seguridad para adelantarlos. El primer tramo, hasta el mirador de Cruz de Hilda, tiene una parada de guaguas sin señalizar debidamente que, además, la ocupan una veintena de vehículos conducidos por turistas. Rodríguez piensa que la mejor solución para que el acceso rodado a Masca sea tranquilo es establecer una regulación a través de guaguas lanzadera a partir de este punto, desde el popular mirador. «Metes tres o cuatro micros más y vamos subiendo y bajando y dejando y recogiendo gente», comenta.

Usuarios accediendo a la guagua en una parada. / Arturo Jiménez
Empieza la bajada hacia Masca. Más coches en lugares inadecuados y al pasar por la zona El Turrón, los turistas dejan los vehículos donde pueden para caminar por la pasarela. Siguiente parada: Masca. Se forma un atasco amenizado con pitas de coches y gritos. Un coche de alquiler considera que no hay espacio suficiente para pasar. Roberto Rodríguez para el aluvión de turistas que se quieren subir a la guagua. No caben. Se quedan dos. Ninguno de los nuevos viajeros de la 365 hacia Santiago del Teide habla español.
El paso hacia la rotonda de Masca evidencia el caos: todos los estacionamientos ocupados y coches aparcados como sea, sobre rayas amarillas o alrededor del círculo que se supone sirve para aliviar el tráfico. Todo lo ocurrido, asegura el chófer, no es nada con lo que pasa normalmente. Incluso la presencia de la Guardia Civil -de tráfico y rural- asombra al conductor. No estuvieron la semana pasada, durante la borrasca Therese y con los accesos al Teide inhabilitados. «Los días que el parque nacional estuvo cerrado esto fue una locura», define.
El chófer piensa que la solución es regular el acceso con un sistema de guaguas lanzadera
Viene el tramo más complejo: salir hacia Santiago del Teide. Las curvas se alongan al barranco de manera atrevida y el giro, de manera más frecuente hacia la izquierda, casi dibuja 180 grados. Varios coches vienen de frente y el 95% son turistas que se asustan al encontrarse con la guagua. Muchos maniobran como pueden, otros son más previsores y esperan, pero el resto no tiene ni idea de qué hacer cuando ven el vehículo de Titsa. La guagua llega al destino.
En Santiago del Teide recoge a más pasajeros. Dos vuelven a quedarse en tierra. Entre los viajeros hay un vecino de Masca. El chófer propone la regulación de los coches de alquiler y entonces el masquero dice que «eso no puede ser, porque si mi hijo quiere venir a verme, no puede», dice. La solución para Rodríguez también está en implementar un sistema de acceso prioritario para residentes, obviamente. Deduce que los vecinos de Masca temen que al implantarse la propuesta de acceso, el turismo decaiga y los negocios que gestionan mueran. Nunca llueve a gusto de todos.
El problema de Masca no es su barranco, de uso regulado y por el que los turistas pagan para acceder. El verdadero jaleo está en los que vienen simplemente a visitar el caserío: congestionan las minúsculas carreteras y se comportan de manera incívica, según un reciente comunicado de la asociación de vecinos del barrio. «Si aquí no pasa una desgracia, esto no se va a solucionar», sentencia Roberto Rodríguez, para quien «no interesa solucionarlo, porque a la vez hay intereses». Masca morirá de éxito en medio del turismo masificado si no se pone una solución urgente al acceso. Lo tienen claro.
El momento más tenso
La bajada desde Santiago del Teide a Masca es peligrosa. Uno de los encuentros con un coche de alquiler crea un pequeño atasco. El conductor del vehículo hace algún aspaviento al chófer de Titsa para indicarle que por ahí pasa. El micro avanza con la valentía de demostrarle que se equivoca y detrás del atrevido turista ya hay un reguero de otros cuatro coches más de alquiler. Todos dan marcha atrás pegados al malecón que precede a una caída vertiginosa. Es el momento más tenso del viaje, con diferencia.
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