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La triple frontera de Tenerife: vivir en El Rosario, coger la guagua en Santa Cruz y comprar en La Laguna

En Llano del Moro, un drago centenario marca la triple frontera entre Santa Cruz de Tenerife, El Rosario y San Cristóbal de La Laguna, donde los vecinos conviven con particularidades administrativas

El drago que marca la frontera entre los tres municipios metropolitanos de Tenerife

El drago que marca la frontera entre los tres municipios metropolitanos de Tenerife / María Pisaca

Laura Artiles

Santa Cruz de Tenerife

Rosa Rodríguez es vecina de El Rosario pero coge la guagua en Santa Cruz y hace la compra en La Laguna. «Si lo ves así es incluso divertido», cuenta sonriendo mientras espera la guagua 056 con dirección al intercambiador lagunero. Frente a ella se alza un drago centenario, de tronco robusto y copa semiesférica.

Este árbol, situado en la intersección del barranco de La Pedrera y la avenida de El Centenero, no es solo un adorno; es también el punto exacto de una triple frontera municipal: la parte superior pertenece a San Cristóbal de La Laguna, a la izquierda está El Rosario y la parte inferior corresponde a Santa Cruz de Tenerife.

A su derecha, a escasos metros, la placa de la avenida El Centenero muestra el escudo lagunero. A sus espaldas, un extenso solar lleno de vegetación deja ver a lo lejos casas amarillas y blancas. Delante, grandes arbustos acompañan la figura del drago centenario, donde justo se encuentra la señal de tráfico de entrada a Llano del Moro.

En Tenerife hay muchas calles y núcleos aislados partidos por dos municipios pero en ningún otro lugar se da el caso de estar divididos por tres como en este punto de Llano del Moro. Los vecinos de este pueblo conviven en un escenario excepcional donde el drago centenario se convierte en el límite más curioso de la Isla. No es fácil vivir en este borde. Los inconvenientes se centran en los servicios públicos, el pago de impuestos o los trámites administrativos. Los vecinos, sin embargo, se lo toman con filosofía.

Drago centenario de la triple frontera entre La Laguna, Santa Cruz y El Rosario.

Drago centenario de la triple frontera entre La Laguna, Santa Cruz y El Rosario. / Arturo Jiménez

Muy cerca del drago, la calle San Francisco de Paula marca otra línea divisoria. La acera de arriba pertenece a El Rosario; la de abajo, a Santa Cruz. Aunque el municipio lagunero no participa en esta división, su cercanía convierte a la linde municipal en un hito geográfico insólito.

Así, los vecinos de Llano del Moro viven una situación llamativa. Benito Rosa es de El Rosario, pero todas las mañanas cruza la calle y se toma el café en Santa Cruz. El escenario de la vía es un tanto curioso. Está sumida en el silencio de la medianía, que solo se ve interrumpido por el ruido metálico de los camiones o por algún saludo fugaz entre vecinos.

El paisaje urbano también es característico. A un lado de la calzada, los contenedores de basura muestran el escudo de El Rosario; justo enfrente, a apenas unos pasos, otros llevan sellado el de Santa Cruz. Incluso las placas que anuncian el nombre de las calles cambian de diseño y color cada pocos metros.

La cesión de suelo de 1972

La fisonomía actual del barrio es así desde hace más de medio siglo. Todo se debe al acuerdo que se produjo en 1972, cuando El Rosario cedió 14 kilómetros cuadrados a Santa Cruz de Tenerife. El acta de donación de terrenos al municipio capitalino se realizó a los pies del drago. El acuerdo se formalizó con la firma de Elías Bacallado, exalcalde de El Rosario, y Ernesto Ruméu, alcalde de entonces de Santa Cruz. Aunque mayor fue la segregación de su población: 11.000 de los 16.000 vecinos pasaron a ser residentes de la capital tinerfeña.

Santiago Osoria, vecino del pueblo, tenía 16 años cuando se produjo la cesión. Lo recuerda como un cambio «peculiar», ya que «el colegio y la iglesia eran de todos», cuenta, «pero de la noche a la mañana, cada uno pertenecía a un municipio distinto». Además, admite que es una situación que no toda la isla sabe, pero que «cuando alguien se entera le cuesta creérselo».

"No hay rivalidad, pero siempre hay algún pique entre la parte de arriba y la de abajo"

El Bodegón Joneli está ubicado en la calle San Francisco de Paula, pero pertenece a la acera del municipio capitalino. Este sirve de punto de encuentro entre ambos municipios. Se trata de un local de los que tiene esencia de ser de toda la vida. Su interior, con olor a café recién hecho, se mezcla con el bullicio de quienes están dentro.

Allí conversan Benito Rosa y Sergio Hernández. En el argot local son «uno de arriba y otro de abajo». Es decir, Benito es de El Rosario y Sergio, de Santa Cruz. «Éramos muy chicos cuando se cedió el terreno», apunta Benito. «Ni nos acordamos». A su lado, el chicharrero destaca la paradoja de compartir barra, pero no ayuntamiento.

La realidad es que en Tenerife se dan otros casos donde vecinos viven en una frontera. Un ejemplo es el barrio de Vistabella, donde la calle Sor María de Jesús marca la división entre La Laguna y Santa Cruz de Tenerife.

Otros casos de doble frontera

Otro caso es el del Barrio de la Salud, donde la calle Antequera y Bobadilla se sitúa a medio camino entre el municipio capitalino y lagunero. O el caso de la vía Alegranza, en Taco, donde una mitad pertenece a Santa Cruz de Tenerife y otra a La Laguna.

Ana Almenara reside en la parte chicharrera de Llano del Moro, donde es propietaria, desde hace 23 años, de un estanco situado justo en la linde municipal. Por su local pasan a diario residentes de ambos municipios. «No hay rivalidad, pero siempre hay algún pique entre la parte de arriba y la de abajo», aclara mientras atiende a una vecina.

A pesar de destacar la peculiaridad geográfica, Almenara comenta que desde el lado santacrucero se sienten «un poco abandonados» por el Ayuntamiento. «Estamos en la periferia y eso se nota en el estado de nuestras calles», lamenta. La sensación de que los recursos de la capital no arriban con la misma intensidad a Llano del Moro también la comparte Sergio: «Estamos olvidados; aquí nunca llega nada».

El concejal de Infraestructuras y Patrimonio en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Javier Rivero, colgó recientemente en sus redes sociales un vídeo en el que explica esta triple frontera justo en el punto en el que se encuentra, en el imponente drago de Llano del Moro. «Si utilizas el campo de fútbol, estás en Santa Cruz. Si haces lucha canaria, el pabellón municipal está en El Rosario». En una de las imágenes posa en un paso de peatones partido en dos.

Rivero detalla que su prioridad es que los vecinos del Llano del Moro «no tengan que preguntarse por la mañana en qué municipio tiran la basura y les afecte lo menos posible esta situación». «Queremos que sea algo fluido e intentamos que no haya una división», comenta. En la calle divisoria pasan a diario camiones de basura: en una acera los de Santa Cruz, en la otra los de El Rosario.

Diálogo entre ayuntamientos

El alcalde de El Rosario, Escolástico Gil, asevera que la posición en la que se encuentra Llano del Moro hace necesario el diálogo constante entre los tres ayuntamientos. «Así podemos atender de forma eficaz las necesidades de nuestros vecinos», recalca.

Sin embargo, los residentes no opinan lo mismo. Ana resalta que desde el año pasado la ludoteca, que pertenece a El Rosario, no permite la entrada a los chicharreros. «Hay niños que lo pasan muy mal. Allí era donde se reunían por las tardes con sus amigos», explica. Además, Benito resalta que a las personas mayores también les afecta esta circunstancia: «Siendo del mismo barrio, no podemos ir a las excursiones del otro municipio».

Este problema, según Rivero, tiene una explicación. Los ayuntamientos no pueden asumir gastos ni financiar actividades de otros municipios porque carecen de título jurídico para ello. Por eso, el concejal asegura que «intentan complementarse, pero que hay ciertas actividades con las que no pueden lidiar».

La realidad de Llano del Moro evidencia que, medio siglo después, la línea trazada bajo el drago no es más que una frontera administrativa. Mientras los responsables políticos apelan a la colaboración institucional, el día a día de los vecinos continúa marcado por la disparidad: desde la forma de los contenedores hasta el acceso a servicios según la acera.

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