La borrasca Therese asusta a los restaurantes de la plaza del Charco en Puerto de la Cruz: "El agua nos llegaba por las rodillas"
La lluvia incesante y duradera del martes por la noche pilla desprevenidos a varios establecimientos que se encontraban abiertos y "en plena faena"

La borrasca Therese causó estragos en el Puerto de la Cruz / Arturo Jiménez
La tromba de agua que anegó la plaza del Charco en el Puerto de la Cruz en la noche del martes sembró el pánico en algunos de los restaurantes y negocios que se sitúan a su alrededor. La lluvia de la borrasca Therese fue muy intensa durante una hora larga: "Fue terrible. El agua nos llegaba por las rodillas", relata uno de los camareros del establecimiento Divino, en el Centro Comercial Olimpia, mientras no para de achicar agua y lodo. El local cuenta con dos alturas. "Las escaleras que se ven ahí, no estaban. El agua estaba al mismo nivel del piso bajo y alcanzó esa altura a mitad de lo que duró el chaparrón", dice otra empleada del restaurante, Mayra Rodríguez Hernández.
Muestra los vídeos que grabó con su móvil como si la incredulidad del receptor pudiera destrozar su relato. "Estuvo así durante más de una hora", señala. En las imágenes sorprende el impacto del torrente de agua que cae sobre los toldos de un patio interior, pero hace más mella el sonido de la fuerza de la lluvia incesante contra el suelo. El volumen de agua que entró en el local se quedó marcado en neveras, congeladores y otros muebles del local. Algunos llegaron a flotar porque fue casi medio metro de altura de lodo, aguas residuales y lluvia.
Otro de sus compañeros llega con palos de escobillón y utensilios para achicar la entrada del local: "Dijeron que el sistema de alcantarillado estaba solucionado en esta zona y mira lo que pasó anoche", dice indignado. El Divino huele a intensa humedad y "a mugre", describe otro camarero que se limpia el barro de las piernas. Tiene enfundados unos guantes y a todas sus afirmaciones Mayra asiente con la cabeza. Ella necesita narrar lo que pasó y explica rotundamente que "pasamos mucho miedo". Este sentimiento de angustia no lo compartieron los turistas que consumían en Divino. "La gente quería que siguiéramos sirviendo", exclaman entre risas. "Es increíble cómo viendo la que se estaba liando, todavía quisieran seguir consumiendo", añade uno de los miembros del personal.

La borrasca Therese causó estragos en el Puerto de la Cruz / Arturo Jiménez
Ni con sacos de arena
Ni los sacos de arena que pusieron en la puerta, ni una pequeña alcantarilla o sumidero que tienen dentro de la estancia de la barra consiguieron que Divino se salvara de la tromba de agua que convirtió a la plaza del Charco en una enorme laguna.
La terrible experiencia que Therese dejó en los empresarios aledaños a la plaza del Charco se comparte. A las puertas de Divino, los propietarios y camareros del local de la esquina cuentan su experiencia con sus vecinos. Es la pizzería La Bianca. Su terraza se extiende por uno de los callejones que rodea a la plaza portuense, vía por la que el agua bajaba de manera torrencial durante la peor noche de la borrasca Therese en el Norte. Tuvieron que abrir una de las persianas de la parte exterior del local, habitualmente cerrada, para que los clientes salieran de alguna manera de allí. También se mostraron reacios a hacerlo. Del mismo modo, ese comportamiento inadecuado se repitió durante la mañana del miércoles cuando, a pesar de permanecer en tareas de limpieza, la gente se acercaba a pedirles algún tipo de consumición.
"Nunca había visto tanta agua aquí como vi esa noche. Hace unos meses hubo una pequeña inundación, pero nada que ver con lo de esa noche", declara una de las propietarias del local de la esquina, María Lucía Pérez Suárez. "Llamamos a los bomberos para que achicaran el agua, pero no llegaron nunca. Supongo que estarían en incidencias más graves", razona. El momento más complicado de la noche para el local La Bianca estuvo en la salida de los clientes. "Fue un momento importante y tenso. No había manera de salir, hasta que dimos con la persiana trasera", añade.
La Bianca se vistió de marrón
La Bianca -la blanca en castellano- lucía un tanto marrón por el barro y el lodo que se acumuló. No obstante, "ya conseguimos limpiar el local casi al completo. Estamos esperando por el seguro para que valore los daños", explica Pérez Suárez. Desconoce cuál será el alcance económico de los perjuicios relacionados con la lluvia, pero "solo con el material perdimos bastante. Todo lo que estaba en el suelo se quedó flotando de toda la cantidad de agua que entró", describe. Un ejército de personas limpia a destajo, uno a uno, vasos, platos y otro tipo de vajilla; mientras que otros, fregona y escobillón en mano, ponen a punto el suelo y la zona del local más lejana a la puerta.

La borrasca Therese causó estragos en el Puerto de la Cruz / Arturo Jiménez
A pesar de la intensa lluvia que tiró por tierra más de un día de trabajo, tienen la capacidad de sonreír e incluso bromear. Pérez Suárez parece retroceder en el tiempo y viajar hasta la noche del martes: "El agua bajaba por ese callejón. El charco llegaba hasta la mitad de esa terraza donde está la gente sentada", señala unos 20 metros más allá. "Le dicen la plaza del Charco por algo. Cada cosa reclama lo suyo", agrega de manera anecdótica. El paso de Therese por la plaza del Charco será, afortunadamente, un recuerdo en apenas unas semanas para todos los miembros de La Bianca.
Más de medio metro de agua
La entrada al Centro Comercial Olimpia está ocupado por dos empleados y el propietario de la pizzería Don Camilo Street Food. Empujan con fuerza el agua marrón que aún queda en el hall del edificio. Es la antesala de una instalación en varios niveles, al igual que el restaurante Divino. Hay varias oficinas, aparentemente abandonadas, que tienen más de medio metro de agua dentro. Mesas, sillas, ordenadores y absolutamente todo lo que está dentro flota. Parece que nadie pasó por allí y tampoco le preocupa el estado del local. El pasillo se bifurca para acceder a la zona trasera del inmueble. Hay una pequeña bajada de altura de apenas cuatro escalones. No se puede llegar al último. El reflejo engaña creando la ilusión de que se puede caminar hasta el medio del pasillo. Pero no es suelo, es agua. En medio, flotan varias plantas. Pasa lo mismo al otro lado. Aún más atrás, hay un patio en forma de cuadrado que reúne un desorden de agua, macetas y arbustos.
El propietario de la pizzería Don Camilo, Corrado Signorello, está tranquilo. A pesar de la lluvia del martes, "no pasamos miedo. Estábamos preocupados por los daños que pudiera provocar tanta agua, pero no llegamos a temer por nosotros", confiesa. Los pilló "en plena faena. Estábamos en medio del servicio, con clientes cenando y todo. No nos lo esperábamos y nos sorprendió por completo. El agua nos llegó por debajo de las rodillas", recuerda. Aún no sabe cuáles serán los daños provocados por la lluvia de Therese porque "tenemos que mirar los materiales, las masas de las pizzas y los productos. Pero ahora estamos centrados en limpiar para seguir hoy con el negocio. Hay que buscarse la vida", sentencia Signorello mientras todo el personal continúa empujando agua hacia la alcantarilla de la calle.

La borrasca Therese causó estragos en el Puerto de la Cruz / Arturo Jiménez
La lluvia lanzada el martes por Therese de manera violenta sobre el Puerto de la Cruz solo afectó de forma contundente a varios negocios del lateral oeste de la plaza del Charco. Al otro lado, se respiraba normalidad. Los restos de la gran cantidad de agua dejaron algún rastro, pero el contraste era muy grande. Nadie diría que la totalidad de la plaza estuvo inundada si solo se fijara en el lado más próximo a la calle Quintana.
Playa Jardín
A las 8:30 horas de la mañana del miércoles, el agua discurría con gran velocidad por el barranco de playa Jardín. La llegada a la costa manchó de marrón el mar del litoral portuense. A pesar de esto, muchas personas decidieron disfrutar de la naturaleza. Algunos, incluso, traspasaban el precinto colocado en la franja donde desemboca el cauce con el peligro de resbalarse y caerse. Ya a mediodía, las temperaturas subieron y dieron paso a la calma en Puerto de la Cruz. Decenas de personas estaban en la arena de playa Jardín, paseaban o simplemente observaban cómo corría el agua barranco abajo.
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