Antes del interruptor: así llegó la luz a Tenerife
El escritor tinerfeño Antonio Salgado reconstruye en un libro la lenta implantación del alumbrado eléctrico en Canarias, desde los faroles de petróleo hasta la llegada de la electricidad a Santa Cruz de Tenerife a finales del siglo XIX

Antonio Salgado, autor del libro 'La prehistoria del alumbrado y de la electricidad en Canarias' / Andrés Gutiérrez
Hoy basta con pulsar un interruptor para que la luz inunde una estancia. El gesto es automático, casi inconsciente. Sin embargo, en Tenerife, ese gesto tardó décadas en convertirse en algo cotidiano. Durante gran parte del siglo XIX, la oscuridad se combatía con teas, velas, faroles de aceite, lámparas de petróleo. En los casos más humildes se hacía con una simple torcida: un trozo de tela empapado en combustible dentro de una botella. Cuando caía la noche, la ciudad dependía además del trabajo de los faroleros, encargados de encender uno a uno los puntos de luz que iluminaban las calles.
Mientras las grandes ciudades europeas comenzaban a iluminarse con gas y electricidad desde principios del siglo XIX, el Archipiélago inició un lento y desigual camino hacia el alumbrado moderno. Un proceso desigual que no se completaría hasta bien entrado el siglo XX.
Ese recorrido histórico es el que reconstruye el escritor tinerfeño Antonio Salgado en el libro La prehistoria del alumbrado y de la electricidad en Canarias. La obra reúne 19 artículos publicados entre 2016 y 2019 en el suplemento La Prensa del periódico El Día. El volumen rescata la historia de cómo se iluminaban las Islas antes de que la electricidad formará parte de la vida diaria.
"Fui trabajador de la Unión Eléctrica de Canarias (Unelco), hoy Endesa, durante 18 años y ahí fue donde se despertó mi interés por la electricidad", explica Salgado. Un día se encontraba en su despacho y comenzó a reflexionar sobre la facilidad con la que se enciende y apaga la luz. "La luz se enciende de inmediato, pero yo quería saber qué ocurría cuando no existía la electricidad", añade. Aquella reflexión lo llevó a adentrarse en archivos, hemerotecas y datos técnicos para reconstruir los albores del alumbrado en cada una de las Islas.
Salgado compartió la idea con quien era presidente de la compañía, Eduardo de la Cruz Alarcó, y encontró un respaldo decisivo. "La idea le gustó porque nadie se había ocupado de eso. Tuve una ayuda muy grande por su parte y por la de todos los compañeros", recuerda.
La implicación fue tal que, en una ocasión, un delegado de otra de las sucursales repartidas por Tenerife acudió a su despacho cargado con una carretilla repleta de documentos. "Ahí es donde se ve el interés que tuvo el propio presidente por la investigación", relata. Aquellos archivos dispersos por delegaciones de toda Canarias permitieron reconstruir un mapa fragmentado, insular y desigual del acceso a la electricidad.
Cuando Santa Cruz seguía a oscuras
Uno de los hallazgos que más sorprendió al autor fue descubrir que Tenerife no fue la primera isla en electrificarse. "Mi sorpresa fue que La Palma fue la primera en electrificarse de forma urbana", afirma Salgado. La isla bonita fue la gran pionera en 1893 gracias al aprovechamiento de la energía hidráulica de la Caldera de Taburiente. Una isla pequeña, con apenas 6.000 habitantes, logró adelantarse a Santa Cruz de Tenerife, capital de Canarias desde 1882.
Según Salgado, aquel adelanto no fue casual ya que La Palma era una isla "muy avanzada técnica y culturalmente". "Había sacado mucho provecho de la cochinilla, del tabaco, del plátano y del tomate, y en el siglo XVIII recibió la influencia de genoveses que dejaron pinturas flamencas de primera categoría".
Mientras los palmeros encendían bombillas, en Santa Cruz de Tenerife se seguía dependiendo del petróleo y el aceite. Para muchos, la electricidad era vista como un lujo innecesario; para otros, como una amenaza a intereses económicos bien asentados.
El miedo como estrategia
El autor asegura que el relato en la implantación del alumbrado eléctrico en la capital tinerfeña estuvo relacionado con los intereses económicos ligados al negocio del petróleo.
"La Palma se adelantó porque en Tenerife había una pugna muy grande por seguir alumbrando la capital con petróleo", explica. Los comerciantes vinculados a ese sector impulsaron incluso campañas de miedo contra la nueva energía. "Decían que ponerse debajo de los faroles eléctricos podía provocar dolores de cabeza y trastornos mentales profundos. Usaban el miedo para seguir manteniendo el negocio", cuenta.
Mientras tanto, la vida nocturna seguía dependiendo de un oficio hoy desaparecido. "En Santa Cruz se encendían los faroles uno a uno. Ese era el trabajo del farolero", recuerda el autor. Iba acompañado de un joven que sostenía la escalera mientras colocaba la mecha, una escena cotidiana en una ciudad que aún vivía a la luz del aceite y el petróleo.
La llegada de la electricidad
No fue hasta 1897 cuando la electricidad llegó de forma pública a Santa Cruz de Tenerife, cuatro años después que a La Palma. Aunque antes de su implantación definitiva, la electricidad solo iluminaba espacios muy concretos de la capital tinerfeña. El Hotel Camacho presumía de contar con 37 habitaciones con timbre y luz eléctrica, al igual que el Casino que fue uno de los primeros lugares donde llegó la electricidad, mientras el resto de la ciudad permanecía en penumbra.
A partir de ese momento, la electricidad empezó a extenderse lentamente por el Archipiélago, aunque el avance fue irregular. Arucas encendió sus calles en 1895, pero Las Palmas lo haría en 1899, aunque en 1870 realizaron una prueba de luz eléctrica, y en otros lugares la espera se prolongó durante décadas.
Un cambio que tardó décadas
Durante las primeras décadas del siglo XX, la noche seguía estando marcada por la fragilidad de la luz artificial. En muchos lugares los arcos voltaicos se apagaban a las once de la noche y las calles quedaban iluminadas solo por algunas luces débiles en las esquinas. En otras islas, la llegada de la electricidad fue aún más tardía. En Fuerteventura, por ejemplo, no se instalaría alumbrado público hasta 1931.
El proceso fue lento, desigual y lleno de resistencias, pero acabó transformando por completo la vida cotidiana en las Islas. Un cambio que hoy apenas se percibe cada vez que alguien pulsa un interruptor.
Suscríbete para seguir leyendo
- La visita del papa León XIV a Tenerife el 12 de junio obliga a cerrar la autopista del Norte en horas puntas
- Vecinos retienen y golpean a un menor en Tenerife por robar una caja registradora
- Tenerife convierte al Pijaral en el quinto sendero con una ecotasa para el acceso
- Santa Cruz de Tenerife aprueba de forma inicial el plan que la hará más verde y «bella»
- Otilia, Juana y Ramón, las personas fallecidas en el incendio en Tenerife
- El plan de reforma de la avenida de La Trinidad, en La Laguna, se retrasa por el carácter privado de sus soportales
- La Policía Nacional detiene en Tenerife a un peligroso fugitivo reclamado por Polonia con una pena de 485 años de prisión
- Lo que dicen las matemáticas: un 11% de opciones de que el CD Tenerife ascienda este sábado