Las librerías de Santa Cruz de Tenerife se reinventan ante la IA mientras los pequeños negocios resisten
Mientras que las grandes librerías crecen, los pequeños locales luchan por sobrevivir pese a que la gente lee más que nunca

La Librería de Mujeres, en Santa Cruz de Tenerife, durante este Día Internacional de las Librerías. / María Pisaca

La tecnología parece avanzar cada vez más rápido, la atención se convierte en una moneda de cambio en un mundo lleno de estímulos, y la competencia para las pequeñas librerías aumenta. La lectura está de moda, pero el precio del libro compite con productos de primera necesidad. Así, las librerías locales, en ciudades como Santa Cruz, quedan muchas veces relegadas a la supervivencia, buscando destacar en un mercado dominado por algoritmos y multinacionales.
“Nos falta bailar en la puerta”, manifiesta Mase Legarza, de la Librería de Mujeres Canarias, que hace referencia al amplio arsenal de actividades y propuestas, como ofrecer cursos, clubes de lectura y presentaciones, con las que deben contar para poder darse a conocer. “Es satisfactorio ver la librería llena, pero también es agotador” afirma.
De esta manera, pone de ejemplo a Agapea y explica que, a pesar de ser partidaria de que “mientras más librerías mejor”, ir a la par que una empresa tan grande, con la disposición de tener el producto en menor tiempo y a mayor escala, hace el trabajo “más difícil” para las librerías “chiquitas e independientes”, afirma.
De la librería a la IA
Cincuenta y tres años lleva Francisco Lemus haciéndose cargo de las librerías de confianza para cualquier universitario de la Tenerife. Cincuenta y tres años en los que el cambio ha sido muy notable. Los locales de la Librería Lemus se beneficiaban, y sustentaban, por tener entre sus estanterías cualquier material literario o de texto que los alumnos de la Universidad de La Laguna pudiesen necesitar para completar sus estudios: “era la época de oro de la Lemus” afirma su dueño.
Pero con la aparición de Google, de la IA, la necesidad de los alumnos de recurrir a los libros ha ido disminuyendo: “hoy en día la gente se puede graduar de Medicina y no ha comprado un libro” explica.
Al reducirse la necesidad, él se ha visto en la tesitura de reducir su negocio: “Y reducir pues significa reducir todo, reducir costes, reducir personal. Reducir para que sea rentable” afirma. Así, el local que antes ocupaba una de sus librerías, una de las principales de La Laguna, en la Avenida Trinidad, es ahora un Dialprix.
Hoy en día la gente se puede graduar de medicina y no ha comprado un libro
Más lectores, menos librerías locales
Si además de la competencia, le añadimos las complicaciones que van de la mano con la gentrificación de las ciudades, no es de extrañar el mirar alrededor y darse cuenta de la poca oferta de negocios locales, sobre todo en el área de cultura, que todavía se sustentan.
En el caso de Santa Cruz de Tenerife, al hacer ese ejercicio de observación, destacan por su ausencia locales como La Isla Libros, que tras casi cincuenta años de trayectoria, cerró sus puertas en 2018. Otro ejemplo es la sede de Solican en la capital, que tan solo hace unos meses ocupó un espacio entre los titulares matutinos para “pedir auxilio” tras haber recibido un burofax de que debían abandonar el local, en el que llevan más de trece años, “antes del mes de mayo de 2026”.
Esta realidad no es de extrañar en un contexto donde sí, la gente lee más que nunca, según el Barómetro de Hábitos de Lectura de la Federación de Gremios de Editores de España, un 66,2% de la población leyó libros por ocio el año pasado, pero el aumento solo se ve reflejado en las grandes cadenas que crecen en un 3%, a diferencia de las librerías independientes que decrecen en un 4% en comparación al año anterior.
El libro solo ya no sustenta
De esta manera, los “malabares” de los que habla Legarza también se traducen en ofrecer una variedad de productos más allá del libro, más allá de la literatura. “La librería local al final necesita más artículos de regalo, de papelería, porque es un negocio complejo”, asegura Ana González de Cuentos en la cabeza. Una librería que recientemente abrió sus puertas en la capital tinerfeña, después de una trayectoria en Tacoronte.
En Santa Cruz de Tenerife, González afirma encontrar una mayor oportunidad de llevar su negocio a una mayor clientela, una realidad de la que ha podido disfrutar desde su apertura en Navidad. Sin embargo, la mudanza a la capital ha traído consigo un listado de nuevas preocupaciones como el alquiler o la difusión, aspectos que espera superar para poder “recuperar la inversión de la mudanza”.
Por ahora, desde la librería tienen como meta cumplir con esto sin tener que “añadir artículos que se salgan mucho de la línea del libro” explica, algo que ha dificultado “doblemente” el proceso. Así, se mantienen con la esperanza de que la capital pueda ofrecerles nuevas posibilidades de expandir su negocio y de ser más accesibles al encontrarse en un punto medio entre “el norte y el sur” concluye.
Apostar por la cultura
Ante la dificultad de sustentar una librería hoy en día, Remedios Sosa, presidenta de la Asociación de Libreros de Tenerife, recuerda que “las librerías son espacios que generan encuentro, pensamiento y comunidad a través del libro”. Así, defiende que “apostar por la cultura es sinónimo de un país con calidad”.
Para Sosa, el cierre de librerías locales, principalmente porque “no hay relevo generacional y el exilio del pequeño y mediano comercio de las grandes ciudades” afirma, es “demasiado triste” y relega parte de la responsabilidad a la falta de “apoyo” por parte de las instituciones.
Apostar por la cultura es sinónimo de un país con calidad
“No hay un apoyo, evidentemente, y la prueba de eso es que están cerrando” explica, pues asegura que no se termina de defender que el impacto social y cultural de las librerías “no es reemplazable”.
Esta visión es compartida por Mase Legarza, que reafirma la importancia de este apoyo institucional, especialmente al acercarnos a un período social y políticamente convulso, donde ya el precio del libro “compite con la cesta de la compra o el pago de la luz”.
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