El municipio más dulce de Tenerife rinde homenaje a las panaderas y reposteras que mantienen las tradiciones
El Ayuntamiento de La Laguna recopila las historias de las profesionales que mantienen las formas de hacer panes y dulces como antaño

Portada del libro sobre las mujeres panaderas y pasteleras de La Laguna. / E. D.
Laura Artiles
La panadería y repostería tradicional sigue viva en La Laguna, el municipio más dulce de Tenerife. Un grupo de mujeres continúa manteniendo estos oficios que definen parte de la identidad lagunera al estilo de antaño.
Para reconocer su labor, el Ayuntamiento de La Laguna acaba de sacar el libro Panaderas y reposteras. Mujeres en el comercio de La Laguna, presentado este martes 17 de marzo en la Casa de los Capitanes. En él se rinde homenaje a las mujeres que solían estar y están al frente de estos oficios. La obra, producida por la empresa Cultania, Gestión Integral del Patrimonio Cultural, contiene textos breves y prevalencia de la imagen y es la segunda de una serie dedicada al papel de la mujer en el comercio local.
Nuria Díaz, Yaiza Martín, Davinia Santana, Sara Afonso, Ángeles Conde, Teresa Torres, Lidia Rodríguez, Naira Domínguez, Marta Santos y Merit Bitterman son algunas de esas mujeres que, frente a la rapidez y poca calidad de los obradores industriales, siguen apostando por el producto fresco y elaborado, como antes.
"Nuestras panaderas y reposteras han sido mujeres rurales y urbanas, unidas por su vínculo con la tierra, con el producto y con la comunidad", se recoge en las primeras páginas del trabajo editorial. "Mujeres trabajadoras, gestoras, administrativas, economistas y repartidoras", añade. También se destaca que "Panderas y Reposteras es un reconocimientos a los oficios y las generaciones que los han defendido".
Desde el siglo XX, el oficio cambió de protagonistas. En la obra se explica que desde los años setenta las panaderías comenzaron a masculinizarse. Aunque fueron invisibilizadas socialmente, ahora se han recuperado nombres de muchas de las panaderas de la época, como Angelina Rodríguez, Carmen González o Josefa Martín. Y también de pasteleras como Rita, Doña Lola 'la rosquetera' y Benilde.

Sara Afonso y Ángeles Conde, de Pastelería Conde y Medina. / Cultania
En la obra también se destaca a las vendederas, que eran las que se encargaban de repartir el pan. Es el caso de Esmeralda González, que recogía el pan en El Socorro y lo repartía en Valle de Guerra. Durante la presentación del libro, Estefanía Díaz, concejala de Comercio de La Laguna, resaltó el papel de estos oficios en el comercio local.
"Su trabajo no solo ha garantizado el abastecimiento de productos básicos, sino que ha contribuido a construir comunidad y a mantener vivas nuestras tradiciones", aseveró. Por su parte, Josué Ramos, director y coordinador de proyectos de Cultania, indicó que la obra es "un ejercicio de memoria y de reconocimiento a todas aquellas mujeres que han trabajado en estos oficios, muchas veces desde el anonimato".
Desde entonces, los tiempos han cambiado y la gestión femenina ha recuperado su espacio en los obradores. Un ejemplo es la Pastelería Conde y Medina, en San Bartolomé de Geneto. A su cargo están Ángeles Conde y Sara Afonso, socias además de madre e hija. En 2008, Ángeles tomó el mando de la pastelería y, años más tarde, su hija decidió unirse al equipo. Ahora, ambas getionan el obrador.

Carmen Teresa Torres, de Panadería El Pueblo de La Laguna. / Cultania
El día a día no es fácil. Sus jornadas comienzan a las 4:30 de la mañana. Sara es la primera en llegar. "Desde que entro comienzo a preparar los pedidos", cuenta. Y es que, aunque los demás trabajadores entran a las 6:00, hay autónomos que van a recoger las cargas desde las 6:30. Así, explica que "nuestra prioridad es que se lleven productos frescos". Es por ello que elaboran todos sus productos artesanalmente y a diario, sin congelación.
Aunque el trabajo sea "duro", Sara comenta que "vale la pena". "Tenemos un ambiente muy familiar que hace los días más amenos", asegura. Además, explica que la relación con el cliente "es muy buena" ya que "los vecinos del barrio nunca fallan".
Desde su obrador reparten rosquetes y dulces a toda la isla. "Mi hermana se encarga del reparto diario, sobre todo por el norte", afirma. Pero también exportan a otras islas: "Tenemos clientes que vienen hasta dos veces al mes y se llevan mercancía a El Hierro, La Gomera y Gran Canaria". Además, asevera que es imposible hacer una estimación de lo que venden cada día. "Solo con decir que tenemos un cliente que se lleva 200 pachangas a diario", confiesa mientras ríe. Sus productos estrellas siguen siendo los míticos rosquetes de batata, las pachangas y los laguneros.

Lidia Rodríguez, de Sin Gluten La Laguna. / Cultania
En Los Baldíos, la Panadería El Pueblo es otro ejemplo de negocio que sigue apostando por lo tradicional. Teresa Torres, su dueña, defiende el valor de lo auténtico: "No es lo mismo comerte un dulce lleno de conservantes y que ha pasado por un proceso de congelado, que un producto elaborado en el día". A los 15 años su hermano le enseñó los secretos del pan artesanal, pero fue en 2015 cuando comenzó su proyecto.
En su obrador, que se encuentra en la calle San Francisco de Paula, elabora variedad de panes artesanales, bizcochones caseros, bollería típica como lazos de miel o rosquetes y quesillos. Aunque atrae a muchos compradores de paso, cuenta con "clientela fiel" de barrios cercanos como Llano del Moro.
"Aún hay gente que apuesta por lo tradicional", asegura la panadera, quien vende unos 350 productos frescos a diario. Y es que a pesar de las dificultades actuales, para ella su panadería sigue siendo, por encima de todo su "lugar seguro".

La concejal de Comercio de La Laguna, Estefanía Díaz, el director y coordinador de proyectos de Cultania, Josué Ramos, y las panaderas y pasteleras Sara Afonso, Carmen Torres y Lidia Rodríguez.. / Cultania
La Pastelería El Carmen, en Tejina; Migas Bakery, en San Honorato; Pastelería Gioba, en Camino La Villa; Sin Gluten La Laguna, en La Milagrosa; La Princesa de Free Heart, en La Cocepción; o Palmelita, en Bajamar, son otros obradores que recoge el libro y que siguen apostando por lo de siempre, aunque evolucionando en sabores y adaptándose a las exigencias de la actualidad.
Más allá de la harina y el azúcar, la labor de estas mujeres sigue recordándonos a qué sabe lo nuestro. Mientras sigan encendieno el horno cada madrugada, San Cristóbal de La Laguna conservará parte de su identidad y seguirá oliendo, cada mañana, a pan, rosquetes y bizcochón recién hecho.
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