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"Escuché un estampido y vi que la calle se había caído": el desplome en Valleseco afecta a siete coches y provoca un desalojo

Balance del paso de la borrasca Theresa este miércoles por Anaga: un muerto en El Draguillo más una desalojada y siete coches afectados en Valleseco

Desprendimiento en Valleseco afecta a ocho vehículos

Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

"Asumimos el riesgo del lugar donde hemos elegido vivir". La frase corresponde al presidente de la asociación de vecinos Nuestra Señora de Begoña, en el pueblo de Almáciga, Ignacio del Castillo, y denota la resignación con la que afronta los días de borrascas como los que se han vivido en Anaga desde el pasado fin de semana, cuando se han sucedido desprendimientos de piedras y ramas, con el añadido de un mantenimiento deficiente, asegura el dirigente del Parque Rural mientras, a pie de carretera, señala una piedra de grandes dimensiones que, aunque con malla metálica, amenaza con caerse sobre la carretera a la altura del Roque de las Ánimas.

En el día después de las lluvias torrenciales que afectaron a Santa Cruz, el balance que dejó este miércoles en Anaga fue el hallazgo del cadáver del último vecino nacido en El Draguillo y el guardián tanto de este caserío como de Las Palmas de Anaga, y la caída de una gran piedra en la carretera a la altura de Casas de la Cumbre que dividió al Parque Rural en dos y obligó a acceder desde San Andrés o Las Canteras —según el destino—, entre lo más significativo hasta primera hora de la tarde, cuando se recuperó la normalidad.

Después de la tormenta

Se equivocó quien pensó ayer que después de la tempestad viene la calma. A las cinco de la tarde, Zebenzuí Guardia estaba subiendo la compra con su pareja a la casa de su suegra, en la calle Caserío Casa Amarilla, cuando escuchó un estampido, que se localiza en la parte alta de La Quebrada, en el pueblo de Valleseco, a la entrada de Anaga por Santa Cruz. "Al salir vi que el muro de la calle se había caído y yo tenía el cochito que me compré hace siete meses justo pegado a la puerta de la casa. Ni me lo pensé, lo eché para delante, aunque si me hubieran dejado lo habría sacado marcha atrás; ahora tengo que ir a recoger al pibe que fue a jugar a Lanzarote con el equipo de balonmano de Los Realejos y me tendré que buscar la vida y llamar a mi padre para que vaya él", explicaba Zebenzuí, natural del municipio norteño, a la puerta de la casa donde se descalzó la calzada.

A raíz del desplome parcial de la vía cayeron tres vehículos sobre otros cuatro que estaban estacionados en la calle Naranjeros Agrios, que, tras la inspección de técnicos municipales, obligó al desalojo de una vecina hasta conocer el estado del firme, precisó la concejala de Anaga, Gladis de León.

El susto entre los vecinos

Rodolfo Machín, vecino que se estableció en la zona hace más de veinte años y vive en "el rincón herreño", una casa que tiene en la fachada la silueta de la isla de El Hierro, no se quitaba el miedo del cuerpo. "Estoy temblando y encima tengo miedo porque padezco del corazón". "Escuché un pepinazo. Pensé que había sido un choque de coches en la calle. Salí y vi que se había caído parte de la calle, afectando a su coche". Otro vecino, en pantalones de pijama, anima a Rodolfo, que admite vivir en un puñado de nervios. "¿Te pasó algo? No, pues lo demás es material y se arregla", le comentó para intentar quitar hierro al suceso.

Guardia civil retirado en San Fernando, en Cádiz, y trabajador durante más de veinticinco años del servicio de mantenimiento del Hotel Mencey, aseguró que en la calle del Caserío Casa Amarilla viven en la actualidad una decena de personas. La vía se habilitó hace unos cincuenta años y debe el nombre a que en la parte alta se encontraba la casa amarilla. "Ahí todos son familia", precisa.

Un poco más retirados del lugar de los hechos, esperando a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos, la pareja formada por Daniel y Teresa, que se establecieron en la calle Naranjeros Agrios cuando tenían quince o dieciséis años y hoy cuentan casi setenta... "El nuestro es el primer coche que se ve desde arriba", comentan, un poco alejados, para ganar distancia y tranquilidad hasta que se aclare la situación.

Entre los vecinos y dueños de los coches, un diálogo cruzado, presidido por el secretismo. Mientras unos aseguran que alguno de los vehículos que se cayeron esperaban que los arreglaran, otros negaban tajantemente que estuviera en funcionamiento un taller. "Eso fue hace ya muchos años", llegó a admitir otro residente, quitando hierro, como si fuera algo pasado.

Con el susto en el cuerpo

A la puerta de la casa que se encuentra donde cayó el muro, su propietario, Celestino, era animado por otro vecino. "Tranquilo, que tú no tienes nada que ver; esto es una calle pública que se ha visto dañada parcialmente por el desplome de un muro. Fíjate que ahí hay un cartel con el escudo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y el nombre de la vía, Caserío Casa Amarilla, y además cuenta con alumbrado público y saneamiento".

Después de un amplio dispositivo de la policía que movilizó dos grúas y una ambulancia —aunque no hubo daños personales—, llegó el concejal de Obras, Javier Rivero, que fue saludando uno a uno a los presentes y preguntando si estaban afectados, para garantizar que el ayuntamiento se hace cargo de arreglar la zona a la mayor brevedad de forma subsidiaria; luego ya se verá la titularidad. Lo cierto es que está dentro del catálogo de calles con mantenimiento municipal. Y si no se cayó un tramo más amplio de la vía fue gracias al drago de más décadas que brazos que parece actuar como muro de contención.

También llegó el alcalde, José Manuel Bermúdez, antes del pregón de Semana Santa. "Si no llega a ser por los veinte millones que ayuntamiento y Cabildo invirtieron en saneamiento entre 2015 y 2019, estaríamos hablando de otra cosa".

Vuelta a la normalidad

De resto, más allá de los desprendimientos de piedras en las carreteras, en especial la roca que "partió" a Anaga en dos hasta el mediodía, las escorrentías por los barrancos "marcaron" la normalidad en una imagen insólita, con aparcamientos vacíos en la Cruz del Carmen, aunque con ciclistas y senderistas desafiando el día después de la tormenta.

La coordinación del Distrito de Anaga con Protección Civil y Titsa permitió que los vecinos pudieran llegar a sus casas la tarde-noche del miércoles y sortear así los desprendimientos en la calzada, mientras se está a la espera de subsanar la caída del muro en Valle Luis y la carretera que quedó en el aire en Azanos con las lluvias del pasado fin de semana.

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